DOS PALABRAS
¡A la avenida de Polanco, por favor!
@Federico Quevedo - 28/09/2007
El Ayuntamiento de Madrid le ha puesto una calle a don Jesús de Polanco. Yo sé que esto que voy a decir va a desconcertar a muchos, pero no me parece mal. La verdad, ¿en qué molesta que Polanco tenga una calle? Dicen que es de caballeros ser generoso con el enemigo, sobre todo cuando éste ha pasado a mejor vida. Cierto que don Jesús no era enemigo de don Alberto, pero sí del partido en el que milita don Alberto, pero ahora que da de comer a los habitantes del subsuelo y su espíritu ronda a saber que encina, ¿qué más nos da a nosotros, pobres mortales, que se le dedique una calle? Si total hay calles para aburrir y, dentro de cien años, al bueno de don Jesús ya no le recordarán ni los suyos. Así que, francamente, por una placa azul con su nombre no deberíamos hacer casus belli, aunque imagino que desde algunos entornos mediáticos se le atizará a don Alberto hasta en el carné de identidad por este atrevimiento.
Les diré más: siendo honestos con nosotros mismos, la verdad es que Polanco era de esas personas que, en efecto, se merecían algún tipo de recuerdo vitalicio. Y lo digo sin ninguna pretensión de mordacidad. Miren, yo no puedo hablarles con conocimiento de causa de los negocios de don Jesús, si quieren profundizar en ese aspecto les recomiendo un libro esencial para entender muchas de las cosas que han pasado en este país desde la Transición: El negocio de la libertad, del director de este periódico. Pero independientemente de los tejemanejes y las servidumbres con que Prisa ha fortalecido su imperio, no deja de ser un hecho que para este país don Jesús ha sido un personaje clave en todas las fases de su desarrollo democrático reciente, para bien y, en la mayoría de las ocasiones, para mal. Pero esencial, en cualquier caso.
Digo que para mal porque lo cierto es que, tratándose de un grupo mediático que fue buscando acomodo en una izquierda moderada que había renunciado al marxismo como eje de su planteamiento ideológico y que aceptaba la convivencia en una democracia liberal y un sistema económico capitalista, la enorme influencia que ha ejercido Prisa sobre todos los estamentos del poder ha actuado como un factor de freno al desarrollo democrático, entorpeciendo considerablemente el avance de las libertades y favoreciendo, por el contrario, actitudes próximas al estatismo típico de una socialdemocracia un tanto rancia y anclada en los inicios de la segunda mitad del siglo pasado. Y eso implicaba, de hecho, el mantenimiento de una entente con el poder que, en sí misma, suponía una corrupción del sistema de contrapesos con el que los autores de la Transición habían iniciado el camino de la libertad.
Mientras el poder lo detentó la izquierda a la que Prisa dominaba a través de los editoriales de El País, al tiempo que recibía toda clase de favores –como recientemente ha reconocido el propio Felipe González- de ese mismo poder, el Imperio de Polanco fue capaz de manejar con bastante solvencia sus relaciones con una derecha que no conseguía salir del abismo al que la había conducido la mano firme de Manuel Fraga. Pero cuando llegó Aznar y el reformismo liberal vivió su particular aggiornamento, a Polanco se le vino el mundo encima: por un lado, le convenía el modelo económico capitalista que preconizaba la nueva derecha, pero, por otro, sus negocios dependían en exclusiva de la permanencia en el poder de su amigo González y el Partido Socialista. De ahí fue naciendo una fractura con el PP que terminó, tras las elecciones de marzo de 2004, en abismo y que sólo ha comenzado a cerrarse tras la muerte del patriarca.
Y esa es, sin duda, una mala política para aquel que entiende los negocios desde la relación con el poder, sea éste el que sea. En la filosofía de Prisa no importan la libertad de expresión, ni el pluralismo, ni siquiera la democracia, pero saben lo que tienen que hacer para disfrazar sus medios de apariencia democrática. Lo que importa, en esa filosofía, es situarse cerca del poder, tan cerca que sea posible controlarlo. Por eso cuando el entorno mediático de Rodríguez Zapatero se gira hacia la extrema izquierda y no duda en romper las amarras -no del todo porque siempre dejan algún vínculo que haga imposible la ruptura absoluta-, con el grupo de Polanco, en La Casa que agrupa al imperio saltan todas las alarmas. La gran tragedia de Prisa es que no puede devolverle la pelota a Rodríguez porque eso sería lo mismo que darle bazas al PP para ganar las elecciones, pero tampoco puede permitir que el “fuego amigo”, como lo calificaba el propio González, dé al traste con su estructura de negocios.
