TRIBUNA
El secuestro de la República
Manuel Muela* - 03/10/2007
Las últimas controversias sobre la Monarquía, y concretamente sobre su titular, el Rey, acompañadas de manifestaciones con la quema de fotografías en poblaciones de Cataluña, han situado a la República y al republicanismo en el centro de una polémica a la que ambos son ajenos. Porque, en mi opinión, estamos asistiendo a un episodio más de la crisis del régimen de la Transición impulsada por algunos de sus protagonistas, especialmente los nacionalistas, que son conscientes de su fuerza para condicionar la política general de España.
Para nadie es un secreto que la situación política española presenta una imagen de degradación nada acorde con las pautas que serían exigibles en un país relevante de la Unión Europea: las prioridades públicas están centradas en satisfacer las ansias de poder de las diferentes clases políticas florecidas al amparo del Estado de las autonomías, con olvido, en la mayoría de los casos, de los intereses de una población que trabaja, paga sus impuestos y contempla atónita los ajustes de cuentas entre los gestores públicos. La desconfianza se adueña de los españoles, sin que nadie asuma sus responsabilidades en una crisis constitucional que no ha hecho sino explotar a lo largo de esta legislatura, y que amenaza con prolongarse en la siguiente.
El orden constitucional de 1978, cuyo sostén es la llamada monarquía parlamentaria, aunque sería más apropiado denominarla partitocrática, ha alimentado el crecimiento de poderosas fuerzas centrífugas que han ido fagocitando los valores de libertad, igualdad y justicia, en los que se fundamenta cualquier Estado democrático. Tales valores han sido sustituidos bien por la adoración a lo étnico en aquellas regiones con presencia nacionalista, bien por el cultivo casi folklórico del localismo en aquellas otras que las imitan. La conclusión de ello es la insolidaridad y el cantonalismo, ambos letales para la supremacía del Estado como garante de la transformación libre y democrática del país.
En ese contexto aparecen los ataques a la Monarquía y a su titular, con escándalo farisaico de muchos que saben lo difícil que resulta evitar que la institución y su titular salgan indemnes del desbarajuste en que se encuentra inmerso el régimen de la Transición. Entonces se pone en circulación el cliché manido de la República y el republicanismo, como si fueran los agitadores insolentes y anárquicos en el mundo suave y ordenado del orden de la Transición. Practicar un secuestro del republicanismo absolutamente desleal es una manera tosca de desviar la atención sobre los problemas que atenazan a la gobernación del país y la falta de iniciativas solventes para encararlos y resolverlos.
Como todos aquellos movimientos políticos que han sido protagonistas de nuestra historia, el republicanismo español tiene una historia con luces y sombras. En el caso que nos ocupa, sin embargo, el republicanismo no solo es ajeno a lo que está sucediendo, sino que, como consecuencia del apartamiento y el ostracismo al que fue condenado desde los inicios de éste régimen constitucional, puede presentarse ante la sociedad española como una opción política de orden y democrática, capaz de unir en su seno las esperanzas de quienes aspiran a hacer de España un país moderno y libre, metas por las que siempre lucharon los liberales y republicanos españoles.
No son la República y el republicanismo los que pretenden subvertir el orden constitucional: son los protagonistas y beneficiarios del mismo los que lo subvierten a diario con el consiguiente descrédito del poder público. Es momento de que cada uno asuma las responsabilidades que le corresponden, sin endosar a otros sus errores e incompetencias.
Lo que parece claro es que la experiencia de todos estos años y los acontecimientos que vivimos justifican la necesidad de construir un orden distinto que permita la recuperación de instituciones de contenido genuinamente democrático. Para ese objetivo, el pensamiento republicano liberal, hasta ahora ausente de la política española, podría aportar una alternativa de cambio para los ciudadanos.
En ocasiones anteriores, los republicanos de España se cargaron de razones para su apelación republicana en momentos de grave crisis nacional, sin demagogia ni improvisaciones. Ante la crisis del régimen de la Monarquía, el republicanismo debe aspirar a convertirse en una referencia integradora y no sectaria del cambio progresivo y ordenado de nuestro país, aplicando la razón y el valor del interés general a los problemas que preocupan a los españoles. La agitación y las proclamas dinamiteras son algo marginal en las que República y republicanismo no tienen arte ni parte.
