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EL EROTICÓN

La erótica conyugal

erótica conyugal

María Victoria Ramírez* - 31/12/2007

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En estas fiestas tan familiares y dedicadas a aquellas y aquellos que queremos, vamos a dedicar unas líneas a hablar de la, a veces tan olvidada, erótica de las parejas estables.

Con frecuencia los chascarrillos y chistes sobre los matrimonios (la pareja estable por antonomasia en nuestra cultura) transmiten la idea de que después de un tiempo las relaciones eróticas, ya sean de besos y caricias, o de contactos que incluyan lo genital y el orgasmo, se empobrecen y se vuelven aburridas. Incluso se tornan escasas y desaparecen.

No hay más que ver una serie como Matrimoniadas, por ejemplo, para captar la idea de que con el tiempo las caricias en la pareja desaparecen y los encuentros genitales se vuelven rutinarios y, por tanto, aburridos, sosos y poco deseables. También (y por desgracia), series como ésta transmiten la tan extendida idea de que la persona amada con el tiempo se vuelve molesta, fastidiosa y desagradable y de que 'lo normal' es que el buen trato y los mimos del principio se transformen en desaires, desinterés y malos modos.

El cine está plagado de escenas románticas y de alto contenido erótico dedicadas a los primeros encuentros de una pareja: dos personas que se conocen, se cortejan, comienzan su relación, tienen los primeros contactos (el primer beso, la primera caricia y, por supuesto, el tan ensalzado primer coito).

También el cine muestra una gran cantidad de escenas dedicadas a encuentros eróticos entre desconocidos/as, encuentros inesperados, espontáneos, impulsivos, en los que se desconoce lo que va a suceder, en los que no es familiar nada en la persona con la que se comparte el encuentro. Y también, y en muchos casos, en los que no existe afectividad ni compromiso ni cariño entre los que comparten la relación erótica, las caricias, los besos, o los contactos genitales.

El cine y la televisión muestran la ideología de nuestra cultura actual: las 'primeras veces' de una relación aparecen como las más deseables. Las 'segundas, terceras y sucesivas' pareciera que se van volviendo menos importantes, menos placenteras. La espontaneidad e impulsividad son valoradas en lo referente a la erótica, frente a los encuentros planeados (incluso rutinarios o repetidos) que se muestran como menos atractivos. El que la pareja sea total o parcialmente desconocida, o se la esté conociendo en ese momento, hace que se la presente como más atractiva, más deseable, y con posibilidad de producir encuentros más satisfactorios. ¿Estos son factores que potencian siempre el placer? ¿Todo esto es siempre cierto? ¿Conocer mucho a la pareja, planear los encuentros, haber mantenido ya muchos contactos eróticos con esa pareja, incluso saber de memoria cómo va a transcurrir el encuentro, todo ello duerme el deseo y reduce el goce?

Pues lo cierto es que, en contra de lo que piensa mucha gente, no siempre sucede así. Vamos a revisar algunas ideas al respecto.

El guión ante los desconocidos

Las personas suelen pensar que los encuentros eróticos entre dos desconocidos son más espontáneos y más impulsivos, incluso en cierto sentido, se realizan con más libertad que los encuentros entre dos personas que comparten una relación de pareja de mucho tiempo. Pero esto no suele ser cierto. Los encuentros eróticos entre desconocidos, especialmente aquellos encuentros que implican a lo genital y al coito, suelen ser bastante poco espontáneos. Las personas no se conocen y frecuentemente, tratan de ajustarse al patrón de relación normal que socialmente nos han enseñado: esto es, caricias preliminares para poner a tono y coito.

Cuanto menos se conocen las personas, más frecuente suele ser que se ajusten con rigor a este patrón. Cuanto más se conocen y más confianza generan, más libertad van teniendo para introducir ciertas modificaciones en este patrón o guión de encuentro erótico. Por poner algunos ejemplos, en terapia encontramos muchos casos de hombres cuyas erecciones mejoran considerablemente cuanta mayor es la confianza que tienen con la pareja, cuanto más la conocen, y es mayor la libertad para salirse de este guión de encuentro erótico que impone el coito, y por tanto, su erección.

