CARTA DE AJUSTE
Más bragas: ¡A la mierda Punset!

@Nacho Gay - 08/11/2007
Hoy, en menos de treinta líneas, les intentaré resumir las innumerables bondades que para una sociedad como la nuestra, cabal en grado superlativo, puede tener la continuada emisión en televisión de imágenes violentas de fondo -y trasfondo- xenófobo. Y también, como homenaje a los programadores de nuestra nación, dignos de beatificación inmediata, intentaré configurar una oda a los fantásticos estrenos televisivos de la presente semana.
Empecemos por lo último, que es más divertido. El pasado martes, Telecinco estrenó un nuevo magazín de madrugada, El Ventilador; uno de esos espacios que usted, ciudadano de bien, no debería haberse perdido. Algunos dirán que esta amable tertulia nocturna es un ejemplo más de la falta de imaginación que sacude el sector; uno de esos espacios que presume de contertulios que lo mismo hablan del color de las bragas de Magdalena de Suecia que del ‘efecto invernadero’; un ventilador con el que democratizar el reparto de la miseria por el mundo.
Pero cuán equivocados están aquellos que piensan así, aquellos que así se expresan. Deben redimirse de inmediato, regresar al buen camino, para poder ver con nitidez que programas como el de marras se relacionan directamente con la ciencia, la circunscriben, la sustituyen. ¿Quién quiere ver Redes? A la mierda Punset. Lo que la gente necesita son programas como El Ventilador o Esta casa era un ruina.
Este último espacio, que se estrenó con éxito el lunes en Antena 3, se encargará de dignificar de cuando en cuando la vivienda de una familia. ¿Puede haber algo más hermoso, más constitucional? Y sí, volvemos a lo de siempre: habrá ovejas descarriadas, cojoneras, miserables que piensen que este espacio es otro Gran Hermano con toques de Sorpresa Sorpresa; otra forma de comerciar con las miserias de la gente, aquí desconocida, anónima, sólo puntualmente interesante; otra forma de exprimir las glándulas lacrimales de los protagonistas itinerantes del relato como si fuesen naranjas de medio kilo, para traficar después con el zumo.
Sandeces. Antena 3 sólo pretende hacer frente a la burbuja inmobiliaria y corregir con ello las desviaciones de un país tan infortunado como el nuestro. Y además lo hace de forma altruista, sin obtener nada a cambio. “Si no se espera ningún premio en el Cielo, y probablemente tampoco en la Tierra, entonces el único motivo para practicar la virtud es el respeto y la simpatía hacia los semejantes.” (Lilith, de J. R. Salamanca)
¿Audiencia? No me hagan reír. La televisión actual no busca sólo eso. Si no por qué iban a estar repitiendo permanentemente las imágenes del ataque de un neuras a una chica colombiana en el Metro de Barcelona. Todavía se escuchan ecos, se realizan debates sobre el asunto. ¿Eso genera audiencia? ¿Morbo? ¿Polémica?
Bueno, quizá sí. Pero eso da igual. Lo que la televisión pretende con esta avalancha de espacios sobre el tema no es otra cosa que adoctrinar -al modo en que lo hace Punset-, para que acontecimientos como aquel no se vuelvan a repetir.
No me puedo quitar de la cabeza a Terelu Campos, quien hace unos días paralizó el programa en el que participa en Telecinco para decir: “Yo pienso que a las personas se las mide por su lealtad, por su honestidad, por su educación, por su bondad y no por el color de su piel ni por su nacionalidad”. Que buena gente.
Da igual que eso ya lo hubiese dicho antes Martín Luther King. La televisión lo ha globalizado. Lo ha legitimado. Esta es la tele que queremos. ¡A la mierda Punset!
Opiniones de los lectores (4)
4. invitadoJueves, 08/11/2007, 13:17 h.
Laurych, puedo estar equivocado, pero yo diria que el autor está siendo irónico en sus comentarios, y que en ningún caso critica el programa Redes...
3.
kogivaJueves, 08/11/2007, 10:43 h.
Para hacer un comentario acorde al tema en cuestión hay que poner en contexto al lector. El coeficiente de la media se está reduciendo a la neurona que acompaña a Homer en su eterna soledad. Toda esta gente que muestra su opinión en la televisión sobre cuestiones tracendentales( coste de las tetas de la novia de Paquirri i.e) y el contenido que comentan nos hacen parecer más ignorantes. Ser hace alusión a Punset en este artículo, en mi opinión este hombre me ha hecho soñar con su conocimiento general y particular.Será una utopía que veamos a personas en la televisión y no a monos
2. CamuñanoJueves, 08/11/2007, 10:33 h.
Todo viene del mismo problema. Desde que hay televisión privada la calidad de la programación ha caíodo en picado. No entiendo porqué las televisiones privadas, que son empresas privadas, prestan un servicio gratuito, utilizando un espacio público, que se emplea en emitir programaciones que están causando un enorme daño en nuestra sociedad. Si prestan un servicio privado, que paguen los que quieran verlas, pero que dejen de llenarnos de porquería las pantallas a todos los demás. Por tanto, propongo que haya que pagar para poder ver todas las privadas. Lógicamente esto tendría que acompañarse de un verdadero control por parte de todos los grupos políticos de la objetividad en la información y en la programación de las cadenas públicas, por el bien del país.
1.
LaurychJueves, 08/11/2007, 10:00 h.
Siempre defiendo la diversidad. La diversidad tolerancia y permite la armonía. Cada persona es diferente y que haya variedad, permite a cada persona elegir aquello que mejor se adapte a ella.
Por esa razón defiendo que haya variedad de programas. Que cada uno vea lo que quiera, lo que le interese, lo que le entretenga... y el hecho de que el programa de Redes no le interese al que ha publicado el artículo no me parece bien que diga que es una mierda, simplemente que no lo vea.
A mi es un programa que me gusta, ahonda en el por qué de las cosas, en sus orígenes biológicos, intentando razonar por qué es así y no asá. Aún así pondría una pega, me gustaría que fuera subtitulado, siempre se acaban doblando los diálogos lo que no permite escuchar la voz orininal.
El programa de Punset, a persar de las altas horas en las que se suele emitir, me satisface intelectualmente, mientras que el derrumbar casa para construir una nueva no. Cuestión de gustos.
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