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TRIBUNA

Contra el encuadramiento

José Luis González Quirós* - 29/11/2007

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Mi primer recuerdo del franquismo se remonta a un aula infantil a mediados de los cincuenta: el maestro nos explicaba que todos pertenecíamos a las “falanges juveniles de Franco”, y recuerdo con nitidez mi pregunta asombrada sobre cómo podía ser que yo formase parte de una organización en la que no había pedido el ingreso. Por lo visto, así era. Ahora, cincuenta años después, son muchos los que se empeñan en que los españoles sigamos encuadrados, los que no conciben otra cosa que el partidario acérrimo o el enemigo a muerte. La verdad es que, sobre todo en la izquierda, abundan los que echan al franquismo la culpa de todos los males, sin reparar que, independientemente del juicio que se tenga sobre aquella era, una de sus herencias es, precisamente, esa especie de encuadramiento universal que tan agobiante resulta.

Si por algo fue atractiva la transición fue precisamente porque significó una cierta vacación en ese encuadramiento; porque, acabado el franquismo, parecía que iba a emerger una pluralidad que prometía lo mejor. Más de treinta años después, esa primavera de la libertad parece haberse evaporado, de modo que aquí todo tiene que ir por los estrechos carriles del nacionalismo, del socialismo o de lo que sea. No se trata de que me parezca mal la militancia: me parece perfecta para lo que es, pero creo que es un verdadero desastre que esa pertenencia se extrapole a todo cuanto hacemos, pensamos y decimos, y que no haya órgano, ni sección, ni institución, ni merienda que se libre de ser controlada por los encuadradores de turno.

La política española ha entrado en esta legislatura en un cainismo brutal, y poco importa que esa operación se haya querido vender disfrazada de talante. A partir del llamado Pacto del Tinell, el PSOE ha tratado de situar al PP en la extrema derecha y sacarlo del sistema a cualquier precio. Se trata, obviamente, de una operación destinada al fracaso, pero no por eso es menos dañina. El PP ha podido dar en ocasiones la sensación de que, en el fondo, no le molestaba esa exclusión, que no ha beneficiado al partido ni a la democracia, aunque ha permitido el crecimiento en popularidad (y supongo que en algo más) de quienes se quieren erigir en estandartes, portavoces y líderes mediáticos de una derecha irredenta y radical.

Ambos movimientos estratégicos son profundamente perniciosos para los intereses de nuestra nación, porque esterilizan la vida política y son responsables de un despilfarro de energías absolutamente absurdo que, además, puede llegar a producir daños irreparables. La situación es tanto más preocupante porque este encuadramiento feroz de la izquierda y la derecha (fuera de nosotros no hay salvación, parecen pensar a dúo los correspondientes ayatolás) ha coincidido con el hecho de que los nacionalistas (unidos de una manera absurda y antinatural a la izquierda española) hayan practicado esa política de exclusión hasta extremos grotescos en Cataluña, en el País Vasco, en Galicia y ahora en Baleares.

La escasa experiencia democrática de los españoles hace que la asimetría entre el poder de los partidos y la vitalidad de las organizaciones civiles sea realmente enorme. Los partidos tienden, como es obvio, a extender su poder, porque no existe un poder que no sea expansivo, como sabe muy bien cualquier buen liberal, más aún, cualquier persona sensata. Lo peligroso es que sea casi imposible poner diques frente a esa invasión, frente a esa politización completa de las cosas.

Precisamente por eso me atrevo a sugerir que, especialmente ahora, cuando los partidos necesitan nuestro voto, pensemos en qué cosas deberíamos exigirles para poder vivir más libremente. Creo que habría que reclamar la observancia de una serie de normas de convivencia mínimas que me atrevo a enunciar:

1. Respeto retrospectivo: que sean los historiadores quienes juzguen lo pasado, sin justificar las carencias de ahora en la herencia recibida.

2. Objetividad de la prensa. Cuando la prensa se preocupa más de acudir en auxilio de los suyos que de contar lo que pasa, la democracia se está socavando de manera irreparable.

3. Creación y preservación de instituciones que promuevan la concordia.

4. Respeto a la persona y a las buenas intenciones del político. Los que juegan al encanallamiento no muestran ningún respeto ni a los electores ni a sí mismos.

