LIBROS
Una fábula que adelanta la Guerra Fría

Detalle de un retrato de Leskov.
@María José S. Mayo - 18/10/2007
LA PULGA DE ACERO

Autor: Nikolái Leskov.
Editorial: Impedimenta.
Páginas:122
Precio: 15.30 €
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Tras acabar el Congreso de Viena, Alejandro I decide viajar por Europa para conocer los adelantos de diversos países. Pero el general de caballería, Platov -"famoso por su actuación en la guerra de 1812"-, viendo con muy malos ojos los aires aperturistas de su soberano, intenta parar los pies a todo aquel que quisiera "llevárselo a su terreno". Lo tendrá muy difícil cuando los ingleses le muestren una pulga de acero, que, aunque olvidada durante unos años, vuelve a las manos del sucesor, su hermano Nicolas I, que se decide a hacer la guerra a estos ingleses que quisieron quedar por encima de los rusos, por ello mejorará el invento. O eso pretende.
Esta es la historia que describe este librito que el ruso Nikolai Leskov (1831-1895) escribió en 1881, un pequeño cuento o una fábula futurista en la que ingleses y rusos pugnan en una lucha que anticipa esas carreras por ser los primeros en lograr las proezas más inimaginables que se traían entre manos Norteamérica y la URSS durante la Guerra Fría.
Hay en la historia de Leskov un halo de autocrítica hacia una sociedad rusa demasiado arcaica en comparación a la inglesa y una cultura algo paleta que cree que lo suyo es incomparable. Se demuestra en diversos momentos de la novela como aquél en el que a 'El zurdo' le preguntan hasta qué punto conocía la aritmética y contesta: "Nuestra ciencia es sencilla: se basa en el Salterio y el Polusonnik [libro para interpretar los sueños]; de aritmética no tenemos ni idea".
De esta manera, el carácter ruso, su mentalidad, son el objetivo de las pequeñas gracias, que se van concentrando especialmente en dos personajes: el general Platov, que siempre responde al zar Alejandro I ante su asombro por los inventos ajenos: "Se mire como se mire, lo que nosotros tenemos en casa no es peor"; y 'El zurdo', el artesano al que los ingleses se meten en el bolsillo emborrachándole -"No bebas ni mucho ni poco, sino todo lo contrario", le dirá Platov antes de partir-, pero imposible de camelar en cuanto le piden que abandone su patria por la que en tan poco tiempo siente morriña.
Este cuento de Leskov se inicia recordando a El traje nuevo del emperador para acabar, finalmente, siendo un muy cáustico retrato de la sociedad rusa invadida por ese aliento sanpeterburgués de querer apropiarse de lo que no se tiene y reinterpretarlo a su manera: a lo grande. Si bien conserva toda su fina ironía, al final se lamenta la desaparición de Platov, el alma del libro. Además, el bicho, la pulga, título y eje central, se convierte en un McGuffin, pues su cometido, que parecía tan importante, se desinfla para dejar paso a otra cosa: una mirada a una cultura tan reconocible y convertir a el zurdo, siguiendo con los paralelismos cinematográficos, en una especie de Ninotchka -la de Lubitsch- descubriendo, a pesar de su reticencia, los encantos de la cultura anglosajona.
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