LIBROS
La dignidad bibliófila de una rata
@María José S. Mayo - 10/11/2007
FIRMIN

Autor: Sam Savage.
Editorial: Seix-Barral.
Páginas: 224.
Precio: 16,50 €
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Igual que Chuang Tzu se queda dormido y sueña que es una mariposa y una vez que despierta no sabe si era un hombre soñando que es una mariposa o al revés, una mariposa soñando ser un hombre, Sam Savage sueña ser en estas páginas una rata devoradora de libros que podríamos ser cualquiera de nosotros, sobre todo los que nos definimos por nuestra pasión por los libros, porque encontramos que es algo que nos dignifica y nos hace más humanos. Esta rata también lo cree así. Leer le hace soñar con que es humano.
Firmin, que así se llama, comienza su relación con los libros devorándolos. Literalmente. Su condición de decimotercer hijo de un animal con doce ubres y su poca competencia física le hace quedarse siempre con hambre, por lo que recurre a hincarle el diente a lo que tiene más a mano en esa antigua tienda que casualmente escogió su madre como nido: los libros.
Poco a poco sus hermanos y su madre le van abandonando y empieza a dedicar su tiempo a convertir su comida en el alimento de su espíritu, mientras observa desde el agujero del techo al primer humano que ama: el viejo dependiente de la librería que parece conocer todos los secretos de la literatura. Firmin también amará a un viejo escritor que le adopta como mascota y con el que cree mantener un sincera amistad. Es un hombre que por sus características físicas nos recuerda a Sam Savage, el autor de este libro, con cuya foto contamos en una de las solapas.
De esta manera, hay en esta obra un delicioso juego entre realidad y sueño. ¿Puede realmente Firmin tocar su pequeño piano, hablar con el escritor, pasar las páginas y leer esos libros que va encontrando? Lo llegamos a dudar, porque Savage tiene la prodigiosa habilidad de hacer posible que nos encariñemos con uno de esos seres peor tratados por la naturaleza, la rata, que lo único que parece saber hacer bien, tal como reconoce el propio personaje con ironía, es "infestar".
Firmin es una primera novela encantadora y humilde que nace de un inmenso amor a la lectura. Por eso le dedica una declaración de la mejor manera posible: escribiendo un libro para hacerlo extensible a los demás, ratoniles lectores que gozan de encerrarse en su madriguera imaginativa mientras fuera, como en el microcosmos de la plaza Scollay de Boston en la que Firmin se mueve, todo se vuelve decadente y está a punto de derrumbarse.
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