5. Patriotismo. Tener la inteligencia de poner los intereses comunes por encima de las conveniencias de partido y de grupo.

6. Fortalecimiento de los órganos constitucionales y respeto y devoción a los símbolos comunes.

7. Acatamiento absoluto de las reglas de juego sin las cuales no existe la democracia. Dice Jiménez Lozano que siempre es muy delgada la capa que nos separa de la barbarie: la mejor manera de rasgarla es practicar siempre la ley del embudo.

No es una carta a los Reyes Magos. En las elecciones se nos proponen cosas más caras y menos necesarias: les sugiero que se premie a quien más proteja y respete nuestra libertad.

*José Luis González Quirós es analista político y escritor.

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Opiniones de los lectores (8)

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8. usuario registrado MiguelBC13/12/2007, 14:31 h.

Estimado Jose Luis,

Gracias por tu excelente articulo. Un gran numero de españoles que tiene cosas mejores que hacer que perder el tiempo en nimiedades y en desenterrar luchas intestinas. Es una lástima que el partidismo de los medios de comunicación tradicionales haya privado de voz a quien no se dedique a pregonar un panfleto u otro. Me alegra ver que, cada vez mas, un pensamiento liberal y pragmatico empieza a tomar fuerza en diferentes foros.

Vamos a ver si de aqui en adelante las cosas empiezan a cambiar. Impecable punto 5, lastima que no lo tengamos todos tan claro.

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7. usuario registrado albertovz29/11/2007, 18:00 h.

Democracia expañola, ¡¡vaya blufff!!

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6. lucrecio29/11/2007, 17:16 h.

Mas que carta a los Reyes Magos es un Brindis al Sol. Venimos al mundo encuadrados: en una familia, religión, clase social, región,idioma,etc.etc. ¿Que historiadores deben decirnos el significado del pasado?. ¿Pío Moa. Cortázar?. ¿Quienes deben elegir los símbolos? Acaso la sociedad que vivió hace quinientos años?. El artículo, aparte de sus pildoritas contra la izquierda, parece destinado a promover una España como unidad de destino en lo universal.

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5. usuario registrado guille29/11/2007, 16:04 h.

"En España está ocurriendo un fenomeno muy grave: las cosas entran por el oido,se expulsan por la boca y no pasan nuca por el cerebro".
Pues sin pertenecer a ninguna "de las dos verdades" de blanco o negro y estando de acuerdo en todo lo que el articulista con gran acierto expresa, si tengo una cosa clara; desde el poder se han querido saltar las reglas que, como hilo salvador, habian sido hasta ahora de "consenso" casi obligado, querer echar al contrario del "campo de juego" tiene un "pequeño problema" que es que, el otro se deje y adivinar hasta donde se está dispuesto a llegar para, unos a "echarlo" y otros a "salvarse, los "espectadores" por ahora discutimos,como alguien nos "anime"nos podemos sentir tentados de entrar en la pelea, ese es el peligro. Los "experimentos" en politica no suelen terminar de buena manera y aqui están los "matraces" con contenidos que echan humo y "los sabios" están de juerga.

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4. usuario registrado Cuquiña29/11/2007, 12:38 h.

Leo el artículo y me uno a todas y cada una de las peticiones que se producen al final del mismo pues lo que realmente se está pidiendo este país es cordura. Muy interesante el análisis, pero discrepo en algo. No me parece justa la apreciación de que al PP parece que no le molestaba el cordón sanitario a que ha estado sometido durante la legislatura. Esta actitud, a mi manera de ver totalmente antidemocrática del Psoe, puesta por escrito en el Pacto del Tinell, como vd. bien dice, no solo ha molestado al partido, sino, al menos a mí, como votante del mismo, nadie tiene derecho a marginar más que a los terroristas, y aquí ha sido al revés, a los que se han dado paso en las municipales ha sido a Batasuna (Eta según el Supremo) y sus disfraces ¡qué paradoja¡ los demócratas fuera los terroristas dentro Esperamo que estos tres meses que quedan para las elecciones no nos atormenten con sorpresas imprevistas y que en marzo, cada cual reciba lo que se merece.

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