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Los Reyes Magos del ladrillo se olvidan este año de los regalos

@Redacción - 31/12/2007

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La crisis llega hasta los villancicos. A pesar de lo que dicen las grandes cifras macro del Gobierno, en las calles de España, entre zambombas, luces navideñas y belenes, se respira aire de crisis. La gente coge menos taxis, se muestra más ‘ahorrativa’ a la hora de seleccionar los regalos y mira con lupa el precio de los langostinos. Es la psicosis del Euribor, un mal endémico de la sociedad española que este año va a hacer que se nos atragante el turrón de Jijona. Aunque para Navidad amarga, la de las empresas inmobiliarias, cuyas carrozas de Reyes, hasta hace poco cargadas con todo tipo de presentes, vienen totalmente vacías en este inicio de 2008.

Los partidos y grandes empresas, muy dados a agasajar en estas fechas a los periodistas que se encargan de informar de su negociado, han sido bastante parcos esta vez. El Gobierno, embuchados (se esperaba mortadela por eso de contener la inflación); los grandes partidos, vino, aceite y tostadoras (algunas rebanadas salen ‘quemadas’ de tanta guerra fratricida en el PP de Madrid); las compañías de telecomunicaciones, chubasquero (por la que nos puede caer este año); las televisiones, un palomitón (para que disfrutemos del Imperio Polanco contraataca, segunda parte de la trilogía de la guerra del fútbol); los bancos extranjeros afectados por las subprime, chocolate (sustitutivo del sexo); los grandes almacenes, maletas trolley (por si tenemos que escapar del país en cualquier momento); y los de la bolsa, una cadena con compact disc (para que nos vayamos con la música a otra parte). Pero las empresas inmobiliarias, nada de nada.

Ni botellas de jerez, ni trufas, ni chocolates... Los Reyes Magos del ladrillo se han olvidado sus regalos en Oriente, los han dejado enterrados en eriales, en suelo rústico que compraron en su día con vistas a una futura recalificación, pero que ahora vale menos que una caja de polvorones. Estas fechas, que deberían ser de alegría e ilusión para el común de los mortales, son días tristes para las empresas inmobiliarias. Cada jornada que abre la bolsa, su cotización se desploma. Pero que no pierdan la esperanza. Siempre cabe la posibilidad de un milagro navideño.

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