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DOS PALABRAS

Y el PP mirando a las musarañas

@Federico Quevedo - 17/11/2007

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Tengo que reconocerles a ustedes que escribo este artículo con una cierta dosis de mal humor y un nada disimulado disgusto. Me explico: quiero que el PP gane las próximas elecciones generales. Lo digo sin ambages y en pleno uso de mis facultades. Quiero que Mariano Rajoy sea presidente del Gobierno. Primero, porque se lo merece; segundo, porque el país lo necesita. Por mucho que ahora se empeñe Rodríguez Zapatero en volver a presentar esa imagen edulcorada de sí mismo con la que engañó a algunos al principio, la realidad es que detrás de su piel de cordero se esconde un lobo, un radical dispuesto a seguir adelante con su proyecto rupturista para España. Pero como necesita cuatro años más para llevarlo a cabo, ahora nos vuelve a ofrecer trailers de buen rollito a ver si así el personal se descongestiona y vuelve a votarle.

Pero lo peor es que los del PP, viendo cómo Rodríguez levanta el pie del acelerador de su proyecto rupturista, en lugar de ponerse en el cruce para evitar que se salte el semáforo en rojo, se han sentado cómodamente en el asiento de atrás del coche. Y así llevamos un par de semanas en las que no sabemos muy bien a que se dedican los líderes de la oposición, porque con todo lo que ha llovido hasta el universal “¿por qué no te callas?” y granizado después, en el PP, sin embargo, da la sensación de que hubieran corrido un túpido velo sobre la realidad para que no les moleste demasiado.

Fíjense. Me decía el viernes, en la jornada mañanera de la Conferencia Política, un destacado dirigente ‘popular’: “Estamos como hundidos, desfondados... Hemos perdido la tensión...”. Es cierto. Y eso, ténganlo en cuenta señores de Génova 13, se traslada también a los periodistas que habitualmente cubren –cubrimos- la información del Partido Popular: esta semana ha sido como unas cortas vacaciones, aprovechando que el líder, Rajoy, andaba de bolos. Y eso, a cuatro meses de unas elecciones generales, no parece lo más sensato...

Lo más sensato sería tener todos los días un titular que llevarse a la boca, una acción que le permitiera al principal partido de la oposición mantener la iniciativa y la tensión que exige y que requiere que su electorado y su militancia estén con los nervios a flor de piel para no perder ni una décima de segundo en el camino que lleva hasta el próximo 9 de marzo a las ocho de la mañana, que es cuando se abren los colegios electorales. Insisto en lo que les decía al principio: por el bien de España es bueno que el PP gane las elecciones. Por salud democrática es necesario que Rodríguez pierda. Pero no basta, como ya dije una vez, con conformarse con ganar por puntos: hay que ir a por todas, intentar ganar por KO. Y no creo que esté haciendo eso el PP. Mas bien creo que hemos vuelto a caer en la estrategia complaciente del doctor Bacterio-Arriola, es decir, la de no hacer nada para no equivocarse. Ese perfil bajo que tanto daño le hizo a Rajoy en 2004.

Permítanme que les hable de la Conferencia Política del PP que se celebra este fin de semana. Se supone que su objetivo es establecer los principios, el fundamento ideológico sobre el que se va a asentar el programa electoral... Un fundamento ideológico supuestamente radicado en el liberalismo. Digo supuestamente, porque ya de entrada encuentro muy poco liberal la notable ausencia de personalidades de la sociedad civil que aporten color, conocimiento y convicciones al programa electoral. Todos los paneles sobre los que se ha organizado esta Conferencia Política están integrados por personas del partido... Que no digo yo con eso que sean peores, pero un partido que afirma que quiere abrirse a la sociedad, no puede encerrarse detrás de las paredes de Génova 13 cuando en contraposición a la jugada efectista de los expertos extranjeros del PSOE lo que debería haber presentado el PP a la sociedad española es un buen número de compatriotas, los mejores en cada área de actividad, dispuestos a aportar lo mejor de sus conocimientos al programa de un partido abierto y liberal que quiere que la sociedad afronte los grandes retos que depara el futuro con energía y firmes convicciones. Y lo peor de esto es que ya otras veces lo hicieron, y no creo que sea un problema de que no haya nadie dispuesto a colaborar, porque a mi me sobran nombres de notables que, estoy seguro, están deseando que se les llame.

Y eso no es todo. De las primeras intervenciones del viernes eché en falta un compromiso mucho mayor con esa idea liberal tan necesaria de menos Estado y más sociedad civil. Es más, tengo la sospecha de que algunos discursos, sobre todo en materia económica, se van a parecer más a una socialdemocracia edulcorada que a un verdadero y comprometido liberalismo... ¿Es verdad que se va a proponer un impuesto ecológico? ¿Es verdad que no se quiere actuar de manera decidida sobre los impuestos que gravan las ganancias de capital? ¿Es verdad que se van a favorecer medidas intervencionistas en materia, por ejemplo, de vivienda y que se van a seguir promoviendo políticas de subvención en lugar de medidas de fomento de la actividad?

Tengo la sensación de que se va a caer en una pretendida complacencia hacia algunas de las posiciones que la izquierda ha convertido en banderas de lucha contra el capitalismo, olvidando que el capitalismo bien entendido es el elemento benefactor del desarrollo económico de nuestras sociedades modernas. Y qué quieren que les diga de la tan necesaria regeneración democrática: el único que tuvo palabras dignas en este sentido fue Eduardo Zaplana, y al menos eso hay que agradecérselo al portavoz parlamentario del PP, pero no observo en los responsables del programa una decidida defensa de la independencia judicial, de la reforma constitucional, de un efectivo control al Gobierno, de un mayor respeto a las minorías, de la reforma de los organismos de regulación, etcétera, etcétera.

Desconozco el contenido del discurso de Mariano Rajoy este domingo en la clausura de la Conferencia Política. El líder del PP se ha mostrado durante todo este tiempo como un político serio, con principios, comprometido con la idea de España y con el modelo de una sociedad abierta de ciudadanos libres e iguales. Ese principio, tan profundamente liberal, tan enraizado en los valores que motivaron a los padres de la Constitución de 1812 y, después, a los que sobre la base del consenso y el respeto al pluralismo político, desarrollaron la Constitución de la Concordia, debería ser el que ilumine todo el contenido de esta Conferencia Política y, sobre todo, las palabras del líder del PP en su clausura. Estoy seguro, lo firmaría aquí mismo sin temor a equivocarme, de que si Mariano Rajoy gana las elecciones generales será un gran presidente del Gobierno. De lo que no estoy tan seguro es de que, no por él, sino por muchos de los que le acompañan, el PP esté dispuesto a darlo todo para que eso sea así. O, al menos, eso es lo que se transmite, aunque espero que el domingo Rajoy me convenza de lo contrario.

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