CULTURA Y PODER
Regresar al catolicismo (a los 50)

@Esteban Hernández.- - 19/12/2007
La religión está viviendo momentos contradictorios. De una parte, la vida en las ciudades aleja a los ciudadanos de las condiciones necesarias para que esa clase de creencias solidifique. De otra, aumenta el número de personas que, llegadas a la madurez, regresan a una perspectiva religiosa. Es el caso del escritor Valentí Puig, quien acaba de publicar La fe de nuestros padres (ed. Península), un volumen de prosa ágil en el que recoge su trayectoria personal, desde sus recuerdos de la infancia hasta su nueva llegada al catolicismo, al tiempo que revisa algunas de las constantes negativas de nuestras sociedades.
Para Valentí Puig, no obstante, el regreso a la fe no es un fenómeno extendido, ya que, si bien se dan algunos casos, “tienen, por ejemplo, mucha menor dimensión que los producidos en los años 30 en el catolicismo francés o británico”. Lo específico de nuestros tiempos, más que el aumento de las conversiones maduras, tiene que ver con los entornos permisivos e inconsistentes en los que se vive. Así, “cada cual escoge su propia religión, desde la new age hasta el narcisismo del gimnasio pasando por la psicología de la dieta”, lo que favorece “el resurgimiento de políticas laicistas, surgidas en Estados Unidos, pero con traslación, mimética o espontánea, a España”. Y el efecto de esta tendencia ha sido “radicalizar un tipo de catolicismo que estaba latente pero que no tenía expresión pública”. Algo que resulta particularmente negativo para la Iglesia, ya que “las convicciones tienen que expresarse en términos ecuánimes, sin dejarse arrastrar por encrucijadas políticas. La opinión que se transmite ha de tener la virtud de iluminar en lugar de ofuscar”.
En La fe de nuestros padres, Puig aborda la dimensión colectiva y la privada de lo religioso. De una parte, el texto recoge una serie de recuerdos, impresiones y convicciones personales relativas a su relación con el catolicismo. De otra, insiste en el lado público, en la medida en que aparece en Occidente una cada vez mayor distancia con la Iglesia. “Las civilizaciones que han pretendido eludir los valores religiosos han fracasado. Europa necesita un retorno a la religión, no en el sentido ya superado de unir Iglesia y Estado, sino en la medida en que las ideas que aporta aquélla constituyen la base imprescindible de nuestra cultura”. Es el caso de conceptos como libertad y tolerancia “que provienen tanto de la Ilustración como de la Europa de las catedrales. La declaración de los derechos humanos y el sermón de la montaña son parte de un todo que ha formado la conciencia europea”.
Sin embargo, según Valentí Puig, lo que nos encontramos en nuestra sociedad es el ascenso del relativismo y de las ideas débiles, “una Europa del colesterol frente a la Europa de las convicciones y del gran pensamiento. Del mismo modo que en arte se habla de la pequeña y de la gran manera, tenemos que recuperar el gran estilo de Europa. Si sólo la vemos como un bloque comercial, si no compartimos unas convicciones, perderemos la partida, porque en eso nos superará, entre otros, China”.
Fe y razón
Y, en esa tarea, “el papado de Ratzinger está marcando una apuesta muy clara”. También en otros frentes hay novedades con el nuevo Papa, comenzando por su insistencia en que fe y razón no son opuestas, algo con lo que Puig coincide completamente. “Creer en los preceptos católicos no es producto de una nebulosa irracional. Del mismo modo, afirmar en la vida pública postulados católicos puede ser producto de la razón. Creer que Cristo resucitó al tercer día exige un acto de fe, pero la idea de que determinadas formas de aborto son totalmente inmorales no requiere de ella. No es necesario creer en la Santísima Trinidad para estar racionalmente contra el aborto”.
