DOS PALABRAS
El león en invierno (y II) o de cómo en el Imperio de Rajoy ya nunca se pondrá el sol
@Federico Quevedo - 18/01/2008
Había algo en toda esta crisis que no terminaba de casarme: si realmente Rajoy no quería llevar a Gallardón en su lista, ¿por qué esperar tanto para comunicarlo? Y si quería llevarlo, ¿por qué ceder a la supuesta presión de Aguirre? Todos hemos admitido que lo que supuestamente hace cambiar a Rajoy de opinión es el hecho de que la presidenta de la Comunidad de Madrid amenazara con dimitir para ir en la lista... Pero la lista la hace el Comité Regional y la confirma el Nacional, es decir, la última palabra sobre la presencia en la lista de uno y otro la tenía Rajoy, y eso lo sabían todos los que estaban en la reunión del martes. Es decir, que si realmente Rajoy deseaba contar con Gallardón en la lista hubiera podido hacerlo dejando sin efecto el amago de Aguirre. ¿Entonces? Este es el final de la película, así que, como en los guiones del cine de intriga, permítanme que de un poco marcha atrás y empecemos esta historia desde el principio.
Lo que quiero contarles a ustedes tiene mucho que ver con lo que ya escribí ayer, por eso esta podría ser una segunda parte de El leon en invierno -ver artículo-, en la que espero aclarar algunas cosas. Ayer les explicaba cómo una confabulación orquestada en los aledaños del castillo de Chinon-Genova 13 pretendía acabar con el reinado de Rajoy-Enrique II. Algunos lectores me han pedido nombres o, al menos, que sitúe a los protagonistas. Lo haré en la medida que puedo hacerlo, pero si han seguido ustedes los acontecimientos que acompañan al PP en esta legislatura, y sobre todo este pasado verano, sabrán que se trata de un grupo mediático que, en colaboración de empresarios muy influyentes, y en convergencia con políticos del PP que apuestan por suceder a Rajoy, han trabajado activamente para evitar que ganara las elecciones. Bien, esto es, más o menos, lo que puedo aclarar del artículo de ayer. También decía en la primera entrega que había muchas incógnitas que me hacían dudar de lo que realmente había pasado, pero hoy puedo asegurarles que he descubierto un nuevo Rajoy, un Rajoy que en nada se parece a ese hombre aparentemente incapaz de matar a una mosca que conocemos. He visto en Rajoy ese instinto que solo tienen los líderes dispuestos a serlo.
Vayamos un poco más atrás en nuestro viaje en el tiempo, al 14 de marzo de 2004. Entonces el PP perdía las elecciones y la primera reacción de Mariano Rajoy fue la de presentar la dimisión. Sin embargo, después de consultarlo con todo aquel con quien consideró que debía hacerlo, decidió seguir. Lo hizo, lo he dicho muchas veces, en condiciones adversas, a veces inhumanas, contra toda clase de enemigos dentro y fuera de su partido, y lo hizo convencido, como decía ayer, de que así servía al interés general. En estos cuatro años ha habido intentos, varios, de hundirle y obligarle a dejar su puesto al frente del PP. Vanos, porque él se ha mantenido firme al frente de su partido. Parecía que algo de suerte le acompañaba, porque lo que nadie veía entonces en Rajoy era a un político con la inspiración propia de un heredero de Maquiavelo. Error. Ese instinto forma parte de su éxito. Se decía que, a pesar de sus reiterados anuncios de continuidad, si Rajoy perdía las elecciones del 9 de marzo abandonaría el PP. Otro error. No tiene la más mínima intención, y desde hace meses viene trabajando para consolidar su liderazgo antes y después del 9 de marzo.
Como en El leon en invierno, todo esto ha sido un juego de engaños, mentiras y traiciones. Pero Rajoy ha manejado sus armas, y ha conseguido algo que parecía imposible: hoy por hoy, y después de la decisión del pasado martes, ya no hay nadie en el PP que le haga sombra, nadie que pueda poner en duda su liderazgo después del 9 de marzo, tanto si gana –en ese caso por supuesto-, como si pierde. Durante todo este tiempo, Rajoy, de manera sutil pero extremadamente eficaz, ha ido dejando que sus posibles oponentes fueran cayendo en batallas que él parecía no dar, pero que iba ganando una detrás de otra. Permitió que en Valencia la guerra sin cuartel contra Eduardo Zaplana dejara a éste desnudo de apoyos y, sobre todo, ajeno a cualquier tipo de fuerza territorial, necesaria para que un barón pueda hacer valer su ley en cualquier lucha por el poder. Hoy Zaplana, que irá en la lista de Rajoy, depende tanto de él que sin él solo le queda el abismo de la soledad. Ni siquiera sus apoyos mediáticos podrían hacer algo por salvarle si Rajoy quisiera arrinconarle.
