SIN ENMIENDA
España hasta en la sopa
@Juan Carlos Escudier - 13/10/2007
Quizás sea bueno para los turistas, que si hoy es lunes esto es Grecia y si es miércoles Dinamarca, pero tanta reafirmación de la españolidad de España, del ser español, de la mismidad española y hasta de la tortilla (española) está resultando empalagosa hasta para los adictos al dulce. Cabía esperar que las aguas volvieran a su cauce tras el 12 de octubre, pero hay pesadillas que se resisten a acabar tan pronto.
El fenómeno no deja de resultar curioso, porque no se trata ya de una campaña del PP para exaltar los valores patrios y meter así el dedo en el ojo al PSOE, al que se acusa de dar alas a los nacionalistas y descoser por varias partes la piel de toro, sino que la pelea ha derivado en una competición por ver quién desfila mejor de rojo y gualda entre los acordes del himno nacional mientras se saluda marcialmente al Rey, que además de Borbón es un símbolo y está en los sellos. Al ‘Somos España’ de los populares, el PSOE ha opuesto el ‘España somos todos’ y, si nadie lo remedia, con este trabalenguas nos plantaremos en las Generales de marzo.
De esta Olimpiada de patriotismo, el PP confía en llevarse la mayoría de las medallas, habida cuenta de su tenaz entrenamiento a lo largo de los años. Los populares van tan sobrados que hasta Rajoy se ha marcado un vídeo españolísimo, al que sólo le faltaba un árbol cargado de bolas y una foto de él mismo con su pródiga prole para emular al mensaje navideño del Rey, que es un profesional de las fiestas, ya sean nacionales o entrañables.
Lo cierto es que a Rajoy se le ha ido un poco la mano con sus apelaciones al orgullo nacional y hasta a la raza. El líder de la derecha no está hecho para este tipo de alocuciones, y basta recordar su ya famoso “soy Mariano Rajoy, candidato del PP” con el que perdió las elecciones para atestiguarlo. En ocasiones, el pudor es un aliado que se desprecia.
Si lo del PP iba de suyo, la reacción de Zapatero sólo puede significar que las encuestas no van bien y que no basta con prometer empastes a los niños ni dar ayudas al alquiler. El desafío de Ibarretxe, que será vasco y tal pero tiene una mala leche muy española, le ha obligado a agarrar la bandera por el mástil y, si se le provoca, nos acabará enseñando un pecho como la Marianne que simboliza la República Francesa. El verdadero desfile que tiene por delante no es el del Pilar, sino el que realizará el lehendakari en Moncloa el próximo martes, y ahí sí que tendrá que exhibir artillería, no tanto para convencerle a él, sino al resto, que estaremos observando.
El PSOE lo tenía fácil, porque el BOE es un instrumento muy poderoso, aunque últimamente lleva el paso cambiado. Lo de Ibarretxe preocupa, en efecto, pero lo que tiene a los socialistas en un sinvivir es el affaire con Prisa, porque los herederos de Polanco no aguantan una broma, sobre todo si se trata de su cuenta de resultados, tal es el caso de su guerra del fútbol con Mediapro. Al grupo de prensa más favorecido por un Gobierno en todo Occidente no le gusta compartir los caramelos y amenaza con poner la proa a Zapatero, que ha intentado romper el monopolio por la izquierda y ahora teme que lo que se rompa sea su espinazo. Eso sí, escuchar al académico Juan Luis Cebrián hablar de los visitadores de La Moncloa ha tenido también su gracia.
Conscientes de que la bandera y el patriotismo, por muy constitucional que éste sea, no son los mejores reclamos para movilizar a su electorado, los socialistas han echado el resto para sacar adelante la Ley de la Memoria Histórica, que es otra broma y de las grandes. Esta muy bien eso de poner una vela a Dios y otra al diablo, pero cabe exigir que el cirio del demonio sea algo más que una simple lamparilla.
Por si faltaba algo, ETA vuelve a hacer de las suyas, lo que abre otro frente a Zapatero el implacable y da más oxígeno al PP, que ha recuperado el pulso y el discurso tras su breve incursión en los Presupuestos del Estado anunciando la recesión, que es a la economía lo que la ruptura de España a la política.
De momento, suena el himno y flamean las banderas. España es una nación, dice el PP; España no es el PP ni es del PP, dice el PSOE. En esto nos entretenemos mientras el otoño se retrasa.
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