Una Nochevieja casposa, un Sardá cada vez más 'friki'
@Nacho Gay - 03/01/2008

Empezó el año más o menos como terminó: mal, muy mal. La televisión actual rezuma por todos los poros una evidente ausencia de talento que se manifiesta muy especialmente los días de fiesta. Nochevieja para olvidar, como todos los años. Sería interesante la elaboración de una encuesta que tuviera por objeto determinar la incidencia real de la programación televisiva de ese día en el incremento del consumo de alcohol entre las gentes del país.
Sin duda hacen falta un par de buenos lingotazos de amoniaco perfumado para aguantar un especial de hora y media de ese esperpéntico serial llamado Escenas de Matrimonio. Me sumo a la condena unánime por el reciente robo y apaleamiento a José Luis Moreno. Dios me libre de desearle nada malo. Pero ya que los malhechores estaban dentro de la finca del empresario, que menos que haber sustraído un par de guiones de dicho programa como regalo de Reyes para todos los españoles. Cualquier juez con una escasa cultura televisiva les habría concedido al menos el tercer grado teniendo en cuenta dicho atenuante.
De nada sirvieron los cameos de ciertos actores de renombre o la construcción de escenarios ajenos al domicilio de las tres parejas que protagonizan la serie. El producto de Moreno no perdió en Nochevieja ese aire a sitcom realizada con cuatro duros, de humor manido y sin una pizca de gracia. Aunque ellos pretendan hacer ver lo contrario, lo cierto es que se deja notar demasiado la ausencia de Pepe Ruiz y Marisa Porcel. Pero sin duda la mayor ausencia es la de la inteligencia, la originalidad, el buen hacer, el talento... Las Matrimoniadas no tienen nada que ofrecer.
Tampoco Antena 3, siempre a remolque, que el día 31 emitió un karaoke de famosos con más caspa que Cine de Barrio. Y qué decir de La 1... Pobrísimo espectáculo de José Mota. Si Cruz y Raya resultaban patéticos como pareja, por separado lo son aún más. Ciudanano Kien -el título no anunciaba nada bueno- resultó ser una sucesión inconexa de sketches del mismo calado intelectual que los chistes matrimoniales de Telecinco. Lo mejor de la noche, como casi siempre, en La 2. Refrito de Muchachada Nui, el único programa de humor verdaderamente reseñable del año televisivo que acabamos de abandonar. La irreverencia surrealista de este grupo de pirados se impone por goleada a los topicazos a los que nos tienen acostumbrados el resto de espacios con pretensiones similares.
Año Nuevo, 'tele' añeja
El día de Año Nuevo, sin embargo, la cosa empezaba mejor. Espectacular concierto de la Filarmónica de Viena, cita obligada cada primero de año en TVE y sin duda la mejor receta posible contra la resaca. La cosa empezó a torcerse a eso de las cuatro, cuando las cadenas generalistas emitieron sus películas de sobremesa, malas como el mismísimo diablo. Aunque lo peor estaba por llegar. Prime Time surrealista y denunciable: en Antena 3 programaron Los Increíbles y en TVE la primera de las cinco entregas del mago Potter. Dos películas infantiles que acabaron más allá de las 12:30 de la madrugada. Nada que añadir.
Pero el premio gordo se lo llevó Telecinco, como de costumbre. Estrenó un nuevo programa -Tú sí que vales- difícil de definir, pero sobre todo de digerir. Un plató psicodélico, un público entregado (a cambio de unos doce euros por cabeza, supongo) y un grupo de personas que se subían al escenario a hacer lo que les salía de los mismísimos. Unos cantaban, otras bailaban, otros hacían el pino puente... En fin, lo que buenamente podían.

Ante la ausencia evidente de espectáculo encima de las tablas, los miembros del jurado, entre los que se encontraba Javier Sardá, se vieron obligados a poner de su parte. El presentador catalán fue la estrella de la noche, como siempre. Sus gracias de cincuentón aferrado a la pubertad, su ego infinito y el desparpajo que se ha ganado a pulso a lo largo de más de un lustro de intensa contribución a la consagración de eso que los carcas llaman telebasura eclipsaron a todos los artistas que pasaron por el show de Telecinco. “Para friki, yo”, pensaría Sardá, que tiene más hambre de tele que un político a tres días de las Generales.
Mientras le dan un programa, Javier mendiga esporádicamente por las espacios más cutres de su cadena. El martes se dedicó a juzgar las aptitudes para el espectáculo de un grupo de pícaros que demandaban su minuto de gloria. “Tú no vales para esto”, sentenciaba Sardá con ligereza. Se echó de menos que algún participante tuviera la lucidez de rebotarle el mensaje.
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