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EL EROTICÓN

La satisfacción erótica (y II)

erótica

@Carlos de la Cruz* - 24/12/2007

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¿Cómo lograr la satisfacción erótica? Algunas posibilidades son: baños de espuma, masajes con aceites aromáticos, esperando a tu pareja completamente desnudo o desnuda, seduciendo a tu pareja con mensajes sugerentes al móvil, practicando el sexo oral a pesar de que nunca te ha gustado especialmente o practicándolo porque te gusta especialmente, recorriendo toda la piel con la lengua, leyendo juntos literatura erótica, dejándote desnudar, tapándote los ojos y dejándote acariciar... ¿Más? Inventarse historias e interpretarlas, ducharse juntos, volver al coche, no olvidarse de los pezones, el cuello, los lóbulos, el ombligo... intercambiarse la ropa, hacer lo que te pidan, acariciar soplando todo el cuerpo...

Indudablemente todo esto sólo son sugerencias pero para que funcione la puerta de todas ellas ha de ser el deseo. Mal asunto si hay quien realiza alguna por la única razón de que un sexólogo las ha planteado como una posibilidad. Y quien dice un sexólogo, dice un amigo, amiga, un programa de televisión, tu propia pareja o un artículo de El Confidencial. Las posibilidades son sólo posibilidades, nunca prescripciones. Ni siquiera la buena voluntad de complacer a tu pareja es un deseo erótico, es otra cosa.

Bien es verdad que para que los deseos broten hay que regar y dejar que entre la luz, y eso significa que a veces se puede ceder, se puede probar, se puede 'intentar'. Pero algo muy distinto es cuando se tira de las hojas para que crezcan los deseos o se riega con más agua de la cuenta. Por eso a la fuerza nunca brotan los deseos, de nada vale proponer algo con la coartada de los demás, de los sexólogos o de no parecer pacatos. Probar sí, forzar no. Parecerá un simple matiz, pero es algo más. Es lo que sitúa la erótica en el terreno de los deseos o en el de las obligaciones. Y, desde luego, ¡no es lo mismo!

Todo esto nos lleva a abrir el abanico de las sugerencias y, así, mientras en unos casos puede resultar sugerente visionar una película erótica, en otros le puede resultar mucho más excitante compartir una velada escuchando canciones románticas. Quizás en otros casos resulte sugerente un masaje lento entre aceites e inciensos, mientras que otros opten por desgarrarse las ropas en cuanto se cierra la puerta. Además también existe la posibilidad (nada descabellada) de que haya quien encuentre todo esto igualmente sugerente y posible. ¡Hay días para todo!

Ya tenemos una nueva clave: no vamos a encontrar la felicidad lejos de nuestros deseos, ni de nuestras coherencias. Se podrán dar pasos, los que sean, pero sólo cuando es la propia persona quien decide darlos. No porque le empujen a ello.

Disfrutar de lo que se hace

Hasta aquí todo muy correcto y muy sensato. Pero puede que insuficiente. Para disfrutar no basta con hacer, ni siquiera con que ese hacer sea coherente y sugerente. Hace falta más. Y ese más tiene que ver con las vivencias.

Probablemente, uno de los pocos axiomas de los que se pueda hablar en la erótica es el de que “más importante que lo que se hace es el cómo se vive lo que se hace”. Dicho sea de paso, con este axioma sucede lo que con otros muchos: que se olvida con la misma facilidad que se repite.

En cualquier caso, la idea es que no bastan las caricias, ni los escenarios o el incienso. Se precisa determinada actitud. Y esta actitud no es la de cazar orgasmos, conseguir erecciones duraderas o manantiales de lubricación. Tampoco se trata de cubrir todos los poros de contacto o de trabajarse los cinco sentidos. ¿De qué valen todos los preparativos, la lencería, las sorpresas, los juegos... si lo único que logran es que estemos pendientes de que todo salga bien? ¡Qué estemos pendientes!

¿Cuál es el objetivo de las relaciones eróticas? No es presentar una buena tarjeta, ni conseguir una alta puntuación ¡en nada! El objetivo es sencillamente: disfrutar, ser felices.

La verdadera clave es DISFRUTAR DE LO QUE SE HACE y no hacer las cosas para disfrutarlas. La felicidad, como el placer, no se buscan... se encuentran.

*Carlos de la Cruz es psicólogo y sexólogo.

Asociación www.lasexologia.com.

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