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TRIBUNA

Jugando con fuego

José Luis González Quirós* - 15/11/2007

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Jugar con fuego no sería peligroso si no fuera porque, con frecuencia, el divertimento suele acabar mal. Ahora menudean los que piensan que los españoles estamos empezando a jugar con fuego. Tal vez se equivoquen, pero da que pensar que a estas alturas de la historia haya gente deseosa de rebobinar las guerras del abuelo, repitiendo sus frases, consignas y bravatas. Ahí hay un rescoldo de odio y de muerte que había dejado de ser una amenaza, pero que algunos parecen empeñados en avivar. Lo malo del fuego es que puede acabar extendiéndose, independientemente de la voluntad de quien quiere controlarlo, de manera que pueden bastar unos pocos dándole a la antorcha para que el panorama se torne incandescente.

La sombra de la discordia civil vuelve a hacerse presente cada vez que los políticos deciden no ahorrarnos un exabrupto, cada vez que renuncian a la contención, cada vez que consideran que su oficio es la persecución, el acoso y derribo del adversario sin importar medios ni principios. Si los ciudadanos respondiesen a esa machacona y torpe política con el desdén, no habría problema alguno, por más que la belicosidad de los líderes busque acentuar la agresividad de los hooligans con menos cerebro. Cuando la lucha sin cuartel se adueña del panorama, la democracia acaba pareciendo una cosa degenerada y estéril. Es paradójico que sigan alabando retóricamente a la democracia quienes pretenden, en el fondo, una lucha más integral y sin reglas, una vía para aniquilar al adversario.

Nuestras dos grandes fuerzas políticas deberían ser muy exigentes y alejarse de los esquemas maniqueos, pero, desgraciadamente, el sentido bélico con el que se afrontan las campañas ayudará poco en los próximos meses. Se impone Goebbels, la propaganda a todo trapo, la demonización del adversario, su sacrificio en el altar del triunfo de los ideales que le son ajenos. Goebbels decía que la propaganda era buena siempre que resultase efectiva, sin importar para nada que fuese inteligente o necia. La idea, muy coherente tratándose de un nazi, debería hacer saltar todas las alarmas cuando quien la sostiene supuestamente pertenece a un defensor de la democracia liberal.

Habría que preguntarse por las razones de este nuevo prestigio de la violencia y el radicalismo entre nosotros. Estamos, sin duda, ante un asunto complejo, pero me parece que hay una que tiene la importancia suficiente como para ser destacada. Frente a los conflictos, la joven democracia española ha tendido, en general, a apostar de una manera tan decidida como ingenua por el apaciguamiento, en lugar de centrarse, por encima de todo, en la defensa de nuestros intereses y principios. La enseñanza que de ello se puede extraer es bien simple: la violencia es rentable, el Estado no se atreve al empleo de la fuerza legítima, el Estado es débil y cobarde. Cualquiera que eche la vista atrás verá cómo, desde la vergonzosa salida del Sahara hasta nuestra marcial retirada de Irak, hemos cedido siempre (con una mínima excepción) ante la amenaza exterior.

La misma estrategia, en el fondo, se ha aplicado en el caso de terrorismo, de modo que serán pocos los que se atrevan a afirmar que el terrorismo no ha obtenido ya las rentabilidades políticas, indirectas, pero obvias, que buscaba. Con unos u otros motivos, hemos superado ampliamente los límites razonables de la rehabilitación personal de quienes han protagonizado crímenes en el pasado, convirtiéndoles en respetables pacifistas e incluso en héroes, cosa que ahora está empezando a suceder en Cataluña y en el País Vasco, donde a notorios criminales se les ha dedicado una calle.

Decía Maquiavelo que “un hombre que quiera en todo hacer profesión de bueno fracasará necesariamente entre tantos que no lo son”. La democracia española ha escogido con frecuencia el curioso sistema consistente en lanzar bravatas para proceder inmediatamente a entregar el botín al adversario, una lección que muchos se han aprendido de memoria. El viejo Theodore Roosevelt recomendaba, por el contrario, hablar con suavidad y empuñar un buen garrote, si de lo que se trata es de llegar lejos. Nosotros, sencillamente, hemos decretado que el garrote es antiestético y que los nuestros sirven para curar heridos y salvar focas (a pesar de lo cual seguimos comprando tanques, supongo que más que nada por tradición), cuando según nuestros más prestigiosos pensadores del momento deberíamos gastar ese dinero en ambulancias y otros gadgets para ayudar a ese tercer mundo que tanto nos ama y respeta. Dicho lo cual, sería realmente pintoresco que los enemigos de fuera (aunque gente hay empeñada en no verlos) no nos hubiesen perdido completamente el respeto.

