La ‘gota malaya’ contra el Alzheimer
@Luisa Casal.- 22/10/2007

La primera semana de mayo del 2007, Pasqual Maragall asistía en Nueva York a un recital de la cantante mallorquina Maria del Mar Bonet y del cantaor Miguel Poveda. El político catalán se había desplazado a la ciudad norteamericana con una cargada agenda de trabajo para participar en el Urban Age, un foro internacional que estudia los retos de las ciudades del futuro. Pero en su agenda privada figuraba otra visita que sería la que marcaría, precisamente, su futuro personal.
En aquel viaje, el ex presidente de la Generalitat de Cataluña hizo una escapada relámpago al Hospital General de Massachussets, en Boston. El centro tiene un convenio de colaboración científica con el Hospital de Sant Pau de Barcelona para el estudio del Alzheimer y Maragall se sometía allí a las pruebas definitivas que le confirmarían lo que ya le habían diagnosticado en Cataluña: que la terrible enfermedad le comenzaba a afectar y que había de intensificar los tratamientos.
En algunos círculos políticos de Barcelona ya se conocía la triste realidad, pero desde la misma cúpula de su partido, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), se había dado la orden de no hablar de ello aunque sólo fuese por respeto personal. La cúpula socialista conocía al detalle el avance de los síntomas de la dolencia y los esfuerzos de un equipo de médicos por ponerle coto, pero el tema sólo era tratado en reuniones muy reducidas para comentar novedades al respecto. En los foros del partido -ejecutiva, consejo nacional y asambleas sectoriales o territoriales- jamás se llegó a aludir a la situación personal del presidente del PSC.
Sólo hubo un desliz: el que tuvo el delegado de la Generalitat en Madrid, Raimon Martínez Fraile -curiosamente, antiguo colaborador de Pasqual en el Ayuntamiento de Barcelona-, que en un programa de radio hizo referencia a unas declaraciones de Maragall diciendo que las mismas habían sido hechas por “una persona un poco enferma” y en un estado “no muy adecuado física y psicológicamente”. Horas después, recibía una llamada desde la plaza de Sant Jaume y era destituido por el presidente de la Generalitat, José Montilla.
La 'gota malaya'
Los altibajos de Maragall durante los últimos años, sin embargo, no pueden ser atribuidos al Alzheimer. Ninguna de sus maragalladas o de sus decisiones como presidente o las que tomó posteriormente fueron debidas a la dolencia, según explican tanto sus colaboradores como sus detractores. El veterano político se ha guiado siempre por impulsos personales y corazonadas más o menos afortunadas. Su traumático Gobierno junto a Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), a la que acabó echando por oponerse al referéndum del Estatuto, e Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) fue en buena medida una labor personal del hasta hace poco presidente del PSC.
Apodado 'la gota malaya' por Felipe González a causa de su tozudez, Maragall nunca aceptó quedar ninguneado después de las últimas elecciones autonómicas. La misma noche electoral, su ausencia de la “zona privada” del PSC fue un dato a tener en cuenta. No celebró ninguna victoria porque, para él y sus íntimos, el partido y Cataluña habían perdido uno de sus grandes activos. Se propuso entonces, como meta, trabajar en foros internacionales con la vista puesta en Europa y construir un gran partido supranacional, el Partido Demócrata (nombre que ya había registrado con anterioridad y al que ahora se suma el recientemente inscrito Partit Català d’Europa), que tuviese como ingredientes de peso algunas formaciones progresistas y de centro izquierda de toda Europa. Ello, junto a varios foros internacionales -fundaciones y consorcios económicos importantes- que sirviesen como think tank, será, a su juicio, la estructura de futuro por donde han de pasar ineludiblemente los partidos políticos europeos.
Pero el último año y medio ha sido un verdadero calvario para el político catalán. En abril del 2006, contra viento y marea -y en contra incluso del PSC y de sus socios ERC e ICV- realizó una remodelación de su Gobierno para prescindir de los consejeros que no eran de su agrado y formalizar desde la Administración un contrapeso al aparato de su partido, controlado por José Montilla. “Soy el presidente de la Generalitat y por eso puedo nombrar como consejero a quien yo quiera. Si no es así, ¿para qué soy presidente? ¿Dónde se ha visto que un presidente no pueda nombrar a quien quiera?”, llegó a decir a la cúpula socialista. “Sí, pero gobiernas con los votos que te damos en el Parlamento. Sin esos votos, no podrías ser presidente”, le vinieron a responder. Aún así, se salió con la suya y cambió el Gobierno. Fue el gran error de su vida. Con la firma de los decretos, firmó también su jubilación anticipada. Quince días después, se veía obligado a cesar a todos los consejeros de ERC por la oposición de éstos al Estatuto de Autonomía que pretendía tirar adelante Pasqual Maragall.
