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Experimentar es de sabios

@María José S. Mayo - 03/11/2007

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DIARIO DE UN MAL AÑO

Autor: J.M. Coetzee.
Editorial: Mondadori.
Páginas: 240.
Precio: 18,90 €
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Dos partes. Tres niveles narrativos. El último libro de Coetzee es una suerte de experimento literario -no novedoso, eso sí- en el que un escritor llamado C y muy parecido a él en sus datos biográficos -nacido en Ciudad del Cabo, aunque en otro año, y afincado en Australia- desarrolla sus opiniones acerca de 55 temas tan diversos como la pedofilia, Al Qaeda, el anarquismo, Tolstoi o las aves del aire.

Es un compendio de opiniones razonadas y de una ética ejemplar a las que suma, de forma claramente separada, otro nivel con sus impresiones sobre una joven a la que conoce en la lavandería de su bloque y que convierte en su secretaria para que le mecanografíe este trabajo. Y, por último, unas cuantas páginas después de empezar, otro estrato en el que ésta chica de 29 años, Anya, conversa con su novio, Alan, un despiadado ejecutivo que se empeña en contradecir las opiniones del escritor

Con este particular trabajo, Coetzee ha querido seguir con la experimentación literaria de sus dos libros anteriores, Elisabeth Costello y Hombre lento, en los que el personaje que da nombre al primer libro se convertía en el alter ego del escritor, haciendo y deshaciendo en las historias desarrolladas. Aquí, sin embargo, Coetzee parece desplegar un juego en el que hace observaciones de sí mismo como un abogado del diablo -y sin ningún tipo de remilgo- a través de los personajes de Anya y Alan, más jóvenes, riéndose de sus excentricidades.

Pero el peso de este trabajo realmente recae en esas brillantes opiniones acerca de temas diferentes que encabezan cada página. Son unas muy nutritivas "miscelaneas" con las que ampliamos nuestra visión del autor así como suscitan un pequeño debate en el lector, atrapados por estas pequeñas pildoritas de conocimiento.

La razón de escribir un libro así la desvela Anya al reproducir a Alan una de sus conversaciones con C.: "¿Una novela? No, ya no tengo la fortaleza necesaria. Para escribir una novela tienes que ser como Atlas, cargar con todo un mundo en tus hombros y sostenerlo durante meses y años, mientras todos tus asuntos se resuelven por sí mismos. Es demasiado para mí en mi estado actual" (p. 68).

Habrá que esperar que el autor no lo diga demasiado en serio, o que este alter ego no sea un reflejo tan fiel de su persona, porque a pesar del interés de esta obra razonadísima, nos estará privando del inmenso placer de disfrutar de su prodigioso talento para la narración redonda desplegado en novelas tan fascinantes como Desgracia.

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