EL CONFIDENTE
Las consecuencias de repetirse tanto: el Ala Oeste de La Moncloa reparte un discurso de Zapatero del año pasado
Tanto repetir siempre lo mismo, tanto pronunciar discursos plagados de grandes palabras con poca sustancia tiene un precio: los asesores se confunden y entregan a la prensa el discurso… del año pasado. Eso le ocurrió ayer al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando subió a la tribuna para informar al Congreso sobre las conclusiones del reciente Consejo Europeo de Lisboa.
Fue ahuecar la voz y arrancarse con eso de que la Unión Europea ha dejado atrás la incertidumbre y que ahora toca conseguir una “Europa de voz potente en un mundo globalizado” cuando los ojos de los periodistas empezaron a agrandarse: las frases no coincidían con el discurso que les acababan de entregar los servicios de prensa, aunque sí los temas y parte de los mensajes (el Tratado de la Unión, Kosovo, Oriente Medio, Turquía, las fronteras…).
Un breve vistazo a la portada de la intervención despejó la incógnita: el discurso que tenían en sus manos estaba fechado el 20 de diciembre de 2006. Los del Ala Oeste de La Moncloa cayeron en la cuenta entonces de que se habían ‘columpiado’ y empezaron a sudar tinta mientras buscaban el discurso correcto entre los ordenadores del grupo socialista, lo fotocopiaban y alguno hasta intentaba retirar la prueba del delito de las mesas de los periodistas, con escaso éxito: aquello era un incunable.
Los políticos suelen facilitar el trabajo de los periodistas entregando sus discursos iniciales para que puedan seguirlos mientras los pronuncian: son sus posiciones de salida del debate parlamentario que surge después. Pero el caso de Zapatero es ya un imposible. Sus asesores de prensa nacional reparten sus discursos tarde y mal, si es que lo hacen porque además al presidente le encanta recurrir a la improvisación.
Por si fuera poco, el debate de ayer tampoco invitaba al entusiasmo. Se trata del más absurdo del parlamentarismo español: los presidentes del Gobierno tienen que comparecer para informar sobre los Consejos Europeos y discutir su contenido con la oposición durante cuatro largas tediosas horas, donde todo el mundo conoce los argumentos del adversario para unos asuntos que, además, ya han sido cerrados con el resto de los países europeos. Es una especie de eterno déjà vu.
De ahí que una vez superada la crisis, y oídos los discursos iniciales del presidente y de Mariano Rajoy, los responsables del Ala Oeste de La Moncloa optaran por dejar a algún asesor de guardia y se fueran a un bar cercano a jugar al mus. Donde pasaron la tarde.
En el hemiciclo, Zapatero acusó al líder del PP de repetir siempre los mismos reproches y de tener ciertas lagunas en esto de la construcción europea: “No se si ha cogido la plantilla de otros discursos de Consejos Europeos y los ha trasladado hoy aquí”, apostilló, ufano, el presidente del Gobierno.
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