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TRIBUNA

La independencia de Kosovo: ligereza de la UE y un mal precedente para España

Kosovo

Manuel Muela* - 18/12/2007

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Las noticias de los últimos días sobre Kosovo, provincia de Serbia que pretende su independencia, son inquietantes para Europa, porque nos retrotraen a los conflictos balcánicos de los años 90 que creíamos superados. Para España, además, supone añadir un punto de inquietud en un momento en que la caja de Pandora de los nacionalismos, más abierta que nunca, amenaza la estabilidad constitucional y los principios de igualdad y solidaridad en que se fundamenta el Estado democrático. Por eso, tanto desde la perspectiva española como europea conviene denunciar la ligereza con la que los responsables de la UE están tratando el asunto de Kosovo, sin pararse a pensar en las consecuencias de un enfrentamiento con Serbia y, lo que es más importante, su aliada Rusia. Solo algunos pequeños países de la Unión están expresando su negativa a las pretensiones de Kosovo, sin que conste una posición enérgica de nuestro Gobierno en una materia tan sensible para España.

El desguace de la República de Yugoslavia se inició con la década de los 90 en plena crisis del Bloque Soviético y de la propia Rusia, que carecía de capacidad efectiva para defender los intereses de Serbia, núcleo fundamental de aquella República. A pesar de ello, los Balcanes sufrieron una guerra atroz que se libraba en las propias fronteras de la Unión Europea, que había estimulado las ansias independentistas pero se mostraba incapaz de detener las matanzas que esa política desencadenó. Tuvo que llegar la intervención norteamericana para frenar el holocausto y sentar unas bases mínimas de convivencia entre los nuevos estados. Pero el statu quo se rompió pronto, a costa de Serbia, con la independencia de Montenegro en paralelo con el establecimiento de un protectorado en la provincia de Kosovo. Las fuerzas internacionales allí desplegadas, en las que hay una nutrida representación española, no tenían la misión de procurar la independencia. Su papel era y es el de velar por la seguridad de los habitantes, con respeto a las fronteras surgidas de los conflictos anteriores.

La aparente calma conseguida y la atracción de Serbia hacia posiciones más moderadas en pro de su acercamiento a la UE formaban parte del bálsamo necesario para restañar heridas y recuperar el equilibrio en la península de los Balcanes. Así han transcurrido unos pocos años hasta que, para sorpresa de muchos, se plantea la posibilidad del nacimiento de un nuevo Estado, a costa de Serbia, apadrinado por las grandes potencias de Europa Occidental, principalmente Alemania y Francia, que parecen haber olvidado las consecuencias de iniciativas anteriores en la zona.

En el tiempo transcurrido se han producido en Europa dos fenómenos importantes, dignos de consideración. Por una parte, la ampliación de la Unión Europea, formada por un caleidoscopio de 27 estados, acompañada de una crisis política y de dirección que ratifica la afirmación de que la UE es un gigante económico y un enano político. Esto último tiene trazas de continuar bastante tiempo. Por otra parte, Rusia parece haber salido del marasmo en que estuvo sumida toda la década de los años 90 y, bajo el liderazgo de Putin, tiene la resolución de hacerse oír y valer como la gran potencia del Este de Europa, contando para ello con el valor estratégico de sus inmensos recursos naturales, especialmente el petróleo y el gas, que, bien administrados, son un arma de disuasión formidable en el mundo desarrollado.

Pues bien, en este escenario se plantea el asunto de la independencia de Kosovo, que reabre viejas heridas y pone a prueba la alianza de Serbia con su hoy poderoso aliado, Rusia, sin que nos consten las ventajas que para el resto del Continente tiene estimular otra ruptura más de fronteras cuando tal peligro parecía ya conjurado. En el caso de España sería un precedente política y doctrinalmente muy peligroso; porque si una pequeña provincia de Serbia, Kosovo, es aplaudida y patrocinada en sus deseos de independencia qué podría decirse en el caso de regiones españolas importantes, Cataluña y País Vasco, con un peso político, cultural y económico infinitamente mayor que el de la modesta provincia de Serbia. Por eso sorprende la tibieza de las posiciones de nuestro gobierno en la UE, como si el asunto de los nacionalismos secesionistas nos fuese ajeno.

