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ESPAÑA

Zapatero no entrega la cabeza de Álvarez ni aporta una fecha para la llegada del AVE a Barcelona

AVE

Zapatero no entrega la cabeza de Álvarez ni aporta una fecha para la llegada del AVE a Barcelona

El presidente, durante la sesión de control al Gobierno de este miércoles. (EFE).

@Julia Pérez.- 31/10/2007 20:49h

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El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se negó este miércoles a cesar a su ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por mucho que se lo pidieron todos los partidos de la oposición. Todos a una reclamaron la cabeza de la ministra, a excepción de CiU que opina que es tiempo de soluciones porque la asunción de responsabilidades llegan “a destiempo” en la crisis ferroviaria desatada en Barcelona. Zapatero no aportó tampoco una fecha para la reanudación del servicio de Cercanías en la ciudad condal, ni tampoco la de la inauguración del AVE, que estaba prevista para el 21 de diciembre.

En una comparecencia en el Congreso, el presidente destacó tres prioridades, por este orden: la seguridad, la apertura de los servicios de Cercanías interrumpidos “tan pronto como se pueda” y, por último, la conclusión de las obras del AVE en Barcelona. Es más, la fecha de la entrada de este último servicio dependerá primero de que se cumplan las dos primeras condiciones.

Zapatero parecía más un director de obra que un presidente, desgranando las distintas adjudicaciones, reforzamientos de estructura, materiales móviles y tendidos de las líneas de Alta Velocidad que se ultiman. Reiteró sus excusas a los afectados de Barcelona y resaltó que la obra causante de la crisis tenía que haber estado terminada en agosto, tras un aplazamiento solicitado en febrero por la empresa, OHL. El jefe del Ejecutivo hizo suya la decisión adoptada en 1996 sobre el lugar y el modo de llegada del AVE a Barcelona ya que, aun siendo la opción más compleja y difícil, es “la mejor para los ciudadanos" porque aborda remodelaciones como la estación de Cercanías de Sants.

El presidente del Gobierno desmintió que se haya planteado alguna vez la rescisión del contrato a OHL, aunque sí se ha resuelto el contrato de la empresa que llevaba el control y supervisión técnicos de la obra, Cygsa. Echó mano del pasado y viajó a 1992, para destacar que Barcelona atraviesa por un abandono en inversiones ferroviarias desde entonces.

Su planteamiento no convenció. El líder del PP, Mariano Rajoy andaba de caza mayor y fue a por Zapatero. A todos los efectos, la responsabilidad es sólo del presidente, que es la persona en cuyas manos el Congreso puso “el poder, el Gobierno, el presupuesto y el BOE. No es necesario que el error sea suyo, personal. Si lo comete una ministra, usted responde ante nosotros por ella”. Así que no entiende qué significa que asuma la responsabilidad, que reconozca la existencia de fallos pero que no haga ningún gesto ante la sociedad.

Álvarez seguía la intervención del líder del PP imperturbable hasta que Rajoy habló de un gesto de la ministra “genuinamente totalitario”, que fue cuando llegó al extremo de responsabilizar a la empresa constructora y dijo a los periodistas que ‘No puedo negar que las incidencias han podido ser intencionadas’. La ministra negó con un gesto que ella hubiera dicho algo así y pasó una nota aclaratoria a Zapatero sobre este extremo. De ministro a ministro, la nota pasó a lo largo del banco azul del Ejecutivo –Mariano Fernández Bermejo fue el único que la leyó- hasta que la vicepresidenta primera la dejó al lado de Zapatero. El presidente la ignoró.

Uno detrás de otro los portavoces parlamentarios le pidieron la cabeza de la ministra Álvarez. Todos coincidieron: no confían en la ministra de Fomento. El portavoz de CiU, Josep Antoni Duran, expresó su deseo de que la asunción de responsabilidades no se quedara en “una sonrisa más” y reclamó soluciones para la crisis que provoca sufrimiento entre los ciudadanos. Admite que haya problemas en las obras, pero no “un socavón tras otro socavón”, de ahí que reclamara una moratoria para reflexionar sobre el trazado pendiente.

Joan Tardá (ERC) pidió el cese “fulminante” de la ministra porque, además, aún no se ha presentado en Barcelona y se ha refugiado “en su cuartel de invierno andaluz” convirtiendo sus apariciones en “un baño intolerable de autosatisfacción” e, incluso, de “vergonzosa mezquindad”. Joan Herrera (ICV), que resaltó que ya no cree a Álvarez, reprochó las prisas para terminar las obras –con trece obreros fallecidos- y la ausencia de inversiones en las Cercanías catalanas.

Zapatero tira del pasado y saca al primo de Rajoy

Cuando Zapatero tomó de nuevo la palabra, los 160.000 usuarios fueron orillados. El presidente, herido porque Rajoy le hubiera acusado de tomar decisiones para darse “lustre electoral” se remontó a las inauguraciones de los Gobiernos del PP. Le echó en cara que “endosara a un primo la ignorancia del cambio climático”, el que José María Aznar inaugurara “las siete primeras traviesas” del Ave a Valladolid, las declaraciones del entonces ministro Francisco Álvarez Cascos… “Eso sí que es prisa electoral, lustre y engaño a los ciudadanos”, sentenció para pasar después a una especie de clase magistral sobre la planificación ferroviaria.

El líder del PP le reprochó que hubiera tenido una intervención “muy poco respetuosa con los ciudadanos” y aseguró que no quería hablar ni “de sus parientes, ni de la T4” ni de lo que Zapatero dijo la víspera del atentado de diciembre pasado. Rajoy asumió para el PP “todo lo que pasó en España desde las Navas de Tolosa” para destacar después que la crisis es fruto de las “neurosis electorales” del presidente para sacarse la foto. “La razón de rabia, impotencia y amargura que se ha colado en la vida de centenares de personas como consecuencia de una forma de gobernar arrogante”, denunció el líder del PP.

Tomó de nuevo la palabra Duran, miro a uno y otro lado de la bancada y reprochó a populares y socialistas que hubiera afrontado un debate con “mucha desconsideración a los ciudadanos. No viene a cuenta hablar del Prestige, ni de la Guerra de Irak”, le dijo a Zapatero mientras expresaba el temor de que lo ocurrido ayer en el Congreso “haya aumentado la desafección de los ciudadanos hacia la política”. El presidente salió en defensa de sí mismo y desmintió que actué con fines electorales o que haya habido prisa por inaugurar las nuevas líneas de alta velocidad.

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