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El triunfo de la provocación

El triunfo de la provocación

@Esteban Hernández - 08/12/2007

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MODERNIDAD

Autor: Peter Gay.
Editorial: Paidós.
Páginas: 592.
Precio: 40 €.
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La empresa que acomete el prestigioso historiador Peter Gay, retratar los últimos 120 años a través de sus figuras excepcionales, circula en sentido opuesto al habitual. En lugar de reparar en quienes destacaron por su fortuna, capacidades individuales, éxito en los negocios o triunfos en la política, Gay prefiere ofrecernos una radiografía social a través de aquellos que se buscaron a sí mismos por caminos secundarios, escondidos o directamente prohibidos. Y se trata de una apuesta útil. Porque ¿quién representa mejor a las décadas finales del siglo XX que Andy Warhol, un tipo de deseo frío, que pretendía que todo era arte, cuyo objetivo era conseguir gratis cualquier cosa y al que le gustaba alardear de ingenio verbal?

Y es que los artistas, sin duda, utilizaron sus conocimientos técnicos o su inventiva para, entre otras muchas cosas, llamar la atención, modificar conciencias o buscar el escándalo. Pero también eran, en la vida cotidiana, quienes representaban la contratara de las aspiraciones del común de la sociedad. En sus posturas, y a veces en su vida, no había comedimiento ni moderación; pretendían ser sí mismos distanciándose del hombre común (el burgués) hasta convertirse en su pesadilla. Por eso, el libro se abre con una cita de Baudelaire: “El hombre de letras es enemigo del mundo”. Y por esas mismas causas, Gay llama al movimiento moderno “la atracción de la herejía”.

Pero el texto es interesante no sólo para saber qué fue la modernidad, quiénes la vivieron en primera persona en qué excesos incurrían, sino para conocer toda una sociedad a través de su contestación. Porque la modernidad, con su énfasis en el yo y su tibieza respecto de las grandes posturas políticas, significó la respuesta estética al sistema, con todo lo que tenía de refutación de la cotidianidad burguesa, de los preceptos morales que la sostenían y del plan de vida que dibujaba.

Cada artista, su propia visión de la modernidad

En consecuencia, fue notablemente diversa: cada artista poseía su propia dirección existencial, su propia visión de los tiempos y su propia lectura de lo que la modernidad significaba. Y Gay logra sintetizar todas esas líneas que se entrecruzan en dos tendencias, que constituirían el núcleo del movimiento: la búsqueda de lo nuevo y la preeminencia de la exploración del yo. Ambas características son dibujadas a través de un buen número de artistas, desde Oscar Wilde, y sus pasiones prohibidas y fatales, hasta Frank Gehry, (arquitecto del Guggenheim bilbaíno), ejemplo de la lealtad a la esencia moderna, en opinión de Gay: toma la tradición, la reinventa y la convierte en expresión de sí. Entre medias, aparecerán escritores como Virginia Woolf o James Joyce, músicos como Stravinsky o Schoenberg, cineastas como Chaplin o Welles, pintores como Kandinsky o Picasso. A su través, Gay recorre el final del siglo XIX y todo el siglo XX, las condiciones sociales que imperaban, las tendencias que se imponían y las que desaparecían, tratando de dibujar un retrato colectivo a través de personajes que se situaban en los márgenes de la creación.

Pero el libro es, sobre todo, el repaso a un movimiento que ya no existe. La conversión de cualquier cosa en arte, que es también la certificación de que nuestro sistema permite vender lo que sea (incluso sus transgresiones) con tal de obtener beneficios, fue uno de los motivos esenciales que llevaron al movimiento moderno a su fin. El segundo aspecto que, según Gay, ha contribuido a acabar con la modernidad, no es que la cultura se haya convertido en negocio, algo que siempre ha sido, sino que los procesos comerciales se han intensificado y acelerado, fomentando acuerdos que terminarán por marginalizar a las futuras vanguardias. Y mientras constata ese fin, Gay, un escritor penetrante, nos cuenta, en un texto atractivo y ameno, en qué medida ayudaron los modernos a dibujar los contornos de la sociedad en que se inscribieron.

LO MEJOR: La agilidad con la que discurre el texto y la agudeza psicológica de la que hace gala el autor.

LO PEOR: La sobreabundante casuística.

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