*Manuel Muela es Presidente del Centro de Investigación y Estudios Republicanos.
Opiniones de los lectores (12)
12. JMGAMiércoles, 04/10/2007, 17:13 h.
Continuación: El problema de España no es si república o monarquía. El problema es que no hay una verdadera democracia como forma de gobierno(no confundir con democracia social, material, etc)representativa y con división de poderes. La segunda república fracasó, en parte, porque aunque era representativa, no había división de poderes. De forma que el problema no era la república en si, sino la ignorancia de sus actores políticos de lo que era la democracia formal o la libertad política que la hace posible.
11. JMGAMiércoles, 04/10/2007, 16:20 h.
El uso que hacen del republicanismo los partidos estatales es totalmente demagógico, tanto la izquierda como la derecha. Partidos supuestamente de izquierdas, como ERC, se llaman a si mismos republicanos mientras aceptan ser subvencionados por el estado monárquico. Es de un fariseísmo brutal. Su concepto de la república no pasa de mera propaganda, no son capaces de mirar más allá de la II república, ni entienden como funcionaba a nivel político. Identificar a estos oportunistas como republicanos serios es un error. La derecha, por su parte, nos mete el miedo en el cuerpo de lo terrible que es la república. De nuevo, igual que la izquierda, no salen del modelo de la II república y tampoco entienden como funcionaba a nivel político. El problema de España no es si república o monarquía. E
10. PensadorMiércoles, 04/10/2007, 13:03 h.
Lo que ha dicho Juan carlos de que la monarquia a traido la prosperidad economica, sera verdad para la monarquia, el pueblo vive como siempre, con recesiones y euforias economicas. Son declaraciones que las hubiese dicho Franco su avalista, en la P.Oriente que gracias a él, se construyeron pantanos, el turismo floreció, y trajo la paz y la prosperidad en España. Resulta que en otros tiempos en los dominios de España no se ponia el sol. Desde los borbones es que ya no sale el sol en España. Otro dia hablaremos del 23F
9.
berMiércoles, 03/10/2007, 17:39 h.
SR. Muela
Puede que tenga razón y se pueda ser republicano de derechas, centro o izquierdas, como tambien se puede ser monarquico de derechas centro o izquierdas.
La cuestión es que el sistema monárquico tiene evidentes ventajas, en mi opinión, sobre el republicano presidencialista, que supongo es el que le gusta.
No es el momento de este debate,(vea la poca acogida de su opinión en el foro) no solo porque no este en la sociedad a pesar de lo que Vds.y otros se empeñan, sino porque solo interesa, a parte de Vds., a marginales, independentistas violentos, y otra chusma similar.
Solo una pregunta, si consiguen un referendum y gana la republica, convocarían otro al tiempo por sila gente se arrepiente, o ya no por si acaso.
Para terminar, preferiría ser republicano en esta monarquia que monarquico en cualquiera de nuestras pasadas republicas, ¿Vd no?
Saludos, Ber.
8.
jfmpMiércoles, 03/10/2007, 14:45 h.
Muy de acuerdo con el articulo del señor Muelas pero falta algo. No reconoce que en España los unicos que hablan de republicanismo son los de izquierdas cuando les sale la rama sectaria. Como diciendo, soy republicano y los de derechas unos fachas. Que le pregunten por ejemplo a los "famosos" que apoyan la republica, que piensan ellos del PP.
Republica se identifica aqui con sectarismo, aunque en teoria no tenga nada que ver. Cuando aparezca un partido republicano que no sea sectario iremos avanzando. No lo hay porque aunque a muchos españoles de bien la idea de la republica les atrae, enseguida se dan cuenta que los que se apuntan al mismo carro son demasiado extremistas para una "republica" como ellos quisieran. Por eso la monarquia que tenemos, simplemente representativa no produce tanto rechazo. La diferencia es que en vez de uno de los borbones tendriamos por ejemplo a Peces Barba o a Rosa Regas, Zaplana, Llamazares, Moratinos, Acebes, Borrell...
Imaginense, con la falta de pudor para negociar con todo que tienen nuestros politicos, a quien le darian un puesto de representacion de España. Alguien vota por Anasagasti?
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