SIN ENMIENDA
Peligro: giro al centro
@Juan Carlos Escudier - 22/12/2007
A Zapatero le molesta –o eso dice- pero lo suyo no ha sido un giro al centro sino un volantazo con trompo incluido. Desde que aquello de que las elecciones se ganan desde el centro se convirtiera en ley orgánica, la proximidad de las urnas tiene efectos indeseables en nuestros dirigentes, que se nos vuelven tibios y blanditos. Bastaba con escuchar a Rajoy este jueves en la copa de Navidad del PP: que si era una pena que Antonio Banderas votara al PSOE porque lo conoció en Argentina y le pareció un gran tipo; que Manuel Marín le caía bien y era justo proclamar que no había tenido mala intención en toda la legislatura; que había que reconocer que Felipe González tenía ideas…
De su cambio de sentido, el líder del PSOE ya nos había advertido con el intermitente de la derecha, que es el único que se le enciende en las últimas semanas. Como parte de esta maniobra hay que interpretar la intempestiva proclamación de Bono como futuro presidente del Congreso con la consiguiente humillación a Manuel Marín –“lo que han hecho con él no tiene nombre”, confesaba sobre este asunto un alto cargo socialista-; la designación de Solbes como número dos por Madrid; el anuncio de supresión del Impuesto del Patrimonio; o el voto de silencio con el que se ha cerrado el debate sobre el aborto, porque ahora resulta que el matrimonio homosexual es un derecho y que las mujeres decidan libremente sobre su maternidad exige consenso social.
Tenemos, en consecuencia, a Zapatero enfilando hacia ese centro mágico en el que, si las profecías se cumplen, se topará de frente con Rajoy, que viene pidiendo paso con el pañuelo como si llevara una embarazada a bordo. En el PP los giros son más bien de cartera, en el entendimiento de que a la gente todo se la trae al fresco menos que le bajen los impuestos, y que agradece mucho que se le diga que es una vergüenza que suban la leche y el pan y que si no se llega a fin de mes es por culpa del Gobierno.
La pelea, inevitable por lo demás, será en este terreno. Nos espera una competición para dilucidar quién es el más moderado, porque de lo que se trata no es de convencer al electorado de las bondades de un programa y que lo voten, sino de acomodar los programas a lo que se supone que quiere la mayoría de los votantes. Son las famosas promesas a la carta. Las ideologías no es que hayan muerto; llevan años en el pudridero, enterradas en cal viva como los borbones de El Escorial.
Paradójicamente, la batalla entre estos dos flamantes moderados será encarnizada, dada la aparente igualdad de fuerzas con la que llegarán al 9 de marzo. Según Zaplana, el PP maneja una encuesta con 15.000 entrevistas, realizadas en el mes de noviembre, que, como no podía ser de otra forma, les da la mayoría. Quizás fueran esos datos los que llevaran a Rajoy a manifestar que sólo sería presidente si obtenía un escaño más que los socialistas, dando a entender que era posible que el PSOE se impusiera en número de votos.
Los socialistas, por su parte, están convencidos de que nada puede apartarles de la victoria, sobre todo después de que se formalice en los próximos días la petición de ilegalización de ANV. También aseguran poseer sondeos que les dejen a un paso de la mayoría absoluta, por lo que es fácil deducir que alguien miente, o que las encuestas son tan fiables como las escopetas de feria.
Los más críticos con la autocomplacencia dentro del PSOE se han dedicado a analizar las proyecciones de resultados y sus conclusiones rebajan notablemente la euforia. Es posible que se gane –aseguran- pero la diferencia será mucho menor que la actual –en torno a 10 diputados- con lo que auguran una legislatura complicada y efímera.
Así las cosas, los debates cara a cara -25 de febrero y 3 de marzo- podrían tener una importancia decisiva. “Esto de los debates es como el fútbol, influyen muchas circunstancias, puedes tener un día malo…”. Eran las impresiones de Rajoy de este mismo jueves. Para líder del PP, Zapatero tiene tres opciones: defender lo que ha hecho el Gobierno; postularse a sí mismo como la mejor opción; o atacar de manera inmisericorde a la oposición. “Veremos a ver qué camino elige; supongo que el tercero”.
El optimismo, esa peculiar doctrina que ve blanco en el negro, que aprecia belleza en la fealdad y que considera un acierto el yerro más ciclópeo, se ha adueñado ya de nuestros dos insignes estadistas. Ambos corren como posesos en dirección contraria, tratando de quedarse con el pañuelo y eliminar al adversario. Zapatero no es un peligroso radical y Rajoy no es de derechas; uno es un socialista muy liberal y el otro quiere que los salarios suban lo que nos merecemos, que es mucho. Va a ser difícil elegir entre dos centristas tan convencidos.
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