De fronteras para adentro el panorama es idéntico. Los que gritan no tienen por qué tener razón, pero suelen acabar llevándose el gato al agua, de manera que no habría que extrañarse si apareciesen émulos de ETA y de sus fámulos (obviamente antifascistas) en más de una ciudad.

Algunos pueden pensar que es mejor exorcizar la violencia a base de lenguajes belicistas y maneras efectivamente conejiles, una receta sin duda excelente para pacifistas integrales, consecuentes y kantianos, pero escasamente práctica ante personas menos integras. El lenguaje maniqueo acaba pervirtiendo las maneras civiles y la carencia de cualquier forma de respeto por nuestra propia nación, por nuestras instituciones y derechos, nos convierten en terreno abonado para cualquier clase de gentes sin escrúpulos, dispuestos a proclamarse parte de la famélica legión. Estamos, efectivamente, jugando con fuego y habría que saber poner límites tanto a la belicosidad verbal como a la cobardía de hecho. De no rectificar pronto, lo lamentaremos.

*José Luis González Quirós es analista político y escritor

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Opiniones de los lectores (6)

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6. usuario registrado agricol15/11/2007, 22:46 h.

Sólo hay un patriotismo que no tiene matices: el patriotismo fiscal. La derecha se envuelve en la bandera que tanto ama convertir en sudario de los muertos de hambre que se visten de uniforme. Mientras tanto incuba esas cascadas de dinero negro que amasa el de la droga, las armas, el sexo venal y el terrorismo. Sin ese dinero negro de la derecha y el capital no habría terrorismo. No habría fuentes de financiación.
Me encanta esta banca cristiana y digna, papal, que abreva el dinero de Sadam y otros compañeros mártires. Laus deo.

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5. usuario registrado maquiavelillo15/11/2007, 18:03 h.

Es absolutamente frustrante para los que, de jóvenes, creíamos que la democracia sería otra cosa, ver que lo que básicamente importa a los políticos es ganar las elecciones. Y no es un tópico fácil, es que es así, aquí y en cualquier sitio. Así que que voten ellos.

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4. usuario registrado guille 15/11/2007, 13:24 h.

"Una resolución energica cambia al momento la más extrema desgracia en un estado soportable".
Pues una vez más bastante de acuerdo con el "articulista" y con el forero "martes carnaval". El repaso tranquilo, dentro de lo posible, de la revuelta y confusa politica española me hace ser pesimista, el enfrentamiento irracional ha contaminado a una parte importante de la sociedad española,nuestros "gobernantes" creen más importante la "memoria historica" que gobernar para todos los ciudadanos, mirando más al calendario electoral que a la gobernación del pais, la consecuencia, tangible: politica exterior,caotica y cada vez más alejados del corazón decisorio; en economía, la situación empieza a ser complicada y la respuesta "que no nos rasgemos las vestiduras"; la seguridad dependiendo de la "efectividad" de los "hombres de paz",en delincuencia, a la buena de Dios; en politicas sociales, derroches en dinero, repartido a go go; la inmigración, descontrolada, las fronteras a disposición de "todos"; la "politica territorial", esperando a Marzo....la cuesta abajo es empinada y los "mandos" no garantizan que la frenada nos evite el "castañazo", a veces parece que se pisa el acelerador.

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3. usuario registrado anonimo5215/11/2007, 11:37 h.

Es un artículo tan limpio y tan neutral que no dan ganas ni de comentarlo.

Si se mojase un poco más...

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2. usuario registrado martes carnaval15/11/2007, 10:30 h.


3 ) ¿La actual política exterior está
confirmándose como inadecuada, entre otras
cosas, por su fragilidad y debilidad?

Parece ser que sí, aunque éste es un
terreno resbaladizo. Los conceptos
de “Estado fuerte” y “mano dura”
son siempre sospechosos, pero es cierto
que una política de relaciones
internacionales apropiada, sensata y firme
evita llegar a situaciones lamentables en
las que al país le tomen por el pito del
sereno. Como un cambio de este estado de
cosas no se improvisa, sólo queda constatar
que las cosas se han hecho mal.

4 ) ¿Una dialéctica belicista y una
práctica “cobarde” es una combinación muy
lesiva para España a medio plazo?

Creo que no hay esa dialéctica belicista
o, para ser exactos, está restringida a
ámbitos de opinión localizados. En cuanto
a la práctica, tampoco se trata de andar
por el mundo con dos cañones en la
cartuchera –entre otras cosas porque
no estamos sobrados de cañones-- sino de
dar respuestas adecuadas a provocaciones
inadmisibles no se han podido evitar.

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