A veces olvidamos que la condición humana nos impulsa muchas veces a tropezar en la misma piedra. Y ese parece ser el caso de algunos gobiernos europeos a propósito de Kosovo. No es de recibo, después de las tragedias vividas ante el asombro y la impotencia de los ciudadanos europeos, tentar a la suerte. Por lo menos habría que explicar hasta donde se quiere llegar y si la UE representa alguna garantía de intangibilidad de las fronteras nacionales. De momento parece que no.

*Manuel Muela es economista.

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Opiniones de los lectores (28)

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28. usuario registrado Carnaval15/02/2008, 18:09 h.

Evidentemente todo el mundo cree en el merito, pero ganado en igualdad de condiciones.
Hablar de igualdad de oportunidades, haciéndolo compatible con la segregación por razón de origen, lengua, religión, raza, lugar de nacimiento, etc, me parece un ejercicio de cinismo; en el mejor de los casos.
De todas formas lo de “desireratum” pues no está nada mal.
Sirve para todos y para todo.
Quiero decir que se le puede dar como contestación a cualquiera y sea cual sea la causa que reivindique.
Saludos.

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27. Ducdalba15/02/2008, 18:07 h.

para #11: Albania no es islámica, más o menos un 40% de su población es musulmana, otro 30% cristiana y el resto ente ateos y otros. Igual hasta nos podrían enseñar algo sobre tolerancia y pluralidad religiosa, no?

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26. Flanagan dEC15/02/2008, 17:40 h.

Señores, hace algunos años en España se aceptó el divorcio. En una pareja, si una o las dos partes se encontraban a digusto tenían derecho a separarse a todos los niveles. Todos lo aceptamos como normal. Si una de las partes quiere conseguir que la pareja no se vaya, hablan, negocian, agasaja, se compromete a mejorar su actitud,... lo que esta claro es que si quiere recuperar a la pareja perdida se esfuerza en mejorar. Pues para Kosovo o para cualquier otro pais es lo mismo. Si Kosovo se quiere separar de Serbia, seguro que existe algún motivo. ¿O acaso los Kosovares deben sacrificarse para mantener una unidad que no quieren? Si quieren independizarse, que lo hagan, es su derecho, su vida y su país.

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25. usuario registrado nou15/02/2008, 17:38 h.

Igualdad no discriminación, son "desideratums", no se cumplen al 100% en ningún sitio del globo.
Si vives en una zona rural tienes unas ventajas e inconvenientes respecto a un "urbanitas" que tiene los servicios más a mano.
Si vives en Barcelona te frien a peajes para entrar y salir de la ciudad, cosa que no te sucede en Cáceres.
En fin yo creo más en el mérito que en la igualdad. igualdad pero de oportunidades.
Los socios que contribuyen mas a una empresa común deben obtener más ganancias no al reves.

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24. usuario registrado Carnaval15/02/2008, 16:48 h.

Nou (22)
No se si te refieres a mi en tu comentario, pero yo no tengo ese tipo se sueños.
Para mi lo normal y racional es aquella organización que permita a cualquier ciudadano serlo de pleno derecho en cualquier rincón del país cuya ciudadanía posee, sin que sufra discriminación en razón de su lengua, religión, lugar de nacimiento, raza, etc.
Y como pleno derecho entiendo tener las mismas obligaciones (juridicas, fiscales, etc) y el derecho a los mismos servicios con independencia de lugar de nacimiento o residencia.
Esta es una buena base de partida.
A partir de aqui, habra que analizar si la actual organización garantiza esta igualdad entre ciudadanos.
Saludos.

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