DOS PALABRAS
Solbes y la reina de Shaba (¿o era ZP?)
@Federico Quevedo - 05/01/2008
Que me perdonen los admiradores de la bellísima Gina Llollobrigida, porque compararla con cualquiera de nuestros gobernantes actuales es, cuando menos, una canallada, pero es que me viene bien la historia contada tanto en la Biblia como en el Corán para referirme a la situación económica que el Gobierno de Rodríguez tiene que afrontar en la recta final de la campaña electoral antes de las elecciones de marzo. Es verdad, y vaya este reconocimiento por delante, porque creo que es de justicia hacerlo, que la situación de nuestra economía no es, ni mucho menos, la de hace quince años, cuando la crisis de los noventa nos hizo pagar una factura muy elevada en términos de empleo. Hoy la economía española es mejor y está más preparada, pero eso no ha sido gracias al Gobierno de Rodríguez, sino a que antes hubo otro Gobierno que hizo los deberes. Rodríguez -bueno, Solbes-, se limitó a no enredar demasiado en lo que ya había hecho el PP. Es más, ha sido el único terreno en el que el Gobierno actual no ha practicado la política destructiva que sí ha aplicado en otros ámbitos.
Por lo tanto, comparto la versión de quienes afirman que la situación actual no es comparable a la de 1996. Sin embargo, permítanme una reflexión sobre este asunto y sobre el impacto que la actual coyuntura puede tener en las elecciones de marzo. En 1996, los españoles medíamos la intensidad de la crisis en términos de destrucción de empleo. Es decir, que lo que preocupaba en los hogares españoles no era cuanto subía el precio del pan, sino si al mes siguiente habría una nómina para poder pagarlo. Pero llegó el Gobierno de Aznar, hizo los deberes que tenía que hacer en la materia -no todos, eso es verdad- y a partir de ese momento y con nuestra entrada en el euro la economía española vivió un milagro sin precedentes, de tal manera que se logró ganar una de las batallas más difíciles de las últimas décadas: romper el estancamiento de nuestra población activa. La clase media creció y se popularizaron las fórmulas de ahorro e inversión que hasta ese momento eran coto privado de vips y ricos.
Es decir, la cultura económica, hasta ese momento vetada al gran público, se extendió de manera que la sociedad española se convirtió en pocos años en una de las más ricas de nuestro entorno, al menos en términos de calidad de vida y capacidad de endeudamiento: nunca tanto BMW-Volvo-Mercedes-Cayene… había surcado nuestras carreteras. La renovación de la flota automovilística ha sido una de las más espectaculares de toda Europa. Lo que quiero decir con esto es que si hace doce años nos preocupaba el puesto de trabajo, lo que ahora nos preocupa no es eso -y de hecho los datos de paro no auguran problemas a las clases medias españolas, sino a la recién llegada mano de obra extranjera-, sino el hecho de que merme nuestra capacidad de endeudamiento, de que seamos un poco menos ricos, de que tengamos que vender la segunda vivienda o de que nos veamos abocados a hacer números todos los meses cuando antes ni nos preocupábamos.
Este es, sin lugar a dudas, el talón de Aquiles de este Gobierno. Miren, es verdad que el resto de asuntos son graves, porque Rodriguez ha puesto en tela de juicio el modelo de Estado y la estructura de convivencia surgida de la Constitución de 1978. Pero también lo es que esta sociedad complaciente y adormecida no percibe esos riesgos con la misma intensidad si el bolsillo está lleno que cuando el bolsillo comienza a perder monedas porque tiene agujeros y los remiendos están desgastados. Obviamente, yo no tengo una bola de cristal para saber lo que va a ocurrir en marzo, pero me consta que en la sede de Ferraz están muy preocupados por la evolución de la economía y temen que los próximos meses se acentúe esa percepción ciudadana de que las cosas empeoran y ya no hay remedio para evitarlo. Esta es, sin lugar a dudas, una crisis de confianza, y las crisis de confianza son las peores que puede afrontar un Gobierno, porque cuando se pierde la confianza en el futuro económico, se pierde en todo. Y este Gobierno no lo quiso ver. No es que no supiera verlo, es que no quiso verlo. Rodríguez lo envidó todo a una carta, a la de Pedro Solbes, y esa carta le ha fallado porque ambos creyeron que la crisis aparecería más tarde. Alguna vez he dicho que el presidente se equivocó no haciendo caso a quienes le aconsejaban que adelantase las elecciones a octubre, y los sondeos me dan ahora la razón.
Cuenta la Biblia que la reina de Shaba, cuyo nombre no se especifica aunque pudo llamarse Mequida, atraída por el aura de sabiduría que rodeaba a Salomón, acudió a él y lo colmó de presentes. El Corán relata que Salomón envió a Shaba una abubilla como espía y que esta, al volver, le contó que gobernaba aquella ciudad una mujer: “He encontrado que ella y su pueblo se postran ante el sol, no ante Dios. El demonio les ha engalanado sus obras y, habiéndoles apartado del Camino, no siguen la buena dirección”, le dijo el pájaro al Rey. Algo de esto le ocurrió en su día a Rodríguez quien, apartado de la buena dirección y empeñado en escoger el camino equivocado, creyó ver en Solbes la solución, al menos, a una parte de sus problemas. Embobado por la sabiduría del que ya fuera ministro y ex comisario europeo, incluso se permitió la bravuconada de erigirlo en máxima autoridad económica de la próxima legislatura sin que hayan mediado las elecciones. Tentado por la vanidad, Rodríguez creyó que la sola mención del nombre de Solbes sería suficiente para que las fuerzas del mercado corrigieran los desequilibrios.
¡Craso error! Solbes, por desgracia, no es Salomón. Solbes es un buen funcionario que, sin embargo, no ha tenido la autoridad que necesitaba para afrontar las reformas que este país requería, y que no ha tenido más remedio que plegarse a los deseos de la mayoría de sus compañeros de Gabinete provocando unas tensiones de gasto en sus Presupuestos que, sin lugar a dudas, han tenido un efecto pernicioso sobre la inflación. Porque, aun tratándose de un fenómeno de tipo monetario, no es menos cierto que el Gobierno tiene en su mano la capacidad de ejercer presiones al alza o a la baja de los precios a través de la política fiscal. Y lo que ha hecho ha sido contribuir notablemente a que la presión fuera alcista. Como en la memorable película de King Vidor, la historia de amor entre Salomón y Mequida tiene un trasfondo de traición y drama. La economía no es algo sobre lo que pueda ejercerse la autoridad de quien creyó que con sus solas artes era capaz de afrontar y superar todos los problemas, y la sabiduría de Solbes parece más bien una mera fachada detrás de la cual solo hay endeblez y falta de arrojo. Rodríguez se ha dejado embaucar por Solbes, y eso le puede costar que su proyecto político se vaya al traste arrastrado por las aguas de la crisis.
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