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TRIBUNA

Nuestros vecinos del Sur

Javier Zuloaga* - 06/11/2007

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Puede que el viaje real a “las plazas españolas en el norte de África” tense, más de lo ya tradicional, la frágil cuerda política que une geográficamente a España y Marruecos, y que la iniciativa del estelar magistrado de la Audiencia Nacional irrite a un Gobierno de Rabat que no acaba de entender que un juez pueda andar hurgando en los trapos sucios ocurridos en unos territorios, los del Sáhara, sobre los que sin embargo Zapatero se manifestó no hace mucho -con consecuencias económicas negativas en las relaciones de España con Argelia- a favor de las tesis autonomistas de Rabat y en contra del derecho de autodeterminación de los saharauis, que la ONU marcó para 1992 y que fue aceptado sin fisuras por Suárez, González y Aznar.

Lo fácil en estos casos suele ser dejarse llevar por el gen patriótico y soberanista, algo que suele llevar a la confrontación. Lo inteligente, sin embargo, es mantener la cabeza fría y dar un paso atrás para mirar qué es lo que se cuece al otro lado del Estrecho y, sobre todo, preguntarse por qué la tensión que pueda generar este viaje es tan aparente en las calles y electrizante en boca de los nacionalistas del Partido Istiqlal como inexistente en los pasillos del Palacio Real, que es donde se decide todo en Marruecos.

Marruecos obtuvo su independencia en 1956 de la mano de Mohamed V, miembro de la dinastía alaui y por ello descendiente del Profeta. Hablamos, por lo tanto, de una monarquía tocada por el dedo de Dios, que genera devociones y temor –¿no nos decían también a los cristianos que había que ser temerosos de Dios?– y que ha articulado un sistema político fuertemente autoritario, pese a que algunos en Marruecos, con bastante audacia, lo comparen con la monarquía parlamentaria española.

Este reino -y los tres reyes que ha tenido- nunca ha reconocido como héroe propio a Abdel Krim, el látigo de aquella humillante derrota que para España supuso Anual, hasta el punto de que el caudillo rifeño murió en el olvido y en el desagradecimiento de los suyos en el Cairo en 1963.

Nuestro Rey se parece a Mohamed VI lo que el premier Abbas el Fasi a José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir, en nada. Y así es evidente que nuestro primer ministro lleva sobre sus espaldas unas responsabilidades que en Marruecos recaen en el monarca, que disuelve el parlamento y convoca elecciones, que nombra al jefe de Gobierno -que no tiene que recaer necesariamente en el líder del partido más votado-, que elige a todos los ministros y que, por supuesto, dirige personalmente la política exterior y manda operativamente en el ejército.

Los marroquíes aceptan este diseño y juegan la partida electoral sin distinciones, desde los nacionalistas hasta los comunistas. Nadie discute ni cuestiona a un rey que, como ya hacía su padre Hassan II, proclama públicamente que Juan Carlos de Borbón es su hermano y que castiga con una añeja indiferencia y algo de desprecio a la clase política española cuando, en los viajes oficiales, la recepción en el despacho real es incógnita hasta el último momento.

Recuerdo que, en 1983, Marruecos se sacó de la manga una resolución de una unión interparlamentaria árabe que pedía la salida española de Ceuta y Melilla. Los periódicos nacionalistas marroquíes -Al Alam, L´Opinion y el oficialista Le Matin- armaron el correspondiente alboroto, al tiempo que al norte de Gibraltar la sangre hervía en las venas de los patriotas españoles y los medios de comunicación lanzaban vitriolo contra el rey moro.

¿Qué pasó? Absolutamente nada, porque al cabo de unas semanas habían ocurrido cosas más importantes. Lo cierto es que desde que Hassan II invadió y ocupó el Sáhara Occidental en plena agonía de Franco, los dirigentes marroquíes han demostrado ser unos auténticos maestros en las artes de la propaganda. Cuando tocan la corneta desde cualquiera de los palacios reales, el pueblo se pone emocionalmente en marcha. Pasó con lo de Perejil y pasará durante unas semanas con el viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla.

Esta es la compleja y perpleja manera en que se gobierna un país como Marruecos, una manera que puede sonar rancia a oídos europeos. Es lo que hay. Y, además, es la que más conviene a los intereses del mundo libre. Así, como suena. Por eso en París se cuidan mucho de no desairar al Rey de Marruecos, aunque en la ciudad del Sena den cobijo a disidentes –lo cual, en el fondo, más que un agravio es un favor-; en Washington no dudan en respaldar económica y militarmente al régimen de Rabat, mientras en España lo primero que hacen nuestros gobernantes tras ser elegidos es viajar a Rabat para brindar, naturalmente con té verde, por las tradicionales relaciones de hermandad existentes entre ambos reinos. Esto lo saben ellos y lo sabemos nosotros. La alternativa es fácil de adivinar: basta con mirar en dirección Este hacia los regímenes teocráticos que quitan el sueño a Occidente.

*Javier Zuloaga, fue corresponsal de Efe en Rabat entre 1982-1984.

http://javierzuloaga.blogspot.com/

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Opiniones de los lectores (3)

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3. usuario registrado belgaMartes, 06/11/2007, 13:38 h.

A corto plazo esta politica de contemporizar funciona de maravilla pero a largo plazo tenemos alli una bomba de relojeria que puede estallar en cualquier momento a la que alguien le de por encender la mecha. Solo pienso en lo que le sucedio al sha de persia...

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2. Sharp IIMartes, 06/11/2007, 11:49 h.

Basicamente correcto. Solo una pequeña puntualización. En tiempos de la Dictadura, cuando Marruecos se ponía algo bravo, se le enviaba la flota a melilla y ceuta y se sacaban los cañones ala frontera y se acabó el problema (Política de cañoneras). las relaciones marruecos España han sido siempre complicadas. El "moro es listo" y aprovechó la agonía de Franco para montar la marcha verde.Desde entonces España nunca ha mostrado su poder hasta el tema de Perejil. Aznar hizo una cosa importante: poner a EEUU frente al dilema España o Maruuecos y gano en este caso España. En el 57 en sidi Ifni,EEUU se hizo el sueco y tuvimos que apoyarnos en Francía (que nos prestos las BDK Lanchas de desembarco) y luchamos con material anticuado, ya que EEUU no nos permitío utilizar el de ayuda americana

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1. RollandMartes, 06/11/2007, 10:00 h.

Fino, exacto y profundo. Este artículo es objetivo, no cae en tópicos y sobre todo práctico. Al final no pasará nada y todos habrán recibido su dosis de soberanía. Perfecto

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