Los Reyes inauguran en el Prado una muestra sobre Velázquez centrada en su faceta narrativa
Efe. Madrid.- 19/11/2007
El Museo del Prado celebra su 188 años con una exposición dedicada al pintor que encarna mejor que ningún otro su identidad, Velázquez, del que muestra su faceta como pintor narrativo en Fábulas de Velázquez, inaugurada por los Reyes.
Las pinturas de historia constituyen uno de los lugares principales a través de los cuales el pintor dialogó con la tradición pictórica y demostró una mayor voluntad de alcanzar una personalidad artística diferente a la de sus colegas.
Para mostrarlo, la exposición exhibe 28 pinturas del maestro sevillano -doce de ellas prestadas- junto a 24 de otros dieciséis artistas, que reflejan la respuesta del maestro a esos estímulos creativos externos. Obras que los Reyes han podido admirar en una recorrido junto al ministro de Cultura, César Antonio Molina; el presidente del Patronato del Museo, Plácido Arango; el director del Prado, Miguel Zugaza, y el comisario de la muestra, Javier Portús. Todos ellos posaron delante de La fragua de Vulcano y de una de las estrellas de la exposición, La Venus del espejo, procedente de la National Gallery de Londres.
La muestra comienza con Cristo en casa de Marta y María y acaba con Las hilanderas, obras "complejas y singulares que tienen mucho en común", ya que lo que las convierte en pinturas de historias está al fondo, en un segundo plano y, en ambas, Velázquez hace un homenaje a la tradición histórica, ha explicado Portús.
Las hilanderas se exhiben, gracias al montaje realizado, en su estado original, al quedar ocultos los añadidos que se realizaron en diferentes épocas y que alteraron la lectura formal del cuadro, revelándose ahora como una obra que pertenece a una nueva realidad.
Velázquez naturalista
Las obras de la muestra reflejan el camino emprendido por el pintor desde 1618 hasta antes de su muerte, "unos años en que avanzó mucho pero también retuvo mucho", según el comisario. Para dividir estos años se han marcado tres espacios a través de tres colores diferentes. El primero muestra al Velázquez naturalista, "lenguaje que sabe adaptar y con el que demuestra que se puede actualizar el mito antiguo, como hace en Los borrachos".
Un segundo periodo profundiza en el Velázquez clasicista, en su viaje a Roma y nada más regresar a España, a través de sus obras religiosas de 1630-1636, y un tercer periodo acerca al espectador al Velázquez más cortesado, que se empapa de las colecciones reales y que se abre al color.
Portús ha tenido palabras especiales para La Venus del espejo, pintura "absolutamente singular desde todos los puntos de vista. Obra maestra con calidad estética y original composición que la hacen especial".
Gran revolución en la pintura occidental
La exposición supone un claro progreso en el conocimiento de Velázquez y sus experiencias narrativas que abre nuevas vías al futuro, según Miguel Zugaza, para quien, recordando a Ortega y Gasset, el maestro sevillano representa la primera gran revolución en la pintura occidental.
La muestra trata de una nueva forma de creación que no había sido aislada antes en una exposición, ha considerado Zugaza, quien agradeció la generosidad de los prestadores y, en especial de la National Gallery que ha proporcionado al Prado "lo que al museo le falta de Velázquez". La institución londinense ha cedido tres que visitan el museo por primera vez: San Juan Evangelista en Patmos, La Inmaculada Concepción y Cristo después de la flagelación o Cristo atado a la columna.Estas pinturas, junto a las que atesora el museo Cristo Crucificado de Velázquez y la escultura Cristo yacente de Gregorio Fernández, "forman uno de los espacios más emocionantes de la exposición", según Zugaza, quien ha presentado la muestra delante de Las Meninas, obra "multigenérica" que cierra la exposición.
El director adjunto, Gabriele Finaldi, comentó que la sala donde cuelgan Las Meninas es el "templo sagrado de Velázquez", en el que todas las pintura son retratos, género que domina la obra del maestro, como lo demuestra que de las 130 obras que se aceptan fueron pintadas por su mano, casi 100 son retratos. "En esta exposición hemos querido poner el foco en ese quince por ciento. Mostrar un Velázquez distinto del que normalmente se ve", ha dicho Finaldi.
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