TRIBUNA
¿Elecciones o saldos?
José Luis González Quirós. - 19/12/2007
Como las elecciones se adivinan reñidas, los partidos pueden caer en la tentación de dejarse arrastrar por la dinámica de las rebajas y dedicarse a acariciar la oreja de los electores. Si bien se mira, esto de que los políticos nos prometan cosas que van a hacer con nuestro dinero no deja de ser un poco masoquista, aunque, según parece, los electores españoles no acaban de hacerse a la idea de que los políticos no nos dan sino una parte de lo que pagamos con nuestros impuestos.
Las elecciones generales constituyen con frecuencia un caso muy particular de lo que podríamos llamar estrategia de desplazamiento de la atención. Trataré de explicarlo con alguna brevedad. Cuando necesitamos contar los votos es porque suponemos que no hay un procedimiento racional capaz de tomar las decisiones que se someten al criterio de los electores, decisiones tales como quién ha de gobernar o qué programa es preferible aplicar. Ahora bien, el hecho de que no se pueda establecer un procedimiento objetivo para decidir esas cuestiones (no hay, en este sentido, una verdad política indiscutible) no implica, ni muchísimo menos, que esas decisiones colectivas no sean racionales y, menos aún, que se deban tomar al margen de motivos racionales; el hecho de que vayan precedidas por una campaña, abona la idea de que los contendientes tienen que explicar sus argumentos y pretensiones a los ciudadanos para que estos decidan lo que más les conviene o lo que mejor se ajusta a sus opiniones y creencias.
Se trata, pues, de un debate racionalmente inaprensible, pero que, al menos idealmente, ha de ser enteramente racional. Sin embargo, frente a esta idea de una democracia que se apoya en la capacidad de los ciudadanos de decidir libremente y de acuerdo con su criterio, nos encontramos, muy frecuentemente, con que los contendientes no tratan de estimular nuestra inteligencia, sino de manipular nuestra voluntad; en definitiva, de engañarnos. Como en la estrategia comercial, no se trata de las atender las necesidades o preferencias del cliente, sino de explotar sus debilidades.
La estrategia electoral consiste entonces en conseguir que el elector se olvide de lo principal (por ejemplo, si es necesario cambiar de Gobierno o si se le debe dar otra oportunidad) y piense en lo que le interesa, en lo que pueda sacar de la victoria de unos o de otros. Ahí es donde actúa el arte propagandístico de las campañas con mayor intensidad; en primer lugar, proponiendo estrategias de identificación que sean casi irresistibles, defendiendo bienes que nadie pondría en duda. En segundo lugar, ofreciendo ventajas: con estos nos iría mejor que con aquellos. Las elecciones, que deberían suponer un debate profundo y serio, suelen quedar así reducidas a una contienda que se acaba recubriendo de una u otra forma de mil colores sentimentales.
Una democracia madura es la que sabe crear instituciones e instrumentos que minimizan ese riesgo. Cuando eso no es así, se asiste a un espectáculo poco edificante en el que unos y otros (aunque generalmente más unos que otros) se dedican a prometer lo que de sobra saben que no van a cumplir. Los partidos que actúan así tienden a conformarse con lo que llaman el “voto propio” y procuran pescar el de algún descontento de las filas rivales ofreciéndole “productos” atractivos. Con estas tácticas se sustrae a los electores de lo principal y se convierte un sistema modélico de decisión en un equívoco. No se trata de escandalizarse, pero sí habría que tratar de que los políticos no se excediesen en los artículos de saldo.
Los expertos en comunicación han descubierto hace tiempo que es más fácil manipular que convencer, que la verdad puede ser enojosa, y que el disimulo y la hipocresía son rentables. Goebbels, que era un genio de la propaganda, recomendaba fijar de la manera más simple al enemigo y asociarle con toda clase de males, necesitado como estaba de fanáticos en su estrategia de guerra total. Si se exceptúa a los nacionalismos, que actúan igual que Goebbels, en tanto en cuanto consideran que cualquiera que no sea de “los nuestros” es un traidor, nuestra democracia es, al menos, más permisiva y, por lo general, menos fanática, algo que hay que celebrar de verdad.
