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La 'pájara' de Mario Camus

La 'pájara' de Mario Camus

@Nacho Gay - 11/01/2008

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EL PRADO DE LAS ESTRELLAS


Dirección y guión: Mario Camus.
Fotografía: Hans Burmann.
Música: Sebastian Marine.
Intérpretes: Álvaro de Luna, Óscar Abad, Marián Aguilera, Rodolfo Sancho, Mary González, Antonio de la Torre.

Poco queda ya del Mario Camus que dedicó parte de su tiempo a traducir al lenguaje audiovisual algunos de los clásicos más destacados de nuestra literatura. Si acaso, ese retrato incorruptible del medio rural, escenario donde se inscriben dramas terribles, como el que escondía Los santos inocentes, portentosa adaptación para el cine de la novela de Miguel Delibes. Sin embargo, y a pesar de que la mayor parte de las películas de este realizador cántabro poseen una categórica seña de identidad trágica, su filmografía le ha servido para reivindicar el contexto en el que dichas tragedias se desarrollan.

Cabe entender también su último trabajo, El prado de las estrellas, como un alegato en favor de una vida exenta de todo artificio, en el seno de una naturaleza espléndida. Asoma por momentos en el relato, incluso, una crítica un tanto pueril al capitalismo -económico y humano-. Pero la prosa dieciochesca y cargante de Camus ha perdido a estas alturas todo su brio. No queda ni rastro de la contundencia dramática que le caracterizaba antaño. Su forma de narrar pide a gritos una bocanada de buena retórica. Y eso a pesar de haber mostrado síntomas de mejoría en la parada inmediatamente anterior a ésta en su filmografía, La playa de los galgos; un interesante tríptico sobre los múltiples rostros de la violencia.

El comienzo de éste último film sienta las bases de una mala película. Sobre fondo negro aparecen unos versos de T.S. Elliot -Camus recurre con asiduidad a dicho elemento-: “La única sabiduría que podemos esperar adquirir es la sabiduría de la humildad”. Una vez dicho eso, no quedaba nada más que añadir. Fundido a negro y a casa. Pero la cosa se extiende durante dos horas de reiterada redundancia sígnica. No hay mensaje latente. Apenas una reflexión sobre el paso del tiempo, lugar común en la última parte de su filmografía.

De nada sirve la poética y envolvente atmósfera que propicia el litoral cantábrico, mejor aprovechada en otras películas suyas como El color de las nubes. Demasiada heterodoxia en las formas a la hora de rodar este retrato coral estructuralmente desmembrado, en el que destacan los personajes de un joven ciclista y un humilde anciano que pretende dibujarle el camino que ha de recorrer en la difícil carrera de la vida. El ciclismo es una simple excusa. Una metáfora para hablar un poco de esto y un poco de aquello; para plantear un par de utopías. Pero Camus pedalea a destiempo. Presenta síntomas de agotamiento. Haciendo acopio de su fino existencialismo, se podría decir que sufre una pájara a poco de comenzar la etapa.

Lo mejor: la interpretación de un contenido Álvaro de Luna.
Lo peor: que por momentos no hay nada que distinga a esta cinta de una etapa del Tour de Francia.

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