AL GRANO
"La patria está en peligro": Rajoy, como el alcalde de MÓstoles
@Antonio Casado - 12/10/2007
Hace veinte años quedó institucionalizada la fecha del 12 de octubre como fiesta nacional. Desde entonces se celebra en todo el territorio español, incluidas nuestras delegaciones diplomáticas en el extranjero. La jornada siempre viene asociada a un vibrante desfile militar, una recepción de los Reyes en el Palacio de Oriente y, como síntoma persistente de vitalidad social, a los consabidos atascos para salir de las grandes ciudades.
Hoy será todo más o menos igual. Pero, al cumplirse el vigésimo aniversario de aquella iniciativa del Gobierno socialista de Felipe González, el PP, mediante un solemne mensaje de Mariano Rajoy a todos los españoles, ha querido adherirse este año de forma especial mediante la proclamación del día del orgullo nacional "por encima de cualquier diferencia ideológica". En parecidos términos se ha expresado el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, al pedir que se superen las "tentaciones partidistas" en lo que denominó "Día de todos los españoles".
El vigente Gobierno de la Nación, por su parte, contribuirá al éxito de la jornada mediante el reparto de 10.000 banderas de España. Se distribuirán entre los asistentes al desfile militar que hoy por la mañana presidirán los Reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, junto a las más altas autoridades del Estado. Incluidos los presidentes de las Comunidades Autónomas, salvo los de Galicia, Murcia y País Vasco.
Aquí podríamos dejarlo. Pero la ironía no me libra del estupor por ese unilateral clarinazo del PP invitándonos a celebrar que somos españoles. Salvo que se refiera sólo a los militantes del PP, es una obviedad. Y si se trata de dar la nota, hemos de comparar el amor a la Patria con el amor a la madre. Tan natural que no precisa de aspavientos, pancartas, gestos extraordinarios o fechas señaladas. A no ser que uno tenga algo que hacerse perdonar y la mala conciencia le lleve a la sobreactuación.
También ha sido manifiestamente mejorable la airada reacción del Gobierno y los socialistas. Primero José Blanco, número dos del PSOE, y luego la vicepresidenta, Fernández de la Vega, han conseguido trasladar a la opinión pública la sensación de que la iniciativa de Rajoy les había pillado con el pie cambiado. De "demagógico", "estridente" y "sectario" calificó ayer la vicepresidenta el mensaje institucional del líder del PP. Añadió que estas actitudes "recuerdan otra época".
Una vez más, el Gobierno se equivoca entrando al trapo de un nuevo clima artificial creado por el PP. Después de echar el freno en sus anuncios de "recesión" económica, considerados "irresponsables" por parte de empresarios y banqueros no precisamente filo-socialistas, ahora toca meter a los símbolos nacionales en la reyerta política. En eso están, al grito de españoles, la patria está en peligro, acudid a salvarla, con el que Mariano Rajoy ha querido emparentar doscientos años después con Andrés Torrejón, el famoso alcalde de Móstoles.
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