Sin embargo, para que la apuesta de Ratzinger fructifique, según Puig, se exige cierta renovación. “A veces, el mundo religioso lo mezcla todo. Y hoy necesita ponerse al día. Y no me refiero a que utilice guitarras eléctricas en el coro sino a que se olvide de ese lenguaje corporativo que no se corresponde con la vida de la gente”. Lo que es un problema añadido para la Iglesia, que conserva una imagen pública poco favorecedora. Puig señala en el libro cómo se la ha vinculado a una atmósfera de miedo que, en su opinión, es hoy inexistente. “Europa está pasando por una crisis religiosa impresionante, las iglesias están vacías, la capacidad de influencia intelectual del catolicismo es escasa y la crisis de vocaciones es notable (por ejemplo, en Cataluña, todos los seminaristas son ecuatorianos o bolivianos). Pensar que, en este contexto, la Iglesia va a imponer las tinieblas de Trento, como creen algunos, es una estupidez. Porque no lo pretende; y aunque lo quisiera, sería imposible. Sin embargo, este tipo de acusaciones hacen que algunos católicos se sientan hostilizados y se manifiesten bajo formas que parecen integristas”.
Puig se define, además de católico, como conservador. Y lo cierto es que esas posiciones políticas están viviendo algunos cambios, toda vez que se han fusionado con posturas liberales de las que, hasta hace no demasiados años, eran enconadas enemigas. Puig, sin embargo, las ve complementarias. “El sistema de mercado necesita de un marco de derecho, de un sistema de valores morales y de un entorno confiable. Así lo cree también la Iglesia católica: en la encíclica Centesimus annus se reconoció a la economía de mercado, sin dejar de criticar, eso sí, los errores y abusos del sistema capitalista”. No obstante, las expresiones actuales del capitalismo no son las más adecuadas, ya “que está atravesando una fase de permisividad y de hedonismo que choca con los valores de la civilización cristiana. Sin embargo, no hay mejor terreno de juego que la sociedad abierta, que sólo es posible con una conexión entre estado y mercado. Otra cuestión es que, el capitalismo, como la naturaleza humana, sea imperfecto”.
Opiniones de los lectores (2)
2.
FernandoFFMiércoles, 19/12/2007, 12:57 h.
La Iglesia Católica lleva años caducada en su discurso y sobre todo en su praxis de los propios principios y objetivos.
¿Tardará otros 500 años para reconocerlo, des mismo modo que tardó hasta reconocer lo descubierto por Galileo?
Además, no es solamente cuestión de la razón que dice este papa que hay que equiparar con la fe cristiana. Más importante son las emociones de los seres humanos, principal objeto de la creación que propugna la Iglesia. ¿Cómo ignorar el derecho intrínseco de todo ser humano a emocionarse y expresar con sentimientos aquello que le ha sido otrogado?
Pobre veo los razonamiento de una institución que ha caido en la complacencia de lo establecido y que dudo que un hombre con tanto prejuicio como Ratzinger saque de su ese actual atolladero.
1.
chateauMiércoles, 19/12/2007, 10:33 h.
El articulo es muy bueno. Me gustaria hacer laguna apreciacion:
- cuando dices que el lenguaje ha sido uno de los fallos que hemos comentido y que tenemos que actualizarlo:el fallo como bien dices es el lenguaje...de los actos. Hay pocos catolicos, por lo mal que somos los que nos decimos asi. Eso es lo que hay que mejorar. Aunque nunca llegaremos a ser 100% coherentes, pues no somos perfetctos y en la incoehrencia esta nuestro pecado.
- el futuro de Europa y del mundo Occidental esta en la vuelta a sus raices cristianas. Es lo unico que puede devolver la ESPERANZA a sus ciudadanos, motor de toda civilizacion.Hoy no existe Esperanza ni entusiasmo, ni pasion por la vida, en su sentido mas puro. Exsite edonismo, con muchos placeres inmediatos, pero a costa del sacrificio de la verdadera felicidad en el largo.
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