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Miércoles, 26 de septiembre de 2007 (Actualizado a las 15:58)
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De Suárez a González y una tesis sobre el ‘fuego amigo’

@Juan Carlos Escudier - 26/09/2007

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Tienen las confesiones de Adolfo Suárez en el vestíbulo del hotel Bolívar de Lima a Josefina Martínez del Álamo -una entrevista inédita realizada en 1980 y publicada este domingo por el diario ABC- una enjundia mayor que la simple amargura del hombre acosado e incomprendido que dos meses después presentaría su dimisión como presidente del Gobierno. Decía Suárez –en afortunada adaptación del clásico ‘qué poco valgo, pero si me comparo’- que después de conocer a los grandes líderes del planeta había empezado a crecerse y a sentir “una gran preocupación por el destino del mundo”, y, en referencia a la grey periodística nacional, afirmaba que los informadores se habían convertido en correas de transmisión de los intereses de grupos políticos determinados. Suárez lo estaba pasando mal y no dejaba títere con cabeza, reacción muy humana en quien se percibía como un Atlas sosteniendo el globo mientras unos ingratos mortales se hartaban de ponerle zancadillas.

Es evidente que el Suárez que hablaba era en blanco y negro porque, siendo posible compartir su primera afirmación –Bush existe, de eso no hay duda-, su visión sobre el periodismo procedía del Pleistoceno. ¿La Prensa sirviendo a intereses políticos? ¡Qué antigüedad! Ahora son los políticos los que sirven a los imperios de comunicación con lacaya elegancia. De hecho, unos días antes se había podido contemplar toda una exhibición a cargo de otro ex presidente, Felipe González, en el homenaje a Jesús de Polanco, un acto con reminiscencias sicilianas en el que sólo se echaron a faltar las fundas del violín, presumiblemente ocultas en el guardarropa.

Lo de González fue impagable, o quizás, no. ¡Lo que hubiera aprendido Suárez de haber podido escucharle! De entrada, habría aclarado alguna de sus dudas. ¿Cómo que cualquiera sabe qué dirá la historia de lo que uno hace? La historia dirá lo que convenga, porque está hecha para ser rescrita, que para eso Prisa además de periódicos, televisiones, radios y, productoras, edita libros de texto.

Detengámonos brevemente en los hitos principales de la lección magistral de González. Polanco -empezó diciéndonos- sólo fue su amigo cuando dejó de ser presidente. Sutil diferencia respecto a Zapatero, del que hemos sabido gracias a una exclusiva anónima del diario El País, que los tiene a docenas entre los accionistas, directivos y promotores de esa televisión que se llama La Sexta, que se ha empeñado en fastidiar el chollo del fútbol a los legítimos herederos del difunto.

Lejos de favorecer a Polanco –aclaró el estadista andaluz-, le hizo la puñeta al concederle el monopolio de la televisión de pago. ¿Acaso no se trataba de un negocio incierto que sólo el innato talento empresarial de Don Jesús pudo encauzar? Obviemos las casualidades: es cierto que 22 disposiciones, entre leyes, decretos, reglamentos y otras normas menores, aprobadas durante los años de Gobierno de González favorecieron invariablemente los intereses de Polanco, tal y como hemos podido leer en un espléndido trabajo de la catedrática de la Complutense Ana Segovia, pero de eso no pueden extraerse conclusiones. ¿Qué ha hecho en cambio Zapatero? Pues conceder un canal en abierto a Prisa –algo muy razonable porque allí no tiene amigos- y regalarle otro a sus amiguetes de La Sexta, un escándalo.

El ex presidente conmovió al auditorio, sobre todo cuando explicó los males que traen las guerras, sobre todo las de fútbol, maldita sea su estampa. Habló a calzón quitado de aquella I Guerra, en la que abrió su corazón a Polanco y le invitó a pasear por el jardín de su amistad, tras comprobar que al bueno de Jesús le querían meter en la cárcel un tipo con bigote y un juez prevaricador. Y es que a diferencia de él, que sí tenía interiorizada la posibilidad de acabar en el talego –no se refería a los GAL, que conste-, al noble empresario no le cabía en la cabeza semejante infortunio.

