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DOS PALABRAS

Contra el hacha y la serpiente

@Federico Quevedo - 06/10/2007

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“Todavía no conozco a los 27 votantes del PP en Lizarza”, afirmaba ayer Regina Otaola, alcaldesa de la citada localidad guipuzcoana. Otaola es una mujer sencilla, valiente sin duda, pero sencilla. A veces las personas sencillas son las que protagonizan las gestas más heroicas. Decían de Juana de Arco que era una mujer sencilla, y sin embargo se enfrentó casi sola a un ejército. Otaola se está enfrentando, junto a los siete concejales del PP en aquella localidad tomada por las huestes de ETA, a la estirpe del odio, a los cachorros del hacha y la serpiente, a esos cobardes que sólo son capaces de enfrentarse a personas valientes como ella cuando lo hacen en grupo o con una pistola en la mano, porque de otra manera se van por la pata abajo.

El viernes conocí a Regina Otaola. Lo hice en Ávila, lejos de Lizarza, pero en un sitio donde Otaola, por espacio de unas horas, podía sentirse una persona libre. “En Lizarza por la calle te insultan y tenemos que ir con escolta. En Ávila por la calle la gente te saluda y se puede caminar en libertad”, afirmaba ayer esta mujer en la que se personifican todos los deseos de una sociedad libre y ausente de violencia: “Ese es mi deseo, mi objetivo en Lizarza, llevar la libertad a mis conciudadanos”. Y lo hace sin miedo. “No tengo miedo, si acaso hay algunos días de mayor tensión, pero no tengo miedo. Aprendí a vivir sin miedo hace mucho tiempo”, desde que era concejala en Eibar, hace doce años, los mismos que Otaola, al igual que sus compañeros del PP en el País Vasco, lleva viviendo sometida a la esclavitud de la escolta.

Esta es la realidad del País Vasco, y el que no quiera verla está ciego. Y el problema es que hubo un momento, cuando socialistas y ‘populares’ consensuaron la política antiterrorista y la estrategia contra ETA y su entorno, en que los arrinconados en las calles del País Vasco eran ellos, los violentos, los asesinos, los fascistas del hacha y la serpiente. Pero gracias a la estrategia de apaciguamiento y concesión de Rodríguez, hoy las calles de pueblos como Lizarza vuelven a estar tomadas por los enemigos de la libertad y del Estado de Derecho. “Por cumplir la ley se nos amenaza de muerte”, decía el viernes Regina Otaola. No dijo lo que, en mi opinión, todavía es mucho más cobarde, y es que por cumplir la ley, quienes están obligados a hacerla cumplir, miran para otro lado y hacen oídos sordos a las amenazas.

Es lógico que Otaola no conozca a los 27 votantes del PP en Lizarza. En cualquier otro sitio de este país la sede local ya les habría invitado a una paella, pero en Lizarza hay miedo. Aunque Regina Otaola no tenga miedo, sus votantes si lo tienen, porque a ellos si que no los protege nadie, y eso que la alcaldesa está consiguiendo que algunos vecinos se acerquen hasta el Ayuntamiento para solucionar problemas que afectan a la vida diaria del municipio. Ha conseguido eso, y que la bandera de España ondé allí para vergüenza de muchos alcaldes socialistas que en el País Vasco y en Cataluña no tienen los arrestos que hay que tener para enfrentarse al nacionalismo antidemocrático y excluyente. “Me dicen que soy un tanto romántica –asegura Otaola-, pero es que creo que se puede conseguir la libertad, creo que se puede lograr. Tenemos las ideas muy claras, sabemos cual es nuestro objetivo, conseguir la libertad para Lizarza, y sabemos que algún día lo vamos a conseguir”.

¿Cómo? Con un par. Y no lo digo sólo por ella, sino por todos aquellos que defienden la libertad allí donde está siendo cercenada, en el País Vasco, en Cataluña, y en otros muchos lugares de nuestro país. La única manera de enfrentarse a los enemigos de la libertad es la receta de la propia Otaola: “Cuando te amenaza es un error echarse atrás”. Y en ese error cayó, añade la alcaldesa, el Gobierno de Rodríguez y el PSOE. “Yo quiero que en mi tierra, que es España y el País Vasco, se viva en libertad. Por eso hay que hacerlo, por eso hay que luchar”, dice sin que le tiemble la voz, con una firmeza de convicción envidiable. La estrategia del apaciguamiento, que es la que ha llevado a cabo Rodríguez tanto con ETA y su entorno como con el nacionalismo radical y antidemocrático, tiene graves consecuencias, y las estamos viendo estos días con los ataques a los símbolos y a las instituciones. Ahora pagamos los errores de estos años de Gobierno, y la duda es si todavía estaremos a tiempo de reconducir todo lo que se ha salido del camino y acabar con la amenaza del hacha y la serpiente, que es la amenaza de los enemigos de la libertad y los nacionalismos antidemocráticos. Mujeres como Regina Otaola hacen creer que sí.

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