CULTURA Y PODER
El poder del lobby israelí

@Esteban Hernández.- - 21/11/2007
La enorme influencia de los grupos de presión israelí en la política y en los medios de comunicación estadounidenses, sus formas de actuación y los problemas que están causando a Israel y a Estados Unidos las direcciones que sugieren (o imponen) en lo que se refiere a política exterior, son analizados por John J. Mearsheimer, catedrático de ciencia política en la Universidad de Chicago, y Stephen M. Walt, catedrático de Asuntos internacionales en la Universidad de Harvard, en su libro El lobby israelí (ed. Taurus).
La obra es la prolongación de un artículo que les fue encargado por la revista Atlantic Monthly. El director les avisó, tras dos años trabajando en el artículo, que no lo publicaría y que no estaba interesado en que lo revisaran. Finalmente, el texto pudo ver la luz en la London Review of Books. Y a partir de entonces, se desató una respuesta de dimensiones imprevistas. Fueron acusados de antisemitismo y su artículo fue criticado por contener (desde la perspectiva del lobby) abundantes posturas erróneas. Pero también fue recogido de forma positiva por buena parte de la prensa estadounidense e israelí.
Como subraya Stephen Walt, lo que describieron en el texto, y ahora en el libro, fue una situación que todo el mundo conocía pero de la que nadie se atrevía a hablar. “Quienes toman las decisiones y hacen las políticas, o quienes dirigen los medios de comunicación, sabían de lo poderosa que esta influencia podía llegar a ser. Pero el americano medio era mucho menos consciente, lo que explica el interés que el ensayo está suscitando y las ventas que está obteniendo”. El asunto esencial que ha atraído la atención del público es la sensación de que “se está apoyando incondicionalmente a Israel, haga lo que haga. Y hay muchos estadounidenses que creen que Israel debe tener su estado y que nosotros debemos estar con ellos, pero no a cualquier precio y en toda situación”.
El ensayo no sólo recoge los discursos que el lobby ha conseguido establecer, o los aspectos teóricos en los que ha impuesto su punto de vista, sino, y lo que es muchísimo más preocupante, la forma en que lo ha conseguido. Lo que incluye presiones económicas, influencias políticas, mediáticas y académicas y, cómo no virulentos ataques (verbales) a quienes argumentaban en su contra. John Mearsheimer afirma “estar a favor de la existencia de lobbies que traten de influir en los asuntos públicos estableciendo debates, promoviendo el intercambio de opiniones e informando a la gente para que elijan adecuadamente. Pero no siempre es así: el lobby israelí ha dirigido sus esfuerzos a ilegitimar a sus críticos mediante la difamación, acusándoles de antisemitas simplemente por mantener posiciones diferentes de las suyas”.
Steven Walt señala que esa nueva utilización táctica del calificativo antisemita es muy dañina, y más aún, tras el Holocausto, en contextos como el europeo o el estadounidense. “Y por esa misma razón lo utilizan”. Según Walt, produce tres efectos. “En primer lugar, la gente no se atreve a expresar sus críticas por miedo a ser acusado de antisemita. Además, marginaliza a la gente en el sistema político, toda vez que nadie quiere relacionarse con alguien que ha sido tachado de antisemita, lo sea o no. Y por último, distrae del problema principal. Por ejemplo, cuando el ex presidente Jimmy Carter publicó su libro sobre Palestina, la discusión se centró sobre si Carter era o no antisemita, con lo que se evitó hablar de los análisis y de las soluciones que aportaba”.
"Simpatía por los terroristas"
John J. Mearsheimer subraya el caso de Carter, en tanto que estamos ante una paradoja habitual: las críticas ya no se producen respecto de quienes están situados en el otro lado; también (y principalmente) se dirigen a aquellos que compartiendo posiciones, no suscriben al pie de la letra las directrices que se les dan. “A Carter se le llamó odiador de los judíos, se llegó a decir que tenía simpatía por los terroristas y fue acusado de plagio. Sin embargo, Carter intentaba promocionar un entorno estable para el estado de Israel a través de un tratado de paz. Carter era filosemita, pero se le atacó enormemente a pesar de ello”.
A pesar de las presiones, el único entorno donde ha podido proferirse alguna crítica ha sido el académico. "En las universidades es distinto porque sí ha sido posible criticar al lobby israelí sin grandes represalias. No solamente porque hay profesores a los no se les puede despedir, ya que han ganado su cátedra, sino porque existe una tradición muy fuerte de respaldo a la libertad de expresión a la que sería muy difícil oponerse. Por supuesto que estos grupos han intentado silenciar las críticas, pero con menos éxito que en otros terrenos”
Donde sí han existido consecuencias notables ha sido en la política. Los autores recogen testimonios acerca de los beneficios, especialmente en la recaudación de fondos, de acoger las indicaciones de estos grupos de presión y de los problemas de no tomarlos en cuenta. Mearsheimer subraya, como prueba de su influencia, que todos los presidentes estadounidenses, desde hace más de tres décadas, decían estar en contra de los asentamientos israelíes en territorio ocupado. Pero que ninguno de ellos ha podido presionar al gobierno israelí para que dejase de promoverlos. En esas circunstancias, ¿podría existir un presidente estadounidense actual sin el apoyo del lobby?
¿Puede un presidente de EEUU estar contra el lobby?
