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JUANDE RAMOS

El aprendiz de Cruyff

El aprendiz de Cruyff

Juande Ramos en su nuevo banquillo londinense.

@Julio Candela.- - 03/11/2007

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Juan de Dios Ramos, Juande, siempre aspiró a ser alguien en el fútbol y en la vida. De pequeño quiso ser un gran futbolista, como Marcial, aquel jugador del Elche, Espanyol, Barcelona y Atlético de Madrid, tan talentoso como pichafría. Juande, el niño Juande, adoraba a aquel futbolista que parecía tocar el violín.

Aunque manchego, Ramos pateó desde niño las calles de Elche y con el equipo ilicitano vivió sus mejores glorias futbolísticas. Una grave lesión de rodilla le puso telón de espinas a su carrera como jugador, pero Juande, que nunca fue tipo de bajar la guardia, y con fama de cabezón, se empeñó en ganarle el pulso al fútbol. Y se tiró de cabeza a los banquillos. Sabía muy bien el de Pedro Muñoz que las alfombras rojas sólo se ven en Hollywood y que el trayecto de entrenador sería sinuoso y lleno de piedras. Un frenillo molesto y una timidez gigantesca, no podían ser obstáculos para sus sueños. Este ex futbolista de piernas de alambre, decidió poner en marcha sus infinitivos favoritos: callar, hacer, trabajar, tragar, procesar, seguir y, sobre todo, luchar.

Ilicitano, Alcoyano, Levante, Logroñés, Barcelona B, Lleida, Rayo Vallecano…

Una parada muy corta en el camino. En este tiempo se metió en vena las teorías de un personaje que influyó en él decisivamente: Johan Cruyff, al que conoció en el Barcelona y trató de pegar sus costillas, aunque no siempre lo consiguió, pues el holandés de oro sólo se pega a su espejo. Juande asumió las teorías del genio y las adobó con dosis de su experiencia. Le fue de dulce en el Rayo (dándole salvoconducto a los dinosaurios: Cota, Lopetegui, Hernández, Alcázar…) con el que ascendió y llegó a meter, por ‘buena conducta’, en Europa.

Del Rayo Vallecano al Betis, que no fue un salto al vació pero sí lleno de vértigo, pues Lopera se le indigestó a mitad de temporada. El peculiar dueño del Betis se arrepentiría más tarde de la torpeza que cometió con Juande, pues éste tomó las riendas del equipo recién ascendido y lo metió de cabeza en la UEFA. Pero don Manué quería ‘otra cosa’ para su equipo, un técnico de más pedigrée: “Para qué quiero un Renault si me puedo permitir un Mercedes”, dijo el dueño del Betis cuando fichó a Víctor Fernández. Aquella frase llena de clavos que le lanzó Lopera perforó el amor propio de Juande Ramos, que nunca le perdonó al verdiblanco la humillación. Tras un paso desafortunado por el Espanyol, donde cosechó su único despido, una aventura bonita en Málaga y un año sabático forzoso, el entrenador aterrizó en Sevilla, a un Nervión convulso por la marcha del emblemático Joaquín Caparrós al Deportivo. Y lo primero que hizo Juande fue endilgarle un arcabuzazo a Lopera: “El Sevilla es el mejor club con el que hasta el momento he trabajado, más importante que el otro equipo de la ciudad…”

Pero los torpedos más dolorosos y profundos para los béticos llegaron a partir de ese año. El Sevilla con el timón de Juande ganó cinco títulos consecutivos (dos Copa de la UEFA, una Supercopa de Europa, una Copa del Rey, una Supercopa de España), además del título honorífico de ‘mejor equipo del mundo’, otorgado por el IHFS, de FIFA, honor que ostentó el Sevilla durante 13 meses consecutivos. En lo individual, Juande también ha crecido, pues durante estos dos últimos años ha sido invitado por la UEFA al exclusivo seminario que el máximo organismo del fútbol europeo imparte con sus mejores técnicos.

Un escorpión y un cocodrilo no son buenos compañeros de viaje, y tampoco lo iban a ser José María Del Nido y Juande Ramos. Aunque manchego, el técnico no ha sido amigo nunca de los molinos de viento y menos de las bambalinas glamourosas que al presidente sevillista tanto le gustan. Cada título, un paseo en autobús descubierto, un vendaval de flores y entusiasmo, demasiado sonrojo para alguien tan tímido como Ramos. A éste lo que le van son sus amigos de fuera del balón, como Antonio Conde, el joven alcalde de Mairena del Aljarafe, con el que disfruta, aprende y es más Juande Ramos que nadie. O Ruperto, primoroso artesano del dulce, hincha del Athletic de Bilbao y dueño de la cafetería Rupert, donde hasta el viernes último, Juande paraba cada día, a las 8,15 horas de la mañana, ni un minuto más, a tomarse un café con leche y un zumo de naranja recién exprimida, mínima batería para encarar una dura jornada en los laboratorios de la Ciudad Deportiva sevillista.

¿Tan mal estaba Juande en Sevilla? Pues no. Rotundamente. Aquí ha vivido la Feria, la Semana Santa y alguna gota del Rocío. A pie de Guadalquivir se ha reído todo lo que pueda reírse alguien con un sentido del humor muy gregoriano. Pero ha echado raíces en forma de importantes negocios de construcción. Y también le ha echado valor para la aventura: un contrato con el Tottenham Hotspurs que le convierte en uno de los entrenadores mejor pagados del mundo. Con el dinero en las manos, a Juande se le disiparon los miedos y el vértigo. Se fue de cabeza a White Hart Lane a vivir un cuatrienio y hacer de carne uno de sus sueños: entrenar en Inglaterra. Pero se despidió a la francesa.

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