Sin detenerse mucho en el período de entreguerras, llegó a la contienda actual, esa que le tiene tan preocupado por “el fuego amigo” y los “daños colaterales”. Debió ofrecer alguna explicación más sobre estos conceptos para que tuviéramos claro quién demonios estaba disparando. ¿Fuego amigo es que Zapatero no pare los pies a sus amigos de La Sexta y provoque que las acciones de Sogecable se precipiten al sótano? ¿O que El País improvise editoriales para poner a escurrir a la ministra Chacón y su plan de alquileres porque es la pareja de Miguel Barroso, el amigo de Zapatero que es íntimo de los promotores de la cadena de televisión maldita? ¿Fuego amigo es que un tal Roures, accionista también de la Sexta, saque hoy un periódico que se llama Público, que puede quitar lectores a ese bastión del pensamiento progresista que es El País en beneficio de ese otro apóstol de la libertad de expresión que es Pedro J. Ramírez?

A los mandamases de Prisa, lo del nuevo periódico –cuyo nacimiento desde aquí se saluda- les tiene en un sinvivir. Hay que entenderles. Una cosa es que te retuerzan el brazo con el fútbol –que ya veremos al final quien gana el pulso porque su ‘arreglatodo’ Matías Cortés tiene mucho arte y los jueces que se enfrentan al Imperio acaban en el INEM-, y otra que te metan al zorro en el corral para que trate de matar a la gallina de los huevos de oro. A González el atrevimiento editorial le parece inconcebible, habida cuenta de que él –tal y como afirmó- cerró “los periódicos del Gobierno” y sólo lee El País, no como Suárez que debía leerse todos el pobre y echaba espumarajos por la boca.

Los promotores de Público no se han cansado de presentar el nuevo medio como una voz desde la izquierda, y los herederos de Polanco no paran de tentarse la ropa. ¿Significa esto que Zapatero dejará de hacerles el 60% de las portadas? ¿El periódico independiente de la mañana tendrá que salir a la intemperie a buscar noticias? ¿El País era de izquierdas y se siente amenazado por la competencia? A estas alturas, bien lo sabía Valle-Inclán, cabe esperar pocas sorpresas. La prensa, la canalla y la otra, siempre dirá lo que le manden.

Hoy Suárez está enfermo, pero está visto que hace 27 años tampoco se enteraba de nada. ¿Preocuparse por la convivencia? ¿Eliminar los ingredientes personales de las decisiones públicas? Pamplinas. Aunque puestos a buscar coincidencias entre ambos ex presidentes, quizás pueda encontrarse una en la larga entrevista del ABC. “Soy un hombre desprestigiado. Sé que he llegado a unos niveles de desprestigio bastante notables”, reconocía Suárez en 1980. Ventisiete años después, González podría afirmar lo mismo sin temor a equivocarse. Lo que pasa es que calla porque es prudente.

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Opiniones de los lectores (3)

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3. usuario registrado RegonsoMiércoles, 26/09/2007, 15:49 h.

Todavia me acuerdo cuando veia a Suarez con la chaqueta blanca . !Que trepa!, si para ascender lo mejor es cambiarse de chaqueta.

2. ¡TOMA YA!Miércoles, 26/09/2007, 14:30 h.

¡Qué exito de foro! ¡Un único comentario!

1. usuario registrado agricolMiércoles, 26/09/2007, 11:36 h.

Su artículo me pone melancólico.
Todos los políticos españoles cuando se van (?)se hacen ricos. Recuerdo a Moshe Dayan, a Golda Meir, en sus apartamentitos llenos de libros. Acaso a Degaulle en Colombey. Truman con su maleta. Brandt en su casa. Si me apuran Gorbachov. ¿Pero los nuestros? De ayudas de cámara de los ricos de verdad (Slim y Murdoch).
Melancolía, melancolía.

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