¿Qué salida le queda en esta tesitura? Dice George Orwell que “cuando se ha sido puta una vez, se sigue siéndolo”. La contradicción que vive el grupo después de muerto Polanco es la de, en efecto, seguir siendo puta y vivir del intercambio de favores, o la de romper con una dinámica que sólo va a llevarle a la derrota definitiva a manos, no del PP, sino de los supuestamente suyos. Prisa no ha sido más que una víctima necesaria de la política de tierra quemada que ha llevado a cabo Rodríguez durante toda esta legislatura, provocando toda clase de fracturas, divisiones y enfrentamientos entre los españoles, entre las empresas, entre las regiones, entre los grupos de poder... Y cuando se ha dado cuenta quizás ha sido demasiado tarde.
Francamente, un país como este sin un periódico de centro-izquierda sería una democracia coja, sobre todo cuando al extremo aparece una prensa radical que amenaza seriamente con arrebatar el liderazgo entre los nostálgicos del marxismo. Igual que una prensa de centro-derecha seria y razonable ha sido esencial a la hora de conseguir la desaparición de la prensa heredera del franquismo, la supervivencia de El País como medio de referencia para la izquierda moderada es necesaria si no queremos que el triunfo de la radicalidad acabe por acelerar los cambios que un enloquecido Rodríguez quiere para España. El error de Polanco fue radicalizar el grupo. Primero, por una obsesión personal respecto a Aznar y, segundo, por su errónea necesidad de no romper el cordón umbilical que le unía al poder socialista. Pero El País es un periódico que nació reñido con la radicalidad y eso le hizo aproximarse peligrosamente a una tela de araña tejida para que cayera irremediablemente en ella.
Y cayó. De la astucia que ahora desplieguen los herederos de Polanco para escapar de la telaraña dependerá el futuro del grupo. Si siguen en la misma línea que han mantenido hasta ahora, dentro de unos años alguien se subirá a un taxi y dirá: “¡A la avenida de Polanco, por favor!”. “¿Y quien era ese Polanco?”, replicará el taxista. “No sé –responderá el pasajero-. Uno al que le dieron una calle por hacer servicios al poder y reclamar el pago de los mismos”. La esencia de la corrupción.
Opiniones de los lectores (19)
19.
PJCMViernes, 28/09/2007, 18:35 h.
17 Mahouuu.- Hay quien se opuso a ponerle a una calle de Madrid el nombre de gran periodista murciano, Jaime Campmany, por motivos espureos.
Y lo que es inconcebible, que esa propuesta parta de un militante del PP despues de las graves acusaciones que nos hizo a todos ese señor.
18.
pijuz magnificuzViernes, 28/09/2007, 18:30 h.
Al paso que van las cosas, en vez de una calle que le cambien el nombre a la estatua del Angel Caido.
Añadiendole un balon de futbol, clarosta.
17. MahouuuViernes, 28/09/2007, 17:42 h.
Yo me pregunto: ¿qué dijeron los chicos cuando se decidio dar el nombre de Camilo Jose Cela a una calle o varias en Madrid y otras ciudades? ¿Cual fue la reacción de los chicos de Polanco cuando se anunció que Rocio Durcal tendrá una calle en Madrid? Se puede alargar la lista ...¿Tiene Jesus Gil una calle en alguna parte de Marbella? ¿Por qué esta polemica por el Sr. Polanco? ¿Quien se sabe todas las calles de Madrid para molestarse por un nombre mas o un nombre menos? Pero la cuestión esencial en todo es la siguiente: ¿Es una forma de fomentar la convivencia esta manera de azuzar las pasiones de la gente? ¿Cuantos artistas, algunos que han pasado a ser personas menos recomendables por sus comportamientos, tienen las huellas de sus manos en el pasillo de HollyWood?
16.
CampodetenisViernes, 28/09/2007, 16:17 h.
castracalpurnia - 14
Yo discrepo de su afirmación.
Eso se consigue garantizándose el monopilio periodístico de un segmento del mercado. Más que nada, porque el otro segmento del mercado, muchos más aficionado a la lectura, y por lo tanto mucho más grande en número de lectores, se reparte entre varios periódicos.
Y lo que está pasando ahora es que por primera vez, el que monopolizaba el primer segmento al que me refiero, se encuentra con que le sale un competidor. Y como las habas, para tan exiguo número total de lectores, están más que contadas, es normal que quien lo ha monopolizado se ponga nervioso.
15. juandelacalleViernes, 28/09/2007, 15:23 h.
En la calle Telémaco hay una plaza que se llama Luca de Tena, supongo que por el fundador de ABC. No estaría mal que lo llamado Barranquillas se le camniara el nombre por Jesús Polanco. Ganaría en prestigio.
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