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Escueta parábola de un escritor y su musa

Escueta parábola de un escritor y su musa

David Thewlis y Irène Jacob, encuentro en la cama.

@María José S. Mayo - 05/12/2007

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LA VIDA INTERIOR DE MARTIN FROST


Director y guionista: Paul Auster.
Fotografía: Christophe Beaucarne.
Música: Laurent Petitgand.
Intérpretes: David Thewlis, Irène Jacob, Michael Imperioli y Sophie Auster, entre otros.

Paul Auster se encierra en su laberinto y tira la llave. Sólo los devotos seguidores del escritor disfrutarán con las autorreferencias a su mundo en esta nueva película dirigida y escrita por él. Y es que aquí está presente su obsesión por la soledad del escritor y sus ritos, por las máquinas de escribir, por los personajes estrambóticos y esa becketiana inclinación a las historias sobre la identidad y a los juegos de palabras. Ya lo dijimos hace unas semanas con motivo de la publicación de este guión por la editorial habitual de Auster: los dos personajes son poco más allá que vehículos de ideas, carecen de una identidad definida y por eso no terminan de resultar interesantes. El escritor protagonista es el simple brazo ejecutor de las filias y fobias de Auster; y el de la mujer que irrumpe en su vida, Claire, es poco más que un vehículo de jugueteos seductores.

Tampoco ayuda a mejorar el resultado final el actor elegido, David Thewlis -con un parecido más que razonable al desaparecido Fernando Fernán Gómez-, demasiado sobrio para el personaje de Martin, ya de por sí opaco. Pero no así Irène Jacob, una actriz con ese punto de fascinación que tan bien supo aprovechar Kieslowski, perfecta para el papel inspirador del autor. La película funciona bien en los primeros veinte minutos, pero pasada la sorpresa inicial, el interés se va desinflando por la falta de puntos de inflexión interesantes.

Auster demuestra ser un director simplemente correcto que propone una puesta en escena demasiado plana, poco arriesgada y personal: le tiene demasiado respeto a su guión. Eso hace que figuren momentos tan desafortunados como las imágenes en blanco a modo de flash-back, los insertos de dibujos de espirales, de trazos laberínticos, secuencias oníricas con una máquina de escribir dando vueltas que no vienen a aportar nada que enriquezca la narración. Su humor particular se vuelca especialmente en el personaje de Fortunato, el fontanero que dedica sus ratos libres a ser escritor, un interesante acicate de una narración con vocación literaria gracias a la inclusión de una voz en off (¿el propio Auster?) que cuenta lo que no necesita ser contado, pues lo narrado de por sí es bastante sencillo. De esta forma La vida interior de Martin Frost es casi como una pequeña anécdota fílmica, una película con muy pocas pretensiones y con su pequeño mensaje filosófico sobre los límites de lo real. Muy poco más.

LO MEJOR: Irène Jacob y la aparición de Fortunato.

LO PEOR: Sus flashbacks en blanco y negro.

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