La de Rodrigo Rato no ha sido mejor suerte. Su intención era volver a Madrid para estar en el Congreso después de marzo y pelear de nuevo por la sucesión si el PP perdiera las elecciones. Hoy mendiga por las esquinas una llamada del líder del PP quien, sin embargo, aprovechó su gesto altivo de no querer admitir en público su verdadera voluntad para dejarle caer en el olvido. Quien fuera todopoderoso director gerente del FMI ha terminado de consejero de un banco de inversión de segunda fila y de asesor de Botín. No olvidemos que su predecesor en el cargo es nada menos que Presidente de la República Federal Alemana. Hoy me consta que la operación montada este pasado verano para llevarle al primer puesto de la lista por Madrid contaba con su anuencia, pero Rajoy supo hacer frente a ese nuevo intento de golpe de estado en Génova 13 con una salida sin precedentes: proclamarse candidato en septiembre, a seis meses de las elecciones... ¿se acuerdan? Desde entonces se perdió la comunicación entre ambos, porque Rajoy había conseguido otro de sus objetivos: eliminar a Rato de su camino en el liderazgo del PP.
A Jaime Mayor Oreja, cuyas intenciones de volver a ocupar un escaño en el Parlamento Nacional era evidentes y manifiestas, simplemente le ha negado la mayor y la menor. No va en las listas, y desde Bruselas es imposible influir en Madrid. Rajoy ya lo pensó cuando le propuso ser candidato en las elecciones europeas, pero entonces Jaime Mayor no entendió el alcance de la jugada maestra del líder del PP. Claro que, para maestra, la que ha acabado con las aspiraciones, no solo de Gallardón, sino también de Aguirre. Lo que ocurrió el martes en la sede del PP fue un ejercicio de autoridad en un momento inoportuno, es cierto, pero también una maquiavélica operación para garantizarse que, después del 9 de marzo, el camino de Rajoy para liderar el PP está expedito. Rajoy nunca quiso contar con Gallardón porque desde el primer momento sabía que su querencia por ir en la lista tenía una motivación evidente, la de luchar por el poder en el PP si perdía las elecciones. Gallardón cometió, además, el error de llevar a cabo una estrategia de hechos consumados, y eso es una ofensa a la autoridad del líder. Pero entonces Rajoy optó por dejar pasar el tiempo, sabedor de que su indefinición pondría más nervioso al regidor municipal y, al mismo tiempo, serviría de acicate para que Esperanza Aguirre comenzara su particular batalla contra el alcalde.
Y, en efecto, así fue. La presencia de Gallardón en las listas, en lugar de ser una cuestión interna de partido, se convirtió en una guerra sin cuartel entre Aguirre y Gallardón, o entre los equipos de ambos, que da lo mismo, mientras Rajoy aparentaba mantenerse al margen. Pero su presunta actitud dubitativa lo que hacía era encender los ánimos de ambos. Rajoy demostraba, además, una afinada percepción de la psicología de los dos personajes, y utilizó sus ambiciones y sus obcecaciones personales contra ellos mismos, llevándoles al límite, hasta el punto de que en el momento final, a pocas horas de tomar la decisión, Aguirre comete el peor error de su vida: amenazar con dimitir para ir en la lista. Cuando Ángel Acebes le transmitió a Rajoy las palabras de la presidenta regional, una sonrisa surcó la comisura de sus labios: lo había conseguido. El gesto de Aguirre, dispuesta a sacrificar lo que hacía solo unos meses le habían dado los ciudadanos para participar en una batalla por el poder en el PP, la invalidaba para el futuro ante propios y extraños. Si el PP pierde en marzo, Aguirre ya no cuenta. Y, de paso, ha ayudado a Rajoy a eliminar el último obstáculo: Gallardón.
Como Enrique II, Rajoy ha empeñado sus mejores armas, las que nacen de la voluntad, para desestabilizar a los que, por otra parte, buscaban desestabilizarle a él, y este es el resumen de toda la historia. Así contado, les puede parecer a ustedes cruel, pero lo cierto es que a mí, al menos, me tranquiliza saber que detrás de ese aire un poco despistado, se encuentra una cabeza con un cociente intelectual envidiable, y un líder que tiene una perfecta definición de sus objetivos y que está decidido a seguir al frente de su nave en las circunstancias que sean. Y, en esas condiciones, él sabe que puede ganar los comicios de marzo, y yo empiezo a creer que también. Y si no lo acaban de entender, simplemente echen un vistazo a las listas del PP al Congreso: el león ya no tiene quien le haga sombra.
