El día que Jordi Pujol fichó a Johann Cruyff
@Luisa Casal27/11/2007

Podría parecer un rumor interesado de cualquier programa de prime time o una teoría conspiratoria más de las que están de moda ahora, pero Johann Cruyff llegó al fútbol español de la mano de Jordi Pujol, el ex presidente de la Generalitat de Cataluña. Eso es lo que cuenta el propio Pujol en el primer tomo de sus memorias, que se presenta hoy, Memòries (1930-1980).
El veterano político es muy claro en sus recuerdos sobre la operación: “Recuerdo haber oído hablar por primera vez de Cruyff un día que iba a Lleida en coche en compañía de Raimon Carrasco y de Antoni Forrellad, empresario de Sabadell que era consejero del Banco Industrial de Cataluña. Carrasco nos decía que el Barça quería fichar a un jugador holandés del que se explicaban maravillas, pero él y la junta (del FC Barcelona) tenían dudas porque era muy caro. Forrellad y yo lo animamos a no dejar pasar la ocasión. Banca Catalana participó en el fichaje dejando dinero al club. Manuel Ortínez, del Banco Industrial de Cataluña al cual Banca Catalana estaba vinculada, movilizó todas sus influencias para que las instancias políticas y económicas de Madrid, que ponían todos los palos habidos y por haber en las ruedas del fichaje, permitiesen pagar con divisas la compra del jugador”.
Pujol, además de su activismo político, desplegaba entonces una gran actividad con su cargo de máximo ejecutivo de Banca Catalana y se interesó por el fútbol como parte de la estrategia para reivindicar el catalanismo. En las elecciones de 1968, participó activamente en las elecciones que hicieron presidente del Barça a Narcís de Carreras, en cuya junta estaba Agustí Montal, más tarde senador de CiU. Los apoyos a esta candidatura pasaban por gente muy diversa como el periodista Manuel Ibáñez Escofet, de El Correo Catalán, el futuro diputado convergente Josep Espar, Jacint Borràs, Josep Lluís Vilaseca -que fue director general de Deportes en varios gobiernos de Pujol-, Manuel Ortínez, los empresarios Jaume Rossell y Carles Sumarroca -del núcleo fundador de Convergència y varias veces en entredicho por polémicas adjudicaciones de obras públicas o de servicios de la Generalitat- o Joan Granados, que llegaría a ser director general de la Corporaciónj Catalana de Radio y Televisión.
Más tarde, en 1978, Pujol también fue un activo apoyo de Víctor Sagi primero y de Ferran Ariño después, pero el empresario José Luis Núñez le ganó la partida. “Fue la última vez que intervine en unas elecciones del Barça, por mucho que algunos no se lo crean y por mucho que sea cierto que simpaticé con Sixte Cambra cuando se presentó a las elecciones del año 1989”, dice Pujol en sus memorias.
Con un estilo ameno y combinando la cronología con lo que él llama la “divagación temática”, el ex presidente de la Generalitat desgrana el periodo de su vida desde que nació en 1930 a 1980, fecha en que fue elegido presidente de la Generalitat. Define su formación política como “una mezcla de nacionalismo y la doctrina social cristiana y la socialdemocracia. Y a la vez, por una mentalidad popular. Del pueblo. De la gente. (...) Mi personalidad política se ha levantado sobre la base de muchas y muy diversas i a veces contradictorias influencias. He sido, si lo pienso bien, un autodidacta. Un espigador”.
Quería entrar en el Gobierno
No le duelen prendas al reconocer que, en 1977, “Fernando Abril Martorell nos ofreció entrar en el Gobierno”, dice. Y cuando Convergència ya había decidido dar el sí, “como no nos reiteraron la invitación, no se habló más”. También afirma que su relación con Adolfo Suárez y con Leopoldo Calvo Sotelo era muy fluida. “Una vez, Calvo Sotelo me llamó para explicarme que recibía presiones para ocupar el País Vasco con el ejército (...) Otro día, Calvo Sotelo me telefoneó para decirme que el domingo siguiente el gobierno presentaría la petición de adhesión a la NATO, en contra de la voluntad del PSOE. “Lo haremos como hecho consumado, pero hemos creído que vosotros lo debéis saber”. Y me explicó por qué motivos había de actuar de esta manera”, relata.

Con los socialistas catalanes, las conversaciones siempre habían sido afables, ya que su relación con Joan Reventós se remontaba a 40 años atrás. Así, cuando ganó las elecciones de 1980, ofreció una coalición al PSC, que la rechazó. Reventós fue claro y rotundo: “Tu propuesta era buena, pero no la podíamos aceptar porque el partido se nos habría roto”.
De quien no guarda buen recuerdo es de su antecesor en la presidencia d la Generalitat, Josep Tarradellas. Pujol desvela que a través de Banca Catalana ayudó al viejo presidente económicamente y con ello evitó “que se hubiese vendido la biblioteca en un mal momento”. Y dice más adelante que “la reserva de Tarradellas hacia mi persona se inició cuando opté por entrar en la política activa”. Cuando en 1976 Pujol fue elegido representante del Consejo de Fuerzas Políticas de Cataluña, que reunía a todos los partidos, Tarradellas le conminó a dimitir, pero Pujol se mantuvo en sus trece, situación que les distanció aún más. No tiene, por tanto, demasiada consideración con su antecesor, al que acusa de intentar boicotear el primer estatuto de autonomía. “Le gustaba rodearse de una corte”, dice de él. Y en otro pasaje, afirma: “Tarradellas conocía y admiraba la figura y la obra de De Gaulle y desde que se levantaba hasta que se iba a dormir tenía sólo una tarea: mantener viva la Generalitat a base de ir repitiéndose que él era el presidente”.
