TEATRO
Desequilibrada danza interpretativa

@María José S. Mayo - 10/11/2007
SEIS CLASES DE BAILE EN SEIS SEMANAS

Dirección: Tamzin Townsend.
Autor: Richard Alfieri.
Intérpretes: Lola Herrera y Juanjo Artero.
Lugar: Teatro Marquina. Prim, 11. Madrid
Teléfono: 91 532 85 54.
Horario: M. x. y j. a las 20 h.; v. y s. 20 y 22.30h; d. 19 h..
Fecha: Hasta fin de temporada.
Precio: 25€, excepto miércoles, 20 y 18 €.
www.pentacion.com
Resulta todo un placer acudir al teatro sabiendo que Lola Herrera espera entre bambalinas para salir al escenario. Ella nunca falla -o pocas veces- y suele tener la bendita capacidad de llenarse de los personajes a los que interpreta. No hay duda de que el drama es básicamente su terreno, por eso hace año y medio consiguió deleitarnos con ese papelón que montó de la mano de José Carlos Plaza en Solas, un personaje de 'Madre coraje' que ya había interpretado en cine, y dejando huella, María Galiana.
Ahora la actriz vuelve a llenar el teatro gracias a su nueva obra de teatro, una pieza a caballo entre el drama y la comedia, Seis clases de baile en seis semanas. En esta ocasión le acompaña un rostro muy televisivo, el de Juanjo Artero, que hace las veces de profesor con carácter un poco impredecible, y dirige el asunto una mujer, Tamzin Townsend (responsable de El método Gronhölm o ¡Gorda!), que, tenga el material que tenga entre manos, siempre sabe sacarlo adelante con profesionalidad.
La suma de elementos no podía dar un mal producto, desde luego, y más al contar con la ventaja de ser un texto muy digerible por el público en general, un brioso encuentro con el mundo del baile de salón abordando seis de sus variedades: el vals, el tango, el swing, el cha-cha-chá, el fox-trot y el rock&roll, para deleite del cada vez mayor número de aficionados a hacer de este arte una de sus dedicaciones en sus momentos de tiempo libre.
Pero rascando en la superficie -que es, sin duda, lo que aquí nos ocupa- pronto nos encontramos con algunas pegas. La primera de ellas la interpretación de Juanjo Artero, solvente pero no del todo metido en su papel. La segunda, que es un texto que nos suena demasiado, por más que en algún momento quieran dar alguna pequeña vuelta de tuerca a los lugares comunes. Además, la acumulación de tragedias que sufren los dos personajes metidos poco a poco en una serie de momentos cada vez más confidenciales termina resultando poco creíble.
A estos inconvenientes se suma el de unos entreactos en los que sobre la pantalla que simula el momento del día en que se encuentran los personajes se proyectan unas imágenes de los dos bailando. Son instantes que elevan el toque ñoño y anticuado del que peca en determinados momentos este montaje.
Por todo esto, Seis clases de baile... es una pieza agradable para el público en general, pero no una obra brillante, ni especialmente conmovedora para el espectador exigente. Es básicamente un agradecido encuentro con una actriz de raza que sigue conservando su toque interpretativo genial. Poco más.
En cartel en Madrid:
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