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La verdad de la mentira

@Esteban Hernández. - 29/12/2007

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José Carlos Somoza es un autor peculiar. Ha tenido éxitos de ventas y novelas que pasaron desapercibidas, entre su obra se cuentan relatos intimistas y thrillers trepidantes, sus narraciones apuestan por los géneros pero poseen una clara vocación de trascenderlos y es uno de los escasos escritores que mezcla entretenimiento con perspectiva filosófica. Con esta su última obra ha ganado el Premio Ciudad de Torrevieja, un eslabón más en una sucesión de galardones a la que ya está acostumbrado. A pesar de ello, ocupa un lugar indefinido en nuestra literatura: ni ha adquirido la consideración de escritor culto, ni tampoco se le encuadra entre los grandes autores de masas, caso de Matilde Asensi o Ildefonso Falcones. Y lo cierto es que Somoza hace lo posible por situarse en esa tierra de nadie. Novelista de notable imaginación, tiene gran habilidad para tejer tramas que entran de lleno en las novelas para masas, pero enseguida trata de huir de ellas al plantear mayores exigencias al lector. Y aunque sus obras resulten muy entretenidas, no es diversión lo que quiere ofrecernos. Y por esas mismas razones, Somoza es un autor del todo reivindicable.

Su última novela, no obstante, no es la mejor para introducirse en el mundo de Somoza: ni es la más lograda en lo formal ni es la que más precisamente le define en lo intelectual. Además, ese punto retorcido que aparece siempre en sus obras es aquí algo más intenso, lo que puede alejar a algún lector poco avisado. Pese a ello, conserva notables méritos. La llave del abismo parte de una premisa muy original (cuyas dimensiones sólo conoceremos al final del texto) que va subvirtiendo, para bien y para mal, a lo largo de la novela, y a la que añade elementos de terror, de ciencia ficción, de reflexión filosófica e incluso de sociología del conocimiento. Un joven empleado de tren descubre que uno de los pasajeros lleva adherida una bomba a su cuerpo. Su intervención resultará decisiva, siendo además el único que escuche las últimas palabras del supuesto terrorista, un secreto por el que le perseguirán enemigos poderosos. Una excusa argumental que sirve al autor para situarnos en un mundo de seres físicamente mejorados gracias al diseño genético, donde las mujeres ya no dan a luz y en el que los avances en ese terreno permiten sufrir muchas menos enfermedades. Pero, sobre todo, se trata de un mundo regido por el miedo, sometido a innumerables amenazas y donde las muy peculiares creencias religiosas, en lugar de proporcionar consuelo, se sostienen desde el terror.

Con ese punto de partida, Somoza logra enredarnos en una trama asfixiante que mantiene el interés hasta el final, aun cuando aparezca algún giro forzado y, sobre todo, algún exceso a la hora de dar coherencia a la historia. Los defectos, no obstante, quedan suplidos por su talento para hacer reflexionar al lector bajo el manto del simple entretenimiento. En esta ocasión, las preguntas que nos plantea tienen que ver con la realidad de la mentira: ¿Puede lo falso ser más sólido socialmente que lo verdadero? ¿Es la verdad lo que importa o es la creencia? En todo caso, La llave del abismo cumple tanto con la obligación de toda obra de estas características, enganchar al lector, como con lo esperable en una novela de Somoza, que es ofrecernos algo más. Aunque quede un punto por debajo de sus obras más conseguidas, caso de Clara y la penumbra.

LO MEJOR: La original premisa que estructura la novela.

LO PEOR: Alguna vuelta de tuerca argumental de más.

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Acerca de...

@Matías Vallés

Matías Vallés no es escritor. Nació deliberadamente en Palma de Mallorca (1958). Se licenció en Químicas contra su voluntad. Adoptado por el periodismo de provincias, recibió el premio Ortega y Gasset. Es uno de los escasos profesionales que en el último medio año ha sobrevivido a sendas entrevistas con Zapatero y Rajoy. Le costó más sobreponerse a su conversación con Catherine Zeta-Jones, el día antes de que Michael Douglas le jurara amor eterno. A ella, por supuesto.

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