Por eso le acusa también de retrasar tanto como pudo la toma de posesión de Pujol en 1980 y acaba con un comentario poco menos que sarcástico: “Entiendo la actitud de Tarradellas. Humanamente es comprensible. Tarradellas se había pasado 24 años en el exilio esperando el momento en que volvería la Generalitat al Palacio de donde había sido echado al final de la guerra (...) Pero una cosa es ser comprensible con la resistencia de Tarradellas de abandonar un poder que se le había hecho muy corto y otra es que la situación no se podía dilatar y que el proceso de sucesión se había de hacer en unos términos razonables”.
Contribución a la Constitución
Pujol señala también que “Miquel Roca y yo hicimos introducir en la Constitución el término nacionalidad para definir implícitamente a Cataluña. Y, por extensión, al País Vasco y Galicia”, ya que el concepto “nación” no era aceptado y “región” no se correspondía “con nuestra realidad histórica y cultural, encontramos esta fórmula de compromiso”. Y tampoco tiene pelos en la lengua al señalar que “se puede decir que sin Cataluña y sin el catalanismo no habría autonomías en España”.
Estas memorias retratan al personaje y configuran su evolución política e intelectual: un hombre al que le gusta la zarzuela -que incluso canturrea en ocasiones-, que se confiesa poco entendido en literatura pero fan del Siglo de Oro -especialmente de Lope de Vega-, admirador de Shakespeare y de Josep Pla y que leyó Los hermanos Karamazov a los 18 años... ¡en alemán!-. Un hombre que convenció a su padre para comprar un pequeño banco de Olot -y más tarde la Banca Quesada- y al que transformó en Banca Catalana. Y un hombre que llegó al antimilitarismo por ser antifranquista. Precisamente, la única referencia posterior a 1980 la hace cuando señala que en el Pacto del Majestic con José María Aznar, en 1996, hizo incluir en el programa de gobierno del PP la supresión del servicio militar obligatorio.
Pujol realiza también un relato pormenorizado de su detención en 1960 por los famosos ‘hechos del Palau’, en que se distribuyó una octavilla contra el régimen que había escrito él. Una vez en las dependencias policiales, fue torturado durante tres horas con porrazos, puñetazos, bofetadas y bastonazos. Entre toda la lluvia de golpes, y en la posición conocida como la de “la cigüeña”, confesó el nombre del impresor de las octavillas.
Y no peca de tímido cuando hace gala de su contribución a la historia: “He presidido la Generalitat de Catalunya casi 24 años. No he sido un presidente mítico como Macià. No he sido un presidente mártir como Lluís Companys. No he sido el cerebro ordenador que fue Prat de la Riba. Pero he gobernado mi país casi un cuarto de siglo y en una época decisiva. Algunas cosas debo haber hecho mal en este período, pero otras han sido un acierto”.
Opiniones de los lectores (2)
2. Jorge Muñoz el enano27/11/2007, 11:00 h.
¿No era Franco el que fichaba? ¿Y a pesar de ser gallego fichaba para el Madrit? Pues resulta que no, que siempre las instituciones catalanas han hecho clan en torno ¿al ESPAÑOL? noooooo, al Barcelona, gastando el dinero de los contribuyentes en gilipolleces que ellos consideran identitarias. Pues como ellos piden, que el Barcelona de Cruyff devuelva las Copas de Europa ¡uy! que no ganó ninguna!!!! bueno, las COpas del Generalísimo que ganó en esa época
1.
Legio VII Gémina27/11/2007, 10:08 h.
El marido de la mastresa sra. Ferrusola, ¿porqué en lugar de explicar como se contrató a un jugador de fútbol (no se le olvide Sr. Pujol que el Sr. Cruiff se pasa por el forro de sus atributos lo de hablar en catalán, haciéndolo en ESPAÑOL, y toda la patulea nacionalista que Vd. lidera le rien las gracias y encima le hacen caso, ya vé, el Clu,Clú,Clú (leáse KKK) lo fundó un racista suizo y ahora un pesetero holandés es el gurú de todos Vds., ¿tiene algo que decir en contra el Sr. José Luís?)
Los afectado de Banca Catalana lo que queremos es que nos aclare donde está el dinero que Vd., y sus acólitos mal-administraron, y por supuesto nos sea devuelto, porqué Vds., hablan muchos de deudas históricas pero yo como afectado no he recibido ni un "chavo" de un dinero que me costó mucho ganar y tampoco perder.
El hijo del Chusquero sevillano le quiso meter en chirona por este asunto, como siempre esta babosa arrastrada se volvió atrás y nos dejó a los descamisados, no solo sin camisa, tambien nos quitó la camiseta.
Por supuesto no quiero que se me aplique el 30%, aunque quizás y pensándolo bien, no teniendo nada actuálmente, hasta quizás lo apruebe.
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