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El consumo contra sus críticos

@Esteban Hernández - 08/12/2007

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LA FELICIDAD PARADÓJICA

Autor: Gilles Lipovetsky.
Editorial: Anagrama.
Páginas: 399.
Precio: 20 €.
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Está creciendo la alarma social, especialmente entre los sectores más concienciados, respecto de la falta de valores imperante. Una pérdida ética que suele vincularse al ascenso del capitalismo de consumo, a ese mundo desenfrenado que sólo tiene espacio para el goce inmediato y para los placeres privados, como si todos los individuos contemporáneos estuvieran dedicándose en exclusiva a sí mismos. Por eso, dicen sus críticos, se están debilitando la familia y la religión, la política y los sindicatos: todo lo que implica sacrificio es rechazado. El turbocapitalismo, pues, no sería otra cosa que la articulación social de ese sujeto que se pasa la vida observándose y pensando cómo pasarlo mejor, y que vive en un mundo que le incita a (y le facilita) buscar de continuo el placer. Son, sin duda, una serie de acusaciones sencillas de rastrear en la moral pública de los últimos siglos, aunque su expresión actual aparezca vestida con rasgos preocupantes, dada la creciente violencia, la debilidad de los lazos intersubjetivos y el aumento de la inseguridad en todos los órdenes.

Este es el suelo social sobre el que Gilles Lipovetsky levanta sus análisis. Y lo hace para intentar convencernos de que, al contrario de lo que se suele argumentar, esta sociedad de hiperconsumo no es negativa. Que, desde luego, tiene excesos que deben moderarse, y deficiencias que deben suplirse. Por ejemplo, hace falta menos consumo en un mundo de caprichos y hace falta más consumo allí donde faltan necesidades básicas. Pero también posee ventajas: quizá hemos perdido lazos familiares, pero era necesario alejarse de entornos rígidos; puede que el consumo desenfrenado aumente, pero también lo hace el número de consumidores responsables, de quienes traten de elegir productos que permiten el desarrollo sostenible. Y también percibe Lipovetsky (numerosas) alarmas infundadas. Es el caso del sexo, del que se afirma que está demasiado presente en nuestras vidas, lo que nos provoca numerosos problemas. Pero lo cierto, argumenta el ensayista francés, es que tantas invocaciones a convertirnos en supermen (o superwomen) en la cama no nos afectan. Que en todo caso, lo único que ha cambiado es que nos decimos te quiero después de hacer el amor en lugar de antes.

Quienes atacan a la sociedad de hiperconsumo, pues, pierden el tiempo. Porque puede que provoque efectos poco deseables pero, en opinión de Lipovetsky, no hay alternativa. No se percibe nada en el horizonte que la pueda sustituir. La idea del autor de La era del vacío, en consecuencia, no es reseñar las disfunciones y los problemas que causa cuanto refutar a sus críticos, como si el exceso estuviera del lado de quienes caen en posturas catastrofistas o maximalistas al examinar los procesos sociales contemporáneos.

La felicidad paradójica cuenta con algunas virtudes, derivadas de la capacidad analítica de su autor y de su pulso a la hora de dar cuenta de las tendencias contemporáneas. Igualmente, se ve perjudicado por un estilo que no siempre posee, en un ensayo para el gran público como este, la claridad en las tesis que sería deseable. Pero, en realidad, lo que sostiene al texto, y lo que le ayudará a encontrar su público, es que maneja los mismos argumentos de fondo que están siendo empleados por la derecha contemporánea. Ésta ve nuestra sociedad como sometida a excesos que deben ser corregidos. Siendo gobernada por el mejor sistema posible, las disfunciones vienen causadas porque se sobrepasan los límites, como si los actores sociales no supieran frenar a tiempo y cayeran en exigencias demasiado elevadas, ya provengan de colectivos que no son realistas en sus demandas o, como apunta Lipovetsky en el terreno subjetivo, de quienes se vuelcan inmoderadamente en la satisfacción de sí. Es decir, La felicidad paradójica señala respecto de la sociedad de consumo lo mismo que los teóricos de la derecha subrayan de nuestros tiempos: que han ido demasiado lejos. Su argumento de fondo no sería negar los derechos (por ejemplo) a los gays o a los nacionalismos sino moderar sus expresiones más exigentes. Igual hace Lipovetsky: no estamos ante un problema de fondo, sino de excesos. Hay que corregir y encuadrar la sociedad de consumo, no rechazarla.

LO MEJOR: Aborda un asunto esencial de nuestro tiempo.

LO PEOR: Demasiado extensa, habría ganado con una mayor concisión.

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