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EL CONFIDENTE
@Redacción - 27/11/2007
Ríanse los que se acercaban al Valle de los Caídos cada 20 de noviembre para homenajear al Caudillo de España, que su verdadero defensor reside en la localidad asturiana de Avilés. El párroco Ángel Garralda, toda una institución por aquellos lares, sigue muy enfadado con su alcaldesa, una peligrosa socialista que responde al nombre de Pilar Varela y que ha osado quitar a Francisco Franco Bahamonde el título honorífico de alcalde perpetuo de la ciudad.
Por ello, Garralda utilizó durante una misa el pasado 20-N su instrumento más efectivo, el púlpito, para cantar las cuarenta a todos aquellos que duden de todo lo bueno que el dictador ha hecho por Avilés, España y toda la ciudadanía en general porque no nos olvidemos, dice el cura, de “las dos pagas extraordinarias del 18 de julio y de Navidad”, que si no se quitan por algo será.
En dicha eucaristía, el momento de “la paz sea con vosotros” resultó algo meramente ceremonial, porque el ambiente estaba tan caldeado que terminó con un falangista detenido. Y es que parece que el cura Garralda se ha olvidado del papel de la Iglesia en evitar la violencia y la confrontación, tal y como rezan las Sagradas Escrituras.
Nada de eso. Según el párroco, por mucha nueva norma del Ayuntamiento que valga, Franco seguirá siendo el primer edil per secula seculorum: “Si lo que dicen que se borra es por un acto vil de desagradecimiento al mayor bienhechor de Avilés, ipso facto aseguran que sigue siendo alcalde perpetuo en los corazones agradecidos por bien nacidos. Si lo que se quita es por falta de elemental honradez de no reconocer que a ellos mismos les proporcionó más medios de promoción que la URSS a los obreros en 74 años de imperio marxista, es que sigue siendo alcalde perpetuo”.
Y no dudo en poner sobre el altar argumentos económicos: “Si lo que se quita es para no reconocer que Ensidesa tenía una plantilla de 25.000 y, ahora, no pasa de 6.000, es que les duele que siga siendo alcalde perpetuo”. Porque en época del Caudillo, recuerda el párroco, “los barcos rusos arribaban al muelle de San Agustín de Ensidesa y el capitán permitía que sus subordinados salieran de asueto por Avilés en compañía del comisario político, asustados de la libertad de los obreros de acá, disfrutando de la playa y de la cesta de comida en familia a su vera, algo inimaginable en su paraíso soviético”.
Además, más le valía a esta ciudad que siguiera viviendo Franco, porque “antes llegaban a Avilés gentes de toda España y encontraban trabajo y, ahora, el que quiera encontrar trabajo tiene que largarse de Avilés”. Amén.
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