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Opiniones de los lectores (40)
40.
antoñito18/01/2008, 20:44 h.
Sr.Quevedo,quiero dar mi opinión sobre el tema Gallardón.Croe que aquí hay muchos culpables,primero que este tema Gallardón,lo biene utilizaando desde hace mucho, y de incorrecta, es un tema que tenía que haber sido tratado personalmente con Rajoy, y éste haber aclarado,tambien de forme privada su postura, y por otra parte la intervención de la sra.Aguirre,me parece impresentable y la descalifica por su chantaje,cuando ella tendría que renunciar a su presidencia,despùes de haberla conseguido de forma tan aplastante,con unos resultados que pocos lo pueden conseguir.
Conclusión,culpables,los tres ,mas culpable, Gallardón,porque no debería haber dado el espectaculo que dió, y que poco beneficiaba a su partido, que en estos mementos está en una situación muy delicada, y luchando por gobernar a una nación que ZP la ha destrozado y como siga nadie sabe lo que podrá pasar, en todos los sentidos, y en temas muy importantes.
39.
martes carnaval18/01/2008, 20:07 h.
Esta vez, Quevedo, sí ha profundizado. Creo que no va Vd. descaminado. Rectifico, a tenor de sus conjeturas, mi comentario del otro día:
"¿Esperanza Aguirre puede amenazar convincentemente a Rajoy con la renuncia a un puesto que le gusta más que a un tonto una tiza para obtener un acta de diputada que le deja fría y cuya virtualidad --tener más opciones en la sucesión-- se diluiría por no detentar poder territorial? Inverosímil. Un farol sin credibilidad es suicida. Además ¿qué obligación tiene Rajoy de incluirla en la lista por muy Presidenta del PP de Madrid que sea? Buenos son los aparatos de los partidos a la hora de pasar de las instancias territoriales.
El órdago poco meditado de Aguirre a Rajoy ha sido instrumentalizado por éste para
envolver su negativa a Gallardón --de libro si no se quería patentizar una debilidad que atrajese a todas las especies depredadoras y carroñeras del partido (que son unas cuantas)--.
El disgusto de Rajoy con Aguirre se salda con un ajuste de cuentas, consistente en una significativa "inmolación de imagen" por haber dudado del líder --Quoque tu Esperanza,fillii mii!--. Y sirve de chusco argumento para la negativa al inquieto alcalde."
38. Kaiser18/01/2008, 18:53 h.
Que quiere que le diga Quevedo, no me trago su cuento. Se crea usted una historia rocambolesca de intenciones y planes ocultos para acabar dando una imagen de mente prodigiosa, fría y calculadora de su protagonista, Don Rajoy. El único problema (aparte de la imposibilidad de contrastar sus elucubraciones) es que todos conocemos a este muchacho, y desgraciadamente no es así. Si fuera tan listo estaría muchos puntos por encima de ZP, pero está por debajo. El efecto electoral de toda esta historia me huelo que será negativo. Si acierta usted, debo entonces pensar que D. Rajoy es un ambicioso que ha puesto sus habichuelas por delante del bien común (echar a ZP). No me cuadra mucho: yo creo que este tío es honesto, aunque torpe y sin carisma.
37. nuño1218/01/2008, 18:21 h.
Vanitas , yo lo que espero es que Gallardon se quede de Alcalde, y no salga corriendo y dejandonos el ayuntamiento arruinado, y en medio de una trama de corrupcion. Aunque me temo que lo que Alberto quiere ahora es salir corriendo y librarse del pufo que ha dejado. Por si no lo sabes, este año el ayuntamiento no tiene un duro, no se va a poder ni hacer el parque encima de la m 30, y estan todas las concejalias a dos velas. Si fuera una empresa estaría en suspension de pagos.
36. Vanitas Vanitatis18/01/2008, 17:29 h.
Mientras algunos del PP, por ejemplo María San Gil, se conforman con sobrevivir, otros, como don Alberto, con su vanidad y egocentrismo, sólo piensan en como ser Presidentes. Don Alberto, se ha comportado como un niño enrrabietado si no soy Presidente no lo es nadie . ¡Vaya espectáculo el de Don Alberto! Espero que tras las elecciones, se vaya a su casa, a adorarse en su narcisismo, y que nos deje tranquilos a los demás. Hay muchos temas muy importantes en España como para que este niño malcriado y caprichoso nos fastidie más. Un poco de seriedad que estas hablando de cosas muy serias. Un saludo.
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