Hillary Clinton, una de las principales candidatas, ha cambiado su posición acerca del conflicto palestino hasta llegar a una versión mucho más cercana a lo que el lobby israelí promueve. ¿Podría ser Hillary Clinton presidenta yendo en contra del lobby? Según Stephen Walt, “sería mucho más problemático si no cuenta con su respaldo. Si la elección fuese reñida, como parece que lo será, tendría algunas dificultades, ya que perdería votos, especialmente en estados como Nueva York, Florida, Illinois e incluso California. Y antes de eso, tendría muchos más problemas para recaudar fondos. Por eso, todos los candidatos hacen todo lo posible para demostrar su coincidencia con los postulados de los grupos de presión israelíes”.
Podría pensarse que esta influencia se extiende también al ámbito europeo. ¿Existe un lobby israelí en la UE? John Mearsheimer afirma que han visitado muchos países europeos para presentar el libro “y en todos ellos nos han dicho que existe un lobby israelí. Pero o en ningún caso se acercan a la fuerza que poseen en EEUU”.
Los autores, que dedican el capítulo final del libro a las posibles soluciones, sugieren que, en el plano internacional, el cambio de escenario pasaría por políticas moderadas que aceptasen la creación de un estado palestino viable. Según Steven Walt, “políticas de tanta fuerza como las actuales sólo sirven para reforzar a los extremistas de ambos lados. En los últimos diez años, el número de pacifistas en Israel ha descendido. Mientras, Hamás ha aumentado su presencia notablemente. Continuar por este camino será peor para Israel, para Estados Unidos y para Europa, además de para los palestinos. Pero, por desgracia, la presión del lobby le hace difícil al presidente de EEUU poder cambiar esta política”. Mientras tanto, su apuesta es intentar alentar un debate mucho más abierto en torno a las posiciones en política exterior del gobierno estadounidense.
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Opiniones de los lectores (12)
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agarcíaMiércoles, 21/11/2007, 19:11 h.
Así es, aunque no guste y aunque duela. Yo, un admirador irrestricto de la contribución a la ciencia y a la cultura mundiales de los hebreos y profesantes de la tradición del Libro, he sufrido diatribas al respecto en el ambito privado cuandeo he desaprobado la política sionista; política que es eso: un movimiento político panisraelita a cuanta de los vecinos, como lo fué el pangermanismo y otros "pan" que en el mundo han sido y persisten.
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agarcíaMiércoles, 21/11/2007, 19:11 h.
Así es, aunque no guste y aunque duela. Yo, un admirador irrestricto de la contribución a la ciencia y a la cultura mundiales de los hebreos y profesantes de la tradición del Libro, he sufrido diatribas al respecto en el ambito privado cuandeo he desaprobado la política sionista; política que es eso: un movimiento político panisraelita a cuanta de los vecinos, como lo fué el pangermanismo y otros "pan" que en el mundo han sido y persisten.
10. vitrubio 07Miércoles, 21/11/2007, 17:42 h.
Precisamente la imposición de unas condiciones injustas, como las de la primera guerra mundial, fue una de las condiciones para la llegada al poder de Hitler y provocaron otra guerra. Israel tiene derecho a un estado. Eso no le da derecho a hacer lo que hace en Palestina. Los palestinos tienen derecho a un estado, pero tienen que tener el valor de renunciar a ciertas condiciones imposibles (el derecho al retorno de los refugiados) Somos los europeos los que tenemos que ayudar y financiar (todo tiene un precio) una solución justa, dado que todo este problema es culpa nuestra al haber forzado a los judíos a salir de Europa tras siglos de antisemitismo que culminó con el holocausto (cometido por nazis, pero del que toda europa tiene parte de culpa)
9.
mlunademMiércoles, 21/11/2007, 15:08 h.
Totalmente de acuerdo con el articulo. No tienen ningun derecho "divino" a matar palestinos a expulsarlos de su pais y ese vistimismo desde el holocausto impide la menor critica a los judios e israel. AL final esos derechos son los mismos que los de los Mayas, indios Yamanies, Aztecas, Mesa Verde etc. ¿se imaginan ahora que en america se expulsara a todo hombre blanco a un gueto por derechos de hace 3000 años y refiriendose a la creacion del mundo?.... pero claro es absurdo y demagogia porque son pobres, y porque no tienen lobby como el judio.....
8.
FilaliaMiércoles, 21/11/2007, 14:26 h.
¡Qué argumentos los del Gros de la misiva nº1!Saramago visita el búnker de Arafat, acompañado de Sodinka-el premio Nobel de Literatuta nigeriano- y de ¡tachín! ese inefable personaje que responde al nombre, aquí porque entre la morería posiblemente tiene otro, de Juan Goytisolo. Llegan estos tres personajes a Israel, pasan la frontera, cruzan las líneas israelíes, con un equipo de televisión, filman y entrevistan a Arafat y otros sacamantecas, salen del búnker, recruzan las líneas y entran de nuevo en Israel, salen del país y escriben un demencial libelo acusando a Israel de ser un régimen equiparable al nazismo, amén de otras gracietas con tufillo antisemita. ¡Pobre y senil Saramago! Supongo que quien le cerró la boca y retuvo la pluma antes de desvariar sería, no el lobby israelí, más bien alguien con sensatez que le haría ver cuán peligroso, pero de morir de puro ridículo, era acompañar a cierto quidam en aventuras de ese tenor. ¡Gros, infórmate!
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