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CULTURA Y PODER

Cómo ser de izquierdas hoy

Santiago Alba Rico

@Esteban Hernández.- - 24/10/2007

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Cómo ser de izquierdas hoy
 

¿Cómo ser hoy de izquierdas? ¿Cómo sobreponerse a las corrientes políticas contemporáneas, que niegan toda validez a las propuestas y visiones provenientes de Marx? ¿Cómo situarse en un espacio público desprestigiado, el político, apoyándose en formas de definir el mundo que parecen haber perdido pie? La fórmula del escritor Santiago Alba Rico, una de las figuras decisivas de la izquierda no parlamentaria en nuestro país, no puede ser más concisa: “el proyecto emancipatorio debe ser revolucionario en lo económico, reformista en lo político y conservador en lo antropológico. Enfrente estarían sus dos enemigos actuales: “el capitalismo que hace realidad perversamente las utopías anticapitalistas (el hombre nuevo, la revolución permanente) y el discurso neocon pre-moderno que explota la inestabilidad”.

Los tiempos, sin embargo, no parecen estar de su lado. Si eran frecuentes en el pasado los desplazamientos hacia la izquierda (quienes habían militado en Europa en las derechas dictatoriales se pasaban, por convicción o interés, al bando demócrata) hoy ocurre justo al contrario, como prueba el hecho de que numerosos intelectuales que defienden las ideas conservadoras formaron parte del lado opuesto de la trinchera. Según Alba Rico, “también los obreros, los empleados, los profesores, los médicos, los abogados eran de izquierdas y se han desplazado a la derecha en el seno de una sociedad formateada económica y culturalmente desde el mercado”.

Pero el caso de los intelectuales es especial, en la medida en que poseen “una mayor responsabilidad” en ese proceso, ya que “han contribuido a acelerar y legitimar ese desplazamiento desde una posición de mayor libertad e información. Y lo que han obtenido a cambio no puede medirse -o no sólo- en ventajas económicas y poder (cosas secundarias para un intelectual). No hay nada más corruptor que la atención; se les ha prestado un poco de atención y han sucumbido, y han sucumbido precisamente allí donde “atención” y “mercado” coinciden sin apenas resquicios. En todo caso, ellos lo llaman “madurez” y no sin razón. Han “madurado”, naturalmente, al mismo tiempo que una sociedad que ha retrocedido al menos dos décadas. Los pocos que no lo han hecho es que se han quedado un poco... por delante”.

Alba Rico define, en Capitalismo y nihilismo (ed. Akal), un sistema político económico que tiende a diluir toda posibilidad de construcción de valores. Por eso, asegura, casi todo lo que dicen los antiglobalizadores lo había dicho antes Marx en el Manifiesto comunista, donde describía la acelerada destrucción de las sociedades a manos del régimen de la libre concurrencia. “Dado que el capitalismo es nihilista, la única forma de afirmar valores es combatirle. Porque no sólo disuelve los valores cuanto las condiciones mismas en las que cualquier cosa sólida pueda surgir y sostenerse; porque erosiona radicalmente todas las diferencias sobre las que se levanta la cultura, cualquier clase de cultura; la diferencia entre guerra y paz, la diferencia entre culpables e inocentes, la diferencia entre producción y destrucción”.

Y, en ese combate, el marxismo tendría un nuevo lugar, ya que si su oponente “dejó atrás los valores feudales del Ancien Régime, hace tiempo que ha dejado también atrás los valores ilustrados que se forjaron para liberar al ser humano. Yo no siento nostalgia de Dios sino de la Razón; y no quiero volver al paternalismo jerárquico sino a la fraternidad republicana. Nos hemos pasado la estación en que teníamos que pararnos y el tren sigue desembocado hacia el abismo. El marxismo hoy tiene que ser, si no 'regresivo', al menos 'frenativo'. Hay que recuperar no tanto los valores cuanto el cemento mismo de la vida social: los cuerpos, la tierra, la ley y con ellos la lentitud, la atención, la espera, los cuidados, los relatos”.

Los valores familiares y sociales

Y este asunto resulta hoy especialmente importante en el suelo público, toda vez que un buen número de políticos encuentran un lugar destacado en la escena subrayando los valores, familiares, sociales, comunitarios, religiosos o nacionales que parecen estar perdiéndose. Según Alba Rico, esto responde a que “hay una derecha muy poderosa que ha comprendido que la disolución material de toda estabilidad -bajo el empuje de la globalización por ellos defendida- despierta una nostalgia de “solideces” pre-ilustradas muy útil para legitimar sus políticas de intervención imperialista en el exterior y de reducción de libertades en el interior: es el discurso neocon, apoyado por católicos, protestantes y judíos y replicado dócilmente por el Islam”.

Algo que ha producido movimientos paradójicos. En primer lugar, en el espectro político: “Contra ese discurso imperialista y de reducción de libertades escribió Marx las páginas del Manifiesto en defensa -digámoslo así- de la 'propiedad privada' y la 'familia', amenazadas por la burguesía: los mismos capitalistas que 'emancipaban' a las mujeres de sus hogares mandándolas a las fábricas, luego enviaban predicadores para enseñarles pudor cristiano y respeto al marido. Frente a esta hipócrita defensa de los lazos estables por parte de los mismos que los desataban, la izquierda hizo exactamente lo contrario: mientras alimentaba la resistencia social y los vínculos fuertes, hacía discursos en favor de su disolución”.

