TRIBUNA
Bolsa, ¿momento de comprar?
S. McCoy - 15/01/2008
Vende con el rumor, compra con la noticia. La aplicación en sentido inverso al tradicional de la máxima bursátil –buy the rumour, sell the fact- puede estar mucho más cerca de lo que pensamos, o de lo que los analistas más tenebrosos, campo en el que servidor se incluía hasta hace bien poco, creían. ¿Significa esto que se va a recuperar la senda alcista del pasado más reciente de forma inmediata? No. ¿Supone momento de jugar todo a rojo, a ver si hay suerte? Tampoco. Lo que quien esto escribe quiere decir es que cuando el pánico, como muestran los indicadores de sentimiento bursátil, se apodera del mercado de acciones, es momento de tomar un poco de perspectiva y aprovechar las irracionalidades, que las hay, y muchas, para acumular valores que presentan oportunidades de compra históricas. Con mucha cautela, eso sí.
Es verdad. Paralelamente en Estados Unidos y en España se han seguido procesos similares con un origen común y un desarrollo, por el contrario, desigual. Crisis inmobiliaria agravada por una crisis de crédito derivada, en el caso norteamericano, del colapso de la financiación insuficientemente (o falsamente) garantizada, y, en el caso español, por una excesiva concentración a un sector, el promotor, que ha llevado al mercado a penalizar a todos las entidades sin hacer distinción de riesgos y balances. Primera oportunidad. La conmoción residencial habría afectado a la banca tanto comercial (España) como de inversión (Estados Unidos) amenazando con extenderse al conjunto de una economía que ya baraja en forma de elevadas probabilidades la posibilidad de una recesión (Estados Unidos) o una desaceleración económica (España), países ambos caracterizados por su elevado déficit comercial y por estar inmersos en 2007 en ajustados procesos electorales.
Se trataría, por tanto, de una crisis de solvencia en el que las entidades, inmobiliarias y financieras, no estarían sino purgando los excesos que les permitieron acumular fuertes plusvalías en el pasado y que ahora muestran su peor cara. No hay que olvidar que ambos negocios no dejan de ser cíclicas tardías en el sentido de que tienen que estar en los mercados cuando estos ofrecen suculentas plusvalías por mucho de que la bola se esté engordando, a veces, hasta artificialmente. No les queda más remedio. Esta verdad se refleja de modo inequívoco en los elevados salarios de la banca de inversión (el vivo al bollo y el muerto al hoyo) y en el enriquecimiento injustificado y al borde de la ilegalidad de aquellos, -aquí desgraciadamente prima, en muchos casos, el individuo sobre la compañía, al menos en España- que asumieron mayores “riesgos” en el mercado inmobiliario, que esa es harina de otro costal. Hay un inequívoco proceso de selección natural en el que los acontecimientos, al menos es lo que servidor de ustedes defiende, deberían seguir su curso normal fomentando la supervivencia de los más fuertes que, en definitiva, no son los que más ganaron, rentabilidad absoluta, sino los que mejor lo hicieron en relación al nivel de riesgo asumido (Sharpe).
Pues bien, si la crisis es inmobiliaria y financiera, será en la normalización de ambos sectores en los que se pueda empezar a ver la luz al final del túnel. Desde ese punto de vista, lo que queda de semana parece clave para determinar si es momento de apostar por la bolsa o no. Si tomamos como referencia la bolsa americana, que parece querer apoyarse una y otra vez en niveles de soporte, estos siete días van a ser claves por dos vías: datos de ventas inmobiliarias de importancia y resultados de entidades financieras de renombre. Hay que tener en cuenta que han sido las revisiones de resultados a la baja de los bancos los que han provocado un colapso de los beneficios empresariales en el cuarto trimestre, y que probablemente, y si no quieren incurrir en responsabilidades legales de importancia, por primera vez van a tener que provisionar por más y no por menos en su cierre anual, lo que supondrá un stop and go en las malas noticias que el sector lleva acumuladas en los últimos meses. Tempestad antes de una calma relativa. Lo mismo ocurre en una España donde la llamada desesperada de algunas entidades a las provisiones anticíclicas del Banco de España, que para eso están, dan señal de alerta de que, al final, se quiere reconocer la delicada situación. Y ese es el primer requisito para la cura.
Una vez cerrado el ejercicio nos podemos encontrar con el cierre de la refinanciación de un par de inmobiliarias de renombre, gracias no tanto a sus propios méritos cuanto a la relajación en el precio del dinero y a la normalización de la actividad que da el pensar que quedan doce meses por delante para corregir errores. Y con unos resultados bancarios que disten mucho de ser, especialmente en España y una vez purgados los excesos, la hecatombre que se podría suponer. ¿Y entonces? Volverán las prisas. Y será el momento de haber estado posicionado a la espera de los tiempos mejores que siempre terminan por llegar. Compras selectivas, con vigilancia a los niveles de soporte y espaciadas en los primeros meses de ejercicio. La puerta está a puntito de abrirse. Knock, knock, knocking on heaven´s door?
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