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TELEVISIÓN

La Campos y otros símbolos de la patria

La Campos y otros símbolos de la patria

@Nacho Gay - 18/10/2007

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A todos los empresarios televisivos de este país les ha dado ahora por hacer un barrido en sus parrillas y eliminar todos aquellos contenidos que hablan mal de sus respectivas cadenas. Pero si la redención de la televisión pasa por una supresión de los espacios dedicados al cuore, para sustituirlos posteriormente por una avalancha de programas políticos, estamos apañados. De Guatemala a Guatepeor, que diría el filósofo. Porque no me negarán que tiene mucha más gracia Belén Esteban hablando de Ambiciones que José Luis Carod-Rovira, digo Josep Lluís, hablando de... Hablando de nada.

Tengo una pregunta para usted... y El laberinto de la memoria (programa que estrenó María Teresa Campos en Telecinco el pasado martes) son productos malsanos que hablan mucho y bien de una raza, la política, que no lo merece. Es un hecho que, de un tiempo a esta parte, el número de programas de contenido político, con o sin presencia de personalidades del gremio, está subiendo como la espuma. Y, hombre, una cosa es que los políticos salgan en los informativos, que uno ya está avisado, y otra muy distinta que tú estés viendo tranquilamente la televisión y aparezca alguno de forma sorpresiva, dispuesto a amargarte el bocadillo de chóped.

No es cuestión tampoco de negarles a los oradores de la cosa pública su Derecho de Acceso a los medios de titularidad estatal e incluso a los privados -a ver cuándo nos llevan a nosotros-, pero sólo faltaría que para un entretenimiento que tenemos los españoles -nuestra insigne televisión- nos lo perviertan unos cuantos chicharras con sus discursos soporíferos, manidos y latosos, que le empujan a uno a apagar el aparato.

Como bien le dijo Duran i Lleida a una mujer musulmana que preguntaba el martes noche por la pertinencia de llevar o no un velo sobre la cabeza, lo menos que puede hacer uno cuando llega a un sitio es intentar integrarse. Así que va siendo hora de que los políticos se apliquen el cuento y echen mano del lenguaje televisivo, que también es el de la calle.

No hacen falta extremismos a la hora de adaptarse. Aunque no estaría del todo mal ver a Zapatero nominando a otros colegas del gremio en Gran Hermano o a Aznar y Señora como la pareja cincuentona de las Matrimoniadas de Telecinco. Cuántos mitos caerían... Pero qué menos que intentar hablar, al margen de diversidades y conflictos de orden lingüístico, en un idioma que entandamos todos. Y dejarse ya de rollos que, por mucho hemiciclo de palo que hayan montado en La Primera, no le interesan a nadie.

Ración de hemeroteca

Una que maneja de perlas el lenguaje televisivo es María Teresa Campos. Una mujer capaz de llamar gilipollas a su ex jefe y a los dos días decir que es el “mejor empresario de televisión” -El País, 16 de octubre de 2007-. El martes estrenó nuevo espacio en Telecinco. Y comenzó como siempre, con una introducción emotiva y una súplica vomitiva de socorro a la audiencia: “A ver si me van a quitar otra vez el programa”.

Se lo quitarán. Después de verlo, no me cabe la menor duda. Se lo quitarán porque se trata de otro Hormigas Blancas con menos glamour y más politiqueo. Es decir, otro tostón de tres pares de narices que su promotora está intentando vender como programa de rigurosa investigación, pero que, en su estreno, no fue mucho más que un publireportaje de un tal Felipe González hecho a partir de recortes de prensa y piezas televisivas de antaño.

Nada que no hubiésemos visto ya; nada que no hubiésemos leído. Aunque, eso sí, hay que reconocer la inteligencia de los que han puesto en marcha este tipo de reportajes de corte retrospectivo, porque resulta loable la capacidad manifiesta de hacer tanto con tan poco; de hacer acopio de una manera tan privada y lucrativa de un bien tan público como es una hemeroteca.

El mismo formato que se utilizaba antes para hurgar en el pasado de los famosos del colorín se utiliza ahora para hacer radiografías retrospectivas de políticos, en un intento de limpiar las conciencias de unos cuantos. La política lo ha inundado todo en televisión, incluso las madrugadas. Como si se tratase de un conducto hacia la salvación eterna para los que la pretenden. Desde luego, qué despiste tienen algunos... Pero el hecho es que, de un tiempo a esta parte, a consecuencia de esta insólita creencia, ya no merece la pena ni trasnochar.

El día del 'Orgullo'

Aunque lo peor no es eso. Lo peor es que uno va perdiendo las ganas incluso de levantarse por las mañanas, toda vez que cabe la posibilidad de comenzar el día contemplando por televisión un desfile militar, como ocurrió el pasado viernes. Es preferible que nos vuelvan a poner a Leticia Sabater.

Programar semejante coñazo castrense a las diez y media de la mañana debería estar tipificado como delito contra la salud pública. Después de ver aquello uno ya no levanta cabeza en todo el fin de semana. Y lo peor es que cuando has empezado a verlo, ya no puedes quitarlo. Se apodera de ti tal parsimonia que ni siquiera eres capaz de moverte para coger el mando a distancia, y cuando te quieres dar cuenta llevas hora y media viendo pasar a militares y tanques por las Castellana. Así, a pelo, sin majorettes ni nada.

A pesar del aburrimiento, mantienes viva la esperanza de que ocurra algo interesante. Cualquier cosa. Eso a la hora y media... Cuando llevas dos, ya empiezas a delirar y a imaginar cosas raras, como que Jorge Javier Vázquez sale de uno de los carros de combate enseñando la raja del tomate, al modo en que lo hizo en el Europride. Un dislate. O no tanto... Porque en ambos desfiles había hombres fornidos, carrozas y mucho fetichismo y parafernalia. Al fin y al cabo, el del sábado era otro desfile del Orgullo. Del Orgullo español, en este caso. Y todos los orgullos son iguales.


AUDIENCIAS

Las programas como Tengo una pregunta para usted... tienen su gracia, pero la van perdiendo a medida que pasa el tiempo, sobre todo cuando ya no queda más remedio que echar mano de políticos de serie B. Así que el martes el programa lideró el prime time con la presencia de Carod, Durán i Lleida y Llamazares, pero con un exiguo 22,2% de cuota de pantalla, muy lejos de los datos que obtuvieron en su momento Rajoy (34,9%) y Zapatero (30,3%). Por su parte, María Teresa Campos arrancó con un 19,8% su nueva andadura en Telecinco. Un dato que, a pesar de que la permitió liderar el late night, resulta escaso para una cadena como la de Fuencarral. Por último, el dichoso desfile de la Fiesta Nacional cosechó un impresionante 48,7% de share en la franja matinal del viernes. Casi la mitad de la gente que veía la televisión estaba enganchada a los uniformes y a las órdenes de mando. ¡Manda huevos!, que diría Trillo -ex ministro de Defensa-.

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Opiniones de los lectores (1)

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1. usuario registrado SparrowJueves, 18/10/2007, 10:02 h.

Estoy bastante de acuerdo contigo en los argumentos, sin embargo no comparto tu tono de resignación. Parece como si estuviésemos obligados a tragarnos la televisión, como autómatas, sin opción a simplemente apagarla.

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