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Gallardón o la derrota de la política

@Carlos Sánchez - 16/01/2008

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En su apasionado y célebre opúsculo sobre la libertad, John Stuart Mill reflexiona sobre el debate de las ideas. Y su conclusión no puede ser más contundente. ‘No podemos jamás tener seguridad de que la opinión que tratamos de ahogar sea falsa y, aun cuando de ello estuviésemos seguros, el ahogarla sería un mal’. Lo que ha decidido Rajoy sobre el futuro político de Alberto Ruiz-Gallardón ha sido precisamente eso: un mal. No sólo para su partido, que es lo menos relevante, sino para una determinada noción de la política que esconde sus raíces en un concepto algo manoseado por el uso, pero fresco como la lechuga cuando se habla de relaciones humanas, que en última instancia es el fin de la política: la tolerancia.

Es evidente que Rajoy -y se supone que el equipo dirigente del Partido Popular- tiene perfecto derecho a decidir quién va en cada lista electoral. La Constitución impone que los partidos políticos deben funcionar de manera democrática, y sin duda que el PP lo es. Como es evidente que a Esperanza Aguirre le asiste el derecho a despreciar la candidatura del todavía alcalde de Madrid, aunque se equivoque, como es el caso. Pero lo que va contra la razón es que la lucha por el poder en su versión más descarnada se anteponga a los intereses de la propia formación. Baja, muy baja debe ser la calidad de nuestra democracia cuando un partido es capaz de perder votos -de esto parece haber pocas dudas- en aras de mantener un equilibrio de poderes dentro de la propia formación. Los partidos, y para llegar a esta conclusión no hace falta leer al maestro Duverger, no son un fin en sí mismo, sino un medio a través del cual se articula el sistema democrático, por lo que cuando se pone en el frontispicio de su acción política sus intereses más romos y chatos, en realidad lo que se está cuestionando es la calidad del propio sistema democrático.

Lo relevante no es que Gallardón vaya o no en la lista de Madrid al Congreso de los Diputados. Eso es lo de menos. Lo verdaderamente significativo es que el sistema español de partidos no admita confrontaciones de este calado entre dos concepciones de la política en un mismo partido. Lo relevante es que se dé carta de naturaleza al viejo y falso dilema de la mala política: O tú o yo. Como si no fuera posible que dentro de un partido convivan todo tipo de ideologías más allá de lo razonable.

Desde luego algo huele a podrido en la calle Génova cuando a menos de dos meses de las elecciones alguien decide hacerse el haraquiri en aras de no se sabe muy bien qué argumentos. ¿De verdad es razonable que alguien pueda vetar la inclusión en las listas de un alcalde reelegido por mayoría absoluta, incluso amagando con la dimisión? Sería tan absurdo como que el propio Gallardón se hubiera empeñado en impedir que Esperanza Aguirre fuera en las listas madrileñas con el argumento de que la elección coloca a la presidenta de la Comunidad de Madrid en una posición de privilegio cara a un hipotético relevo en la cúpula del PP.

¿Estamos ante un problema exclusivo del PP? Evidentemente que no. Treinta años de democracia han dado multitud de ejemplos de cómo la miseria se impone a la grandeza. Partidos que han echado a dirigentes avalados por los votos populares simplemente por el hecho de que no piensan como la dirección. Ahí está el caso de Rosa Díez o de Nicolás Redondo Terreros, un hombre sensato y cabal que inexplicablemente no juega ningún papel en la convulsa vida política del País Vasco. O casos tan recientes y llamativos como el del ex alcalde de Alcobendas (Madrid), José Caballero, que llevaba más de 20 años gobernando en su municipio con el respaldo de sus vecinos y de la noche a la mañana llega un funcionario del Partido Socialista y le quiere imponer una lista. El final, ya se sabe. La alcaldía fue a parar al PP.

Estas mezquindades son las que llevaron al patíbulo de la autodestrucción a la UCD de Adolfo Suárez; pero lo peor, como se ha dicho, es que alejan a los ciudadanos de la política, convertida ahora más que nunca en un club cerrado ajeno a los problemas reales. Y del que de vez en cuando sus exquisitos socios extraen una bola negra que impide el acceso a nuevos compañeros de viaje.

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Opiniones de los lectores (45)

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45. usuario registrado Objectivism17/01/2008, 16:13 h.

Bueno, al final tenemos un sistema politico de tinte parlamentario, que no presidencial. Por tanto, es normal que los grupos politicos tomen sus decisiones con independencia de las opiniones y deseos de los votantes. Gallardon tendra que optar por crear su propio partido politico para poder satisfacer las apetencias de su publico.
A mi, particularmente, me convence mas el sistema presidencial.

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44. usuario registrado Objectivism17/01/2008, 16:13 h.

Bueno, al final tenemos un sistema politico de tinte parlamentario, que no presidencial. Por tanto, es normal que los grupos politicos tomen sus decisiones con independencia de las opiniones y deseos de los votantes. Gallardon tendra que optar por crear su propio partido politico para poder satisfacer las apetencias de su publico.
A mi, particularmente, me convence mas el sistema presidencial.

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43. usuario registrado meculata16/01/2008, 20:07 h.

Por encima de la inclusión, en las listas electo rales,del actual alcalde de Madrid hay otros problemas mucho mas importantes que,tanto políticos como medios de comunicación,debieran hacer hincapié con el fin de solucionarlos y dejarse de opiniones,unas veces equivocadas y otras sin el menor atisbo objetivo de la cuestión.¿Que es eso de que es bueno que haya discrepancias,dentro del mismo partido,porque eso es la esencia de la democracia? En mi opinión esas distintas formas de pensar,se expresan antes de constituir un parido político u otra formación cualquiera,pero una vez aprobadas las normas,si queremos que la cosa funcione dejemosnos de "galladornadas"y a trabajar en pro del partido al que perteneceos.Puede ser que reste votos,pero ante la emergencia que se nos presenta,tanto los que opinan de una forma u otra,dentro del partido,votemos al PP y luego ya hablaremos.Sabemos, de sobra, que en política solo se convencen los que quieren convencerse y si un señor,cualquiera que sea,incluido el Sr.Gallardón,anda con estas trapalladas de que si pero no,entoncesveremos que es muy difícil tener dos yernos con una hija solo.Que siga de alcalde que,por cierto lo hace muy bien.null

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42. usuario registrado gartor16/01/2008, 19:57 h.

Con Gallardon se va la ultimo oportunidad para ocupar el centro político. Lástima que Rajoy no haya tenido la suficiente lucidez para ver que las elecciones solo se ganan desde el centro. Este espacio político, de contornos difusos, que en ocasiones ha ocupado el PSOE y en ocasiones el PP (en la primera legislatura de Aznar); y antes la UCD. Animo a Gallardon para que lidere una nueva operación de centro y presente una oferta política fuera del PP. Miguel Roca, por el hecho de ser catalan, no la pudo desarrollar. Gallardon, si quiere, puede.

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41. usuario registrado ggekko16/01/2008, 19:39 h.

Es justo reconocer la valía como gestor y como politico de Alberto Ruiz-Gallardon. Sin embargo, hay que constatar que su comportamiento individualista y desleal dentro del partido (en una empresa se le calificaría como autentico trepa) hacen que sus defectos superen ampliamente a sus virtudes. Probablemente pierdad el PP votos con la decision de excluirle de las listas para las generales, pero creo que la etica y la dignidad deben prevalecer sobre la obtencion de la riqueza y el poder.

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