TEATRO
Elegante baile de emociones

José Maya y María Pastor inmersos en su juego de observación.
@María José S. Mayo - 15/12/2007
EL JUEGO DE YALTA

Dirección: Juan Pastor.
Autor: Brian Friel, basado en el relato La dama del perrito de Chejov.
Intérpretes: María Pastor y José Maya.
Lugar: Guindalera. Martínez Izquierdo, 20. Madrid
Teléfono: 91 361 55 21.
Horario: Viernes a domingos a las 20 h.
Fecha: Hasta abril de 2008.
Precio: 15€; grupos, 10€.
www.guindalera.com
Fieles a la obra de Chejov -con cuya adaptación de La gaviota han tenido éxito de crítica y público- y de Brian Fiel -del que representaron su obra mayor Bailando en Lughnasa- la compañía de la Sala Guindalera de Madrid lleva a escena El Juego de Yalta, la adaptación dramatúrgica que Friel realizó de ese ejemplar relato del mencionado escritor ruso titulado La dama del perrito. Las coordenadas son las mismas que en otras ocasiones: Juan Pastor, su director y escenógrafo- dispone un sencillo espacio escénico en el que prima la interpretación de los actores, siempre muy cercanos al público, casi rozándoles con sus gestos, en un acto casi de comunión artística.
Gurov desarrolla el juego de observar y ser observado, de intentar extraer la ejemplaridad de cada vida que pasea por la ciudad de Yalta, y en él introduce a Anna, la dama del perrito que pasea sin su marido, su objeto de seducción y, luego, algo más allá. Entre medias de los sucesivos encuentros que les convierten en amantes, los protagonistas sienten la necesidad de explicar sus motivos, quieren ser recordados, quieren resaltar su carácter único, a pesar de estar abocados a ser una pareja más que se perderá en el olvido. En esto se encuentra su grandeza: en su necesidad de ser reales dentro la ficción teatral -donde la cascada es sugerida con un sonido y el perrito no se ve-, de creer que su historia no se produjo solo por una cierta disposición emocional, de que las cosas perduran a pesar de su fugacidad. En definitiva, que haya algún lugar donde permanezcan inmarcesibles los pequeños actos vitales, llenos de grandeza para el que los vive.
El juego que se traen entre manos los dos protagonistas en escena es elegante, sutil, si bien no termina de resultar realmente contundente. María Pastor es una actriz perfecta para el personaje de Anna. Es capaz de trasmitir una necesaria fragilidad mezclada con cierta determinación, si bien por momentos resulta algo efusiva. A su vez, José Maya actúa desde la contención, dando el perfecto contrapunto a los envites encantadores de Anna. Pero se echa de menos una mayor química entre ellos, elemento esencial en este, no obstante, elegante baile de emociones. Con el resto de los elementos escénicos, el vestuario -siempre acertado y bellísimo en esta compañía- y la iluminación se ha dado en el clavo, logrando, a pesar de las pequeñas imperfecciones, un espectáculo lleno de capacidad de sugerencia que conecta con el público más sensible.
LO MEJOR: Su capacidad de conectar con el público.
LO PEOR: Cierta efusividad de la protagonista.
En cartel en Madrid:
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