Los primeros rumores
Para entonces, la operación de su sustitución ya estaba en marcha. Los rumores sobre su salud comenzaban a asomar tímidamente en algunos círculos y su propio partido había decidido prescindir de él para encabezar de nuevo las listas. Se hablaba, entonces, en petit comité, de una “enfermedad” que ya había tenido alguna víctima en su familia. En julio, trascendió que el nuevo candidato sería José Montilla y, al mes siguiente, su mujer, Diana Garrigosa, rompió el fuego devolviendo el carnet del partido en el que había militado casi toda su vida, criticando el modo en que se le había arrinconado.
Pero lo peor estaba por llegar. Después de las elecciones autonómicas, Maragall pasó a ser un ex con todas las consecuencias. Y lo que más le dolió fue que ni el Gobierno central ni el de Cataluña apoyasen con vehemencia los proyectos que tenía en marcha. Por un lado, intentó atraer a Barcelona la sede de la Fundación Anna Lindth. Fracasó. Por otro lado, intentó ser nombrado miembro del consejo de administración de EADS, el consorcio europeo del Airbus. Para ello, el Gobierno central habría de cursar una petición formal, cosa que nunca hizo. Y Maragall se enrocó en su despacho de ex rodeado de un grupo de incondicionales entre los que se encuentra su esposa y su hermano, el hoy consejero de Educación Ernest Maragall, que nunca le abandonaron.
Cansado de esperar un reconocimiento oficial, fue endureciendo sus críticas desde principios de este año. En cuatro o cinco ocasiones, levantó su voz con duras diatribas contra su partido, contra el Gobierno central o contra la forma en que se está produciendo la promulgación del Estatuto que él considera su segunda obra maestra (la primera fue lograr la organización de los Juegos Olímpicos del 92). Se trataba, en ocasiones de críticas que posteriormente eran matizadas e incluso entraban en contradicciones aparentes, pero que denotaban no sólo un gran desencanto, sino un profundo cansancio. Las municipales marcaron un punto de inflexión. Al día siguiente, comunicó que en junio renunciaría a la presidencia del PSC, circunstancia que le permitió liberarse más de su compromiso político con su partido de toda la vida. Y ahora ha admitido que también decidió dejar de pagar la cuota de militante.
Maltratado
“Las declaraciones que ha hecho a lo largo de los últimos meses fueron fruto de su visión personal e independiente de las cosas -señala un estrecho colaborador suyo en los últimos años-. No es un político que se haya guiado nunca por consignas, sino por convicciones. Y lo mismo podía tener una aparatosa metedura de pata, o sea, una maragallada, como parir una idea genial. Maragall es un político inclasificable, rebelde y único. En los últimos tiempos, no se privaba de decir que se sentía maltratado porque lo sentía así, duela a quien duela”.
En las últimas semanas, las críticas se volvieron más personales, especialmente hacia Rodríguez Zapatero y hacia Montilla. Con el presidente del Gobierno, apenas ha tenido contacto los últimos meses, aunque el presidente de la Generalitat sí ha tratado de tenerle al corriente de los principales acontecimientos. La virulencia de los ataques de Maragall llegó al clímax en las últimas semanas. Primero, en vísperas del debate político del Parlamento autonómico (una especie de debate del Estado de la Nación del Congreso), acusó a Zapatero de traicionarle y de hacerle dimitir para cambiarle por Montilla. Y, más recientemente, dijo que en el congreso del PSOE que encumbró a Zapatero sólo él mismo y Alfonso Guerra apostaron por éste frente a José Bono. En realidad, la victoria de ZP por unos ajustados 9 votos se coció entre bambalinas entre Montilla y Manuel Chaves, al que también Maragall acusa de apoyar a Bono. Con las dos grandes federaciones de Andalucía y Cataluña apoyando al novel Zapatero, pudo éste ganar al entonces poderoso Bono.
El futuro se le antoja ahora más benigno. En la rueda de prensa que ofreció para hacer pública su enfermedad, lo dejó claro: “Estoy mejor que hace un año”. Y es verdad. Según sus allegados, tiene menos presión, puede decir más cosas y puede ir por libre y dedicarse a hacer lo que realmente le gusta. Ya ha anunciado que dedicará una parte de su tiempo a profundizar en su meta de crear el movimiento del Partido Demócrata Europeo, una idea para la que ha tratado de fichar a políticos ahora en la reserva y que, como él, han dejado huella en sus respectivos países. Y trabajará en su propia fundación con la mirada puesta en las relaciones entre Cataluña y Europa, al mismo tiempo que en consorcios de capital riesgo a través de Catalana d’Iniciatives, sociedad que él fundó cuando aún estaba en el Ayuntamiento barcelonés. Pero una parte del tiempo lo dedicará a recaudar dinero y talentos para luchar contra el Alzheimer, una enfermedad “que dentro de diez o quince años será vencible y vencida”. El Alzheimer puede echarse a temblar. La 'gota malaya' va a por él.
