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TRIBUNA

La bandera de la ONU

José Luis González Quirós - 10/10/2007

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A propósito de quienes intentan apropiarse de la bandera española, el Presidente del Gobierno de España, don José Luis Rodríguez Zapatero, ha vuelto a dar en el clavo, allí dónde más duele. Ha manifestado que, a este respecto, la única diferencia entre él y el PP es más bien espacial y tiene que ver con el lugar donde se coloca la bandera, dicho lo cual, y para ilustrar esa diferencia, ha recordado que en lo que a él respecta la bandera española está dónde debe estar, esto es, junto a la bandera de la ONU.

Para comprender con todo su vigor el argumento presidencial hay que repasar, aunque sea someramente, algunas lecciones de lógica y retórica. Como sabe el avisado lector, no todos los argumentos proceden de la misma fuente, como tampoco todos se fundan en idénticos principios. La forma de razonar de Rodríguez Zapatero resulta un tanto sorprendente para muchos, anclados en los más rancios tópicos de la vieja lógica, porque no acaban de comprender cabalmente la acuidad de sus razones. Los argumentos corrientes suelen ser deductivos o inductivos. Nuestro líder no se atiene a tales estrecheces. Su procedimiento es más ambicioso: razona por elevación, nos aparta de las perspectivas alicortas en que se embarullan las inteligencias mediocres y enfila directamente hacia las verdades grandiosas, aun a riesgo de que algunos no comprendan sus conceptos.

De ahí se deriva que frecuentemente sus soluciones parezcan un tanto utópicas, porque no se limita a indicar lo que piensa o a comunicar sus razones para que los demás las compartamos, sino que avanza decididamente hacia una ruptura del cerco conceptual que impide a los mortales la contemplación de verdades de mayor calado. Rodríguez Zapatero no es un político vulgar que pretenda vender sus productos en el mercado electoral: eso a él le viene pequeño; él es un líder universal, que está enseñando a toda una generación a pensar de otro modo. Veamos cómo.

En general, su método consiste en hacer comprender al interlocutor que, por encima de propuestas mediocres y de discrepancias aparentes, la solución está en el diálogo. Tomemos el argumento de la ONU como una aplicación del método a la polémica de la bandera. En efecto, al indicar que la bandera debe estar allí dónde esté la de la ONU, lo que Zapatero quiere hacernos entender es que no debemos poner nuestra bandera allí donde no esté la bandera de la ONU. Hasta aquí el pensamiento presidencial es claro y simple.

Ahora bien, si la de la ONU es la bandera de todos, eso quiere decir que las banderas de los miembros del todo no deben estar en parte alguna, porque la presencia de cualquier bandera distinta a la de la ONU supondría la aparición de un discrepante, y eso está muy mal visto si tenemos en cuenta que la democracia consiste, sobre todo, en estar con la mayoría. Así se comprende, de paso, el noble gesto del Presidente al no saludar banderas que no deberían estar dónde están como, por ejemplo, la de los Estados Unidos, que estaba de paso por la Castellana de manera notoriamente inadecuada. Por eso no hay que dar importancia a la guerra de banderas: los que eliminan la de España están sencillamente reafirmando un intenso deseo de unión y de paz, cosa que él ha sabido ver de inmediato y que ha tratado de potenciar, pese a las increíbles trabas que se han puesto a un “proceso” que habrá que seguir en cuanto pueda.

Quizá se comprenda mejor el argumento si se analiza en otros contextos. Supongamos que formulamos a un ciudadano del común una pregunta sobre un tema tan caliente como, por ejemplo, si lo de Afganistán es o no una guerra; si el preguntado sabe manejar bien el argumento de la ONU, responderá que no, porque lo que hay allí es una misión de la ONU y ya se sabe que puesto que la ONU (el todo) no puede estar en guerra con nadie (con una de sus partes), la guerra es imposible, argumento que, de paso, nos proporcionará un sistema infalible para acabar con la guerra en general sin apenas emplear armas, es decir, como le gusta a José Luis Rodríguez Zapatero.

La única pega de esta clase de argumentos podría plantearse en el caso en que todos dijeran “lo que diga la ONU” dado que, como la ONU no dice nada por si sola, nos quedaríamos como si tal cosa. Si se produjera una situación semejante, habría que llamar urgentemente a Rodríguez Zapatero o a alguien de su estatura intelectual y moral.

Los asesores de la Moncloa le están dando vueltas a una formulación del argumento del estilo de “Lo que diga el Parlamento”, algo democráticamente irreprochable. La verdad es que con un argumento de este calibre, simplificaríamos y ordenaríamos extraordinariamente los asuntos pendientes y, además, podríamos acabar con la murga de la oposición. Ya puestos, podríamos acabar incluso con las elecciones, porque, si de lo que se trata es de hacer lo que dice el Parlamento, para qué vamos a pelearnos y discutir: se le pregunta lo que toque y asunto concluido: por fin podríamos ser libres y solidarios.

José Luis González Quirós es filósofo y analista político.

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Opiniones de los lectores (7)

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7. alfreditoMiércoles, 10/10/2007, 18:43 h.

¿que hacemos con esta frase de zapatero sobre la bandera española? Nos reimos como hace el cuando no sabe que decir, contestar, opinar, decidir, o escurrir el bulto. O bien propone que donde este la bandera española tiene que estar tambien la de la onu. ¿Van a querer en cataluña y pais vasco la bandera de la onu? ¿les va a obligar ahora a respetar la bandera de la onu? Ya sabemos que laonu le obsesiona, de mayor quiere ser representante de españa en la onu y si no es así que no le hablen de la bandera de españa, de su pais, no la quiere ni ver.

6. usuario registrado jamesMiércoles, 10/10/2007, 18:37 h.

Grandioso. Un 10 para Ud.

5. usuario registrado CampodetenisMiércoles, 10/10/2007, 15:18 h.

En cambio, lo de que la bandera española solo debiera estar al lado de la de la ONU, que no existe como tal, eso sí que tiene tirón, ¿¡dónde va a parar....!?

4. usuario registrado CampodetenisMiércoles, 10/10/2007, 15:15 h.

joanfg (3).

Efectivamente, no tiene dibujos, ni mensajes cortos, contundentes y fáciles de recordar. No hay refranes, ni frases hechas ni lugares comunes.

No hay cursiladas ni pensamientos sentimentales que lleguen al corazón de un espectador de Gran Hermano.

No menciona el Prestige, ni Irak, ni Aznar , ni las Azores, ni nada de nada.

En fín, absolutamente inútil, pardiez, para un Pepiño.

3. usuario registrado joanfgMiércoles, 10/10/2007, 13:17 h.

Yo creo que su comentario es demasiado complicado para los intelectos de los Montilla, Pepiño y cia.; si leen el art. igual piensan que es una loa a ZP.

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