En segundo término, porque los aparentes enemigos acaban coincidiendo en muchos de su postulados. Por ejemplo, en la identificación del mal absoluto como causa última de las disfunciones. Pero aunque “una larga lucha acaba por imponer al enemigo las mismas estrategias y los mismos discursos”, Santiago Alba sí cree en “una diferencia fundamental entre los radicales imperialistas y los radicales islamistas: la que existe entre el agresor y el agredido. EEUU ha invadido Iraq y no al revés; los sionistas han invadido Palestina y no al revés; casi todas las bombas caen en Kabul, en Bagdad, en Somalia, en Beirut, en Gaza, ahora quizás en Irán. Una larga historia de colonialismo, dictadura y represión -sin olvidar la responsabilidad de nuestros radicales en la financiación y entrenamiento de los suyos- traza una línea divisoria que la izquierda tampoco debe olvidar, como pretende hacernos olvidar la guerra contra el terror”.

Pero, según Alba Rico, no hay que olvidar las diferencias que existen dentro del propio islamismo: “Hizbolá y Hamas, diferentes entre sí, son al mismo tiempo ferozmente contrarios a Al-Qaeda, grupo penumbroso con el que los EEUU quiere que identifiquemos todo el anti-imperialismo islamista. EEUU necesita un enemigo semejante. La URSS, con todas sus barbaridades, no dejaba de alimentar en algunos sectores sociales occidentales la ilusión de una alternativa emancipatoria al capitalismo. Nadie puede defender a Bin Laden. Su semejanza ideológica con Bush obliga a elegir bando por razones culturales; su semejanza es un motor muy eficaz del choque de culturas”.

La izquierda, por último, tendría una dificultad añadida a la hora de describir los problemas. De una parte, porque ha perdido la preeminencia en el lenguaje que tuvo hace décadas; de otra, porque ha sido de sus filas de dónde ha surgido con mayor insistencia la refutación de viejos conceptos, como el de verdad o el de realidad. Para Alba Rico, “la verdad del pluralismo consiste, en no tener ningún interés por la verdad. Ese pluralismo es el mercado, donde toda mercancía tiene derecho a venderse por igual y todo consumidor tiene derecho a escoger entre todas por igual. La 'verdad' sólo importa ya a los pobres, obligados a tomarse en serio lo que hacen”.

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Opiniones de los lectores (8)

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8. usuario registrado joanfgMiércoles, 24/10/2007, 12:57 h.

A Marx hay que reconocerle la denuncia de la explotación de los trabajadores. Pero la solución que el proponía lo único que trajo es falta de libertad, hambre y más explotación, eso sí ahora el explotador era el Estado. La izquierda que desde la caída del muro de Berlín esta más descolocada que un pulpo en un garaje, como no tienen alternativa al sistema capitalista se acogen a nuevas banderas por ej. la antiglobalización (aunque cualquier economista sabe que la globalización beneficia al consumidor de los bienes y servicios), el cambio climático, el antiamericanismo (el comunismo nunca cuajó en EEUU), el ecologismo de pacotilla (los países comunistas son los que menos han repetado el medio ambiente), el movimiento okupa, volver a los movimientos hippies etc.

7. Arbizu Echauri JUAN BURGOMiércoles, 24/10/2007, 12:29 h.

Sr. Juan del Burgo. ¿Podría informarnos de cómo es eso que habiendo cotizado 44 años, le quede una pensión que no llega a 500 euros? Gracias.

6. anonimo52Miércoles, 24/10/2007, 11:58 h.

Un muy interesante artículo, pese a los comentarios de aquellos que NUNCA leerán un libro así... con hojas y letras, ya sabe. Gracias por la recomendación. En otro orden de cosas, me preocupa la deriva reaccionaria y anti liberal (en el sentido humano del término) que adoptan muchos de los foreros. Solo defienden la libertad de los liberales, y eso no hace sino ensuciar a los demás. Hay mucha gente con libertad para ser socialista, comunista o funcionario, y es algo que se olvida demasiado a menudo. Especialmente aquí.

5. usuario registrado anibalMiércoles, 24/10/2007, 11:55 h.

Hay muchas maneras de ser de izquierdas, pero ninguna pasa por ser un autómata adoctrinado ni un intelectual orgánico.
O sea, cuanto más lejos del PSOE, mucho mejor. En el pSOE no hay nada de izquierdas, sí esclerosis reaccionaria y totalitarismo.
Mucho menos en lospartidos comunistoides border-line

4. juan del burgoMiércoles, 24/10/2007, 10:27 h.

La respuesta a la pregunta que se plantea la respondió de madrugada un programa de Tele 5 (por cierto, ¿no es posible debatir en televisión más que a partir de la 1:00 de la madrugada?). Salió a relucir la figura del FELIPÓN. Ese sí inventó como ser de izquierdas y dejar de serlo al día siguiente de ganar las elecciones. Me llamó poderosamente la cantidad de SMS que enviaban los adeptos felipistas: cómo se nota que no tienen que madrugar; y qué agradecidos estaban! Sin embargo con los pactos de Toledo a mí me han dejado una pensión miserable de 485 euros tras 44 años de cotización. ¿De izquierdas dice ud.? JA!

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