Opiniones de los lectores (23)
23.
delbarcoLunes, 23/10/2007, 18:47 h.
EL OPORTUNO ALZHEIMER DE PASCUAL MARAGALL.
Rafael del Barco Carreras
¡Claro!. Así se disculpa la apostasía, la deserción. Y lo dice ante las cámaras horas después del impacto de ROMPER EL CARNÉ. Corría el rumor desde hace meses, dicen la televisión y los políticos. Yo lo ignoraba, no pertenezco a los ENTERADOS, a quienes manejando conceptos le declaran a uno LOCO O CUERDO según convenga. Para el PARTIDO, metido en varias roturas de carné, un alivio que su máximo dirigente en Cataluña no “esté del todo bien”. Y él, en persona, lo suelta ante las cámaras con esa sonrisa de siempre, esas hendiduras en la cara que a su hermano Ernesto se la convierten en adusta, sin atractivo, y a él en agradable y simpático, ELEGIBLE.
Ya me perdonarán si en mi vulgar entender la vida, de hombre raso y arrasado, de la calle, acostumbrado y endurecido por la MENTIRA DE LOS PODEROSOS, NO CREA EN ESE ALZHEIMER. No pueden, SU CLAN, el Partido, o como se quieran definir esas oficinas de COLOCACIÓN, fábrica de GENIOS o denostados, según intereses, decirme ahora que TIENE ALZHEIMER, disculpándole sus errores, y hasta, como dice Alberto de Calle 1440, homenajeándole.
Si para mentir, c
22. Alzaimer ahora, o en 1992Lunes, 22/10/2007, 19:06 h.
Creo que este señor, tenia alzaimer cuando era alcalde, o al menos lo parecia, desde entonces sus declaraciones siempre han sido sonadas, metiendo al pata siempre y enrredandolo todo.
21. joserralLunes, 22/10/2007, 18:58 h.
Oí en la radio que tenía la enfermedad y me apené sinceramente, aún no habiéndo comulgado nunca con sus políticas. Luego le veo en la tele en su declaración de que tiene la enfermedad y alude a que Eisenhower hizo popular esta enfermedar y añade que el tal Eisenhower cae muy mal en España. Me enfadé y me indigné. Demuestra su poca categoría y su sectarismo bochornoso. Aún en la enfermedad se puede ser un caballero, y no un bobo. Siento la dureza del comentario pero qué necesidad tiene de meter una puñalada al citado personaje? El citado personaje lideró el desembarco que liberó a Europa de la bota nazi. Además en cierto modo fué compañero de enfermedad y de sufrimiento. Pues nada, que cae muy mal en España. Qué poca categoría, qué sectarismo incluso cuando ya estás al final del partido.
20.
josuLunes, 22/10/2007, 18:24 h.
Ya me parecía a mi que ciertas "maragaladas" no eran normales entre ello el estatuto, seguro que ya había síntomas de la enfermedad por entonces.
19.
agarcíaLunes, 22/10/2007, 18:19 h.
Hace cuatro días que ante la última salida de pata de banco de Maragall hice un agrio comentario sobre él. No sabía de su enfermedad pero no quito una coma, la tal "salida" es una mas de las muchas que ha tenido en su vida política, y es ajena a su circunstancia mental actual.
Lo digo porque ha empezado un laudatio donde solo procede conmiseración, justo la que no han tenido sus conmilitones que lo han dejado expuesto y a la interperie sabiendo su estado. Porque cabría preguntar: ¿desde cuando está enfermo?, ¿lo ha estado siendo President?, ¿lo estaba cuando apoyó a Zapatero para la Secretaría?, ¿desde cuando lo saben sus "compañeros", ¿lo sabía él mientras jugaba a modelar el futuro del Estado con el Serenísimo exZP?.
Lo lamento todo, pero la salud de los hombres públicos con Poder es un conocimiento al que los gobernados tienen derecho; incluso él tenía derecho a ser relevado antes de que la natural pérdida de control mental que acarrea esta enfermedad fuera un riesgo para todos, sobre todo para él mismo.
En todo caso, de mi parte que no puede ser por agradecimiento, le deseo un bien pasar mientras sea consciente de sí mismo.
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