Vista en perspectiva, nuestra historia electoral no es especialmente mala y, más allá de la adulación a la madurez del electorado, los resultados de las elecciones generales indican una cierta coherencia. La cuestión es si ahora volverá a pasar lo mismo o se le perdonarán al Gobierno sus desventuras merced a su carácter dadivoso. Enrique Tierno hizo celebre la definición de que los programas están para no cumplirlos, aunque desde aquellos años hemos avanzado en la buena dirección. Aznar predecía lo que iba a hacer y lo cumplía, y Zapatero ha hecho lo mismo, al menos al principio. La ventaja de exigir a los políticos que se mojen es que luego no nos llamamos a engaño. Además, aprenden de verdad a ser representativos y a colocarse en el espacio en el que la sociedad se coloca. Esto es lo que está en juego y no ninguna dádiva.
*José Luis González Quirós es analista político y escritor
Opiniones de los lectores (4)
4.
Cuquiña19/12/2007, 19:18 h.
Nunca funciona a tanta presión la manipulación como en época electoral. Las grandes expectativas que despiertan los debates entre los dos líderes a mi me interesan mucho como espectáculo, pero nunca dejaría mi voto para ese momento en lo que todo está ya consumado, es decir, el gobierno ya ha hecho o a dejado de hacer sus deberes durante estos cuatro años, en los cuales los he seguido milimétricamente, comprendo que es muy cansado, pero las ojeras de un señor, la barba mal afeitada, el gracejo y sus ojitos me van a influir, hechos son amores y no buenas razones.
Considerar un debate como un derby me parece una frivolidad, como el hecho de decir quién ganó,ya que todos se creen que ganó el que más les gusta. Repito, lo que hemos de juzgar es una legislatura entera, ponerla en la báscula y analizar si merecen seguir o hay otros que pueden mejora la gestión. Seamos serios.
3.
FernandoFF19/12/2007, 15:52 h.
La esencia de la cuestión ya sea en política, en los medios de comunicación o entre profesionales en marketing e imagen se fundamenta en una - la conducata ética de cada individuo en el ejercicio de su actividad y en su comportamiento cotidiano.
La manipulación solamente es posible si -
1.) hay desconocimiento o desinformación
2.) hay desequilibrio de fuerzas con dominio del manipulador
3.) hay deformación, omisión o ocultación de los hechos reales
En tales casos, un público estaría sometido a condicionantes emocionales que "manipularían su ánimo" para acceder a ser partícipe de algo que desconocone, no cree o ni siquiera le interesaba hasta ese momento.
Se lo dice un experto en comunicación y gestión del conflicto.
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Los políticos no siempre son buenos comunicadores, por eso emplean a asesores que les platean tácticas poco convincentes y tendentes a la manipulación. Es la salida fácil para los malos profesionales en comunicación y lo aceptan los políticos mediocres que no saben valerse de su propia auto-estima.
2.
martes carnaval19/12/2007, 15:17 h.
Querido José Luis:
A escasos dos meses y medio de las elecciones, en el debe de Zapatero hay que contabilizar:
1 ) Que haya dividido al país como no lo había estado en los últimos 32 años?
2 ) Que haya conseguido que los nacionalistas periféricos --a los que ha dado alas brindándoles plataformas de poder-- estén más envalentonados y sean más reivindicativos que nunca.
3 ) Que haya forzado al Congreso a aprobar un “Estatut” inconstitucional, que ha abierto la puerta a modificaciones poco meditadas en varios Estatutos más.
4 )Que haya sido el principal responsable de que se prive a la ciudadanía de un elemento clave para votar como es el conocimiento de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre ese "Estatut", que se demora ya año y medio.
5 )Que no haya tomado medidas ante los malos augurios económicos.
6 ) Que haya permitido y posibilitado el desmesurado aumento de la cesta de alimentos básicos.
7 ) Que haya sido el principal responsable de la irrelevancia internacional de España, evidenciada una y otra vez.
A pesar de todo esto, es más que probable que gane las próximas elecciones. Mi pregunta es: ¿Qué ha hecho Rajoy durante todo este tiempo?
1.
borondes19/12/2007, 12:08 h.
Saldos Zapatero ya se ha puesto en marcha: millones de empleos, pisos a tutiplen, lo que sea, oiga, lo que sea. De cualquier manera me parece que lo peor de la campaña llegará cuando se abandonen las ofertas y se pase a poner al PP en su sitio: detendrán a Rajoy por conducir temerariamente, pillarán a Acebes haciendo copias de un LP de Serrat, cualquier cosa para evitar que gane Aznar, que, por cierto, tampoco se presenta en esta ocasión... yo que sé lo que dará de si la factoria Rubalcaba
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