En el caso de muchas mujeres, también conocer más a la pareja y tener más confianza, genera muchas más posibilidades para salirse de este guión y solicitar a la pareja relaciones eróticas que incluyan las caricias en el clítoris, y por tanto, facilitar el orgasmo femenino.

Para muchas mujeres y hombres, la confianza suele ser afrodisíaca (en contra de lo que se suele pensar), porque permite, precisamente, ser 'una misma' o 'uno mismo', temer menos o estar menos pendiente de lo que la otra persona piense, tener menos temor a una evaluación negativa. La confianza permite sentirnos aceptados y sabernos apreciados tal cual somos y ofrece más posibilidades para crear la propia y particular forma de hacer el amor con esa pareja, que no va a ser igual a la de otra pareja.

La comunicación y la confianza, así como el conocimiento íntimo de la otra persona, dan más opción a mostrar los gustos personales, los verdaderos deseos y nos permite salirnos del guión establecido de 'relación erótica normal' y crear otro guión u otras pautas que se ajusten a los gustos personales, y no necesariamente a las pautas que nos imponen socialmente.

Sota, caballo y rey

De hecho, en los estudios sexológicos se suele encontrar que cuando una pareja genera confianza y comparte una intimidad, sus relaciones son mucho más libres y placenteras que las de las parejas ocasionales, que tienden, con más frecuencia, a ceñirse al guión establecido socialmente del encuentro erótico, esto es, sota, caballo y rey (preliminares, penetración, y orgasmo – en teoría de ambos -).

Irónicamente, a veces, los encuentros más “tradicionales” son los encuentros de dos desconocidos. Precisamente porque no han compartido una historia juntos y no tienen la suficiente confianza como para inventar su forma (propia y particular) de tener relaciones, y por tanto, con frecuencia tienden a ceñirse a “la manera normal o tradicional”.

Las parejas que llevan tiempo juntas, también han tenido más oportunidades de conocer el cuerpo del otro o de la otra, sus gustos, sus preferencias, las caricias que disfruta y las que no, los juegos que goza y los que no le gustan… también han tenido la ocasión de inventar juegos propios, algo parecido a un lenguaje erótico propio que sólo ellos conocen (de rituales, rutinas, juegos, bromas… que han compartido muchas veces y que ambos disfrutan). Muchas rutinas inventadas por una pareja, y disfrutadas por esa pareja, son rutinas afrodisíacas y que aumentan el goce. No toda rutina anestesia el deseo y el placer. Por otro lado cuando una persona se siente aceptada y querida tal y como es, suele tener más libertad para actuar según sus gustos, para pedir lo que desea, para dejarse llevar en el encuentro, para abandonarse…

Sexo y amor

Y también, y como no podría dejar de mencionar, hay que tener en cuenta que para muchas personas los afectos son afrodisíacos, esto es, los sentimientos amorosos hacia la otra persona potencian el placer, y producen un encuentro que muchas personas viven como más significativo y satisfactorio.

Por tanto, en una relación estable muchas personas encuentran una excelente ocasión de potenciar y disfrutar su erótica individual, creando lazos, cuidando a la pareja y la relación, comunicando y escuchando gustos y preferencias y deseos y fantasías, creando juegos y rutinas propios, expresando afectos profundos y emociones intensas… inventando su propia forma de hacer el amor.

Todo ello sin menoscabo de que algunas personas puedan, por el contrario, encontrar más interesantes y atractivos los encuentros eróticos de las relaciones ocasionales. Porque ya se sabe, no hay una sexualidad, sino muchas sexualidades...

*María Victoria Ramírez es psicóloga y sexóloga.

Asociación www.lasexologia.com.

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