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El cine contra la Iglesia, de nuevo

@Esteban Hernández.- - 05/12/2007

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El cine contra la Iglesia, de nuevo
 

El estreno de La brújula dorada supondrá el nuevo desencuentro entre el cine contemporáneo y la Iglesia. La película adapta la primera parte (Luces del norte) de La materia dorada, trilogía del escritor Philip Pullman que había recibido numerosas críticas (y alabanzas) por su carácter anticatólico. Según Juan Orellana, director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal española, la película, que cuenta con la participación de Nicole Kidman, Sam Elliott e Ian Mckellen (Gandalf en El Señor de los anillos) es “tan fallida como tramposa. Pretende ser la típica producción infantil pero confunde a los niños al mezclar las cosas, les llena de temores y dudas, que es lo que contrario de lo que debería hacer una película”. Orellana reconoce que la versión cinematográfica suaviza los ataques al cristianismo que aparecían en el texto de Pullman, pero éstos siguen estando presentes. “Aunque los malos de la película son un grupo que se hace llamar El Magisterio, los símbolos que utilizan son muy parecidos a los cristianos, y los lugares en los que residen reproducen elementos ornamentales de basílicas del Vaticano. Además, el largometraje niega la resurrección de Cristo y da a la materia la última palabra”.

En los últimos años, han existido una serie de producciones que han tenido notable aceptación en taquilla y que atacan actitudes y creencias de la Iglesia católica. El último ejemplo ha sido la versión cinematográfica de El código Da Vinci, la obra de Dan Brown. Pero, en opinión de Orellana, lo que las hizo triunfar (“y sólo a alguna de ellas”) no fue su carácter anticatólico sino la inversión en promoción. “La gente va al cine a ver lo que se ha publicitado mucho, aunque sea una basura. Vivimos en una época donde las apariencias se tienen demasiado en cuenta y la gente se deja llevar por las marquesinas o por los trailers. Muchos ni siquiera leen ya la sinopsis de las películas para saber de qué van”. Advierte Orellana, asimismo, que atacar a la Iglesia no sólo produce beneficios. “Los responsables de Tripictures, que son quienes distribuyen en España La brújula dorada, están preocupados porque saben que, aunque los católicos no seamos la mayoría de hace unos años, si decidimos no ver esa película les podemos crear un problema en taquilla”.

Un ejemplo reciente de ese mal funcionamiento en cuanto a venta de entradas podría ser Teresa: cuerpo de Cristo, la lectura particular de Ray Loriga de la vida y obra de Teresa de Ávila, y que generó alguna polémica días antes de su estreno por las escenas de teórico contenido erótico protagonizadas por Paz Vega. Según Orellana, “Teresa se ha arruinado porque no tenía un público claro. Los católicos no íbamos a ir a verla y al no católico no le interesaba la historia. Y eso que la película tenía algunos valores. Pero el marketing que le quiso dar su productor, Andrés Vicente Gómez, se volvió contra él. Porque no existía ninguna polémica. La creó él y le salió mal”.

Orellana acaba de publicar Como en un espejo, Drama humano y sentido religioso en el cine contemporáneo, (Ediciones Encuentro) texto en el que repasa más de 350 películas del nuevo siglo y cuyos contenidos analiza para saber qué nos dicen de nuestro tiempo. Orellana percibe tres tendencias en lo que se refiere a la religión: “hay un cine que toma lo religioso desde una perspectiva muy new age, moviéndose en una suerte de eclecticismo que recoge elementos de varias confesiones y que ha terminado por convertirse en una veta muy poderosa hoy día”. Junto a ella, “quedarían todavía residuos de otra época, del cine confesional, como es El gran silencio”. Y, en último lugar, “existe un cine que ataca directamente al catolicismo, lo que es una novedad. Hace 30 años, esta clase de películas no existían”.

El drama contemporáneo

El cine, en todo caso, y a eso alude el título, es un espacio en el que quedan anotadas las ideas, tendencias y convicciones de una época. Y lo más relevante de la nuestra, y lo que más dejan entrever sus creaciones de masas, es que “estamos en una sociedad muy marcada por el nihilismo, sin referentes claros, donde se viven con especial dureza temas como la soledad y la fragilidad de las relaciones humanas, con especial énfasis en las familiares y las de pareja”. Creemos, asegura Orellana, que el cine de nuestro tiempo prefiere reflejar la levedad general y, sin embargo, en él quedan anotados el drama y el sufrimiento contemporáneos. “Cuando comencé a escribir el libro, me quedé sorprendido de la cantidad de dolor que hay en las películas actuales, sobre todo en el cine más independiente. Parece que estamos en una época cachonda pero hay detrás muchas preguntas, mucha soledad y sufrimiento”.

Probablemente causados por cambios sociales inquietantes. “Si antes no se podía hablar del sexo o de la violencia en público, y tampoco en el cine, lo que terminaba por hacerlos más soterrados y duros, hoy se convierten casi en cosa de cómic. No hay más que fijarse en las palizas que se graban para luego pasárselas por los móviles”. Y el reflejo de esa tendencia en el cine es claro. “Por ejemplo, la violencia en Tarantino no te la puedes tomar en serio. Está pensada para su utilización con intenciones cómicas, como ocurre en Kill Bill”. Pero hay otros usos más crueles. “Se ha impuesto una estética de la violencia innecesaria argumentalmente y que, sin embargo, se muestra de forma muy explícita, convirtiéndose en un fin en sí misma. Eso también es nuevo. Antes, incluso cuando Kubrick la mostraba en La naranja mecánica, no era de forma frívola. Hoy, en cambio, es una baza comercial, como si mostrar una estética descarnada tuviera valor en sí mismo”. Por eso, Orellana se detiene en su libro en el análisis, a través de las obras cinematográficas, de esos cambios. Aunque, además, quiera “reflejar la respuesta católica frente a ese dolor”.

También incluye en el texto un análisis de la relación interna entre la Iglesia española y el cine, narrando el camino que ha tenido que recorrerse desde la Transición. Orellana subraya que “los cambios han sido difíciles, duros y complicados, ya que pasar del concepto de censura al de crítica de cine llevó muchos años de enfrentamiento y disensiones en la Iglesia. Hubo mucha desorientación en el proceso”. Una prueba más, aunque en sentido contrario, de las relaciones difíciles entre el séptimo arte y el catolicismo.

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Opiniones de los lectores (1)

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1. usuario registrado anonimo52Miércoles, 05/12/2007, 10:57 h.

Este tipejo que se cree, el salvador del mundo?

Hace 800 años los monjes y sacerdotes ya miraban a escondidas contornos dibujados de mujeres desnudas, ¿irían al infierno? jaja
A ver si va a resultar ahora que los cruzados, que eran ultracatólicos, no eran violentos... es que es un chiste mal contado.

¿porque la iglesia bendecía las cruzadas y no bendice las peliculas de Tarantino?

O mas cercano en el tiempo: ¿porque la Iglesia actual, hace 30 años bendecía las torturas en Chile (amputaciones de miembros, escaldamientos, violaciones múltiples, quema de ojos...) mientras que condenaba al mismo tiempo los primeros destapes?

Cuanta mas cultura, menos iglesia, y eso es lo que a algunos (como este poltronero) les jode.
Y lo peor es que en lugares como éste Confidencial les den cancha, cuando lo primero que harían sería censurarlo por liberal.

Vais cada día peor.

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