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Paul Auster y su agotamiento creativo

Paul Auster y su agotamiento creativo

@María José S. Mayo - 26/09/2007

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LA VIDA INTERIOR DE MARTIN FROST

Autor: Paul Auster
Editorial: Anagrama
Páginas: 120
Precio: 13 €
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Ya se habló aquí hace unos meses del agotamiento creativo que viene arrastrando el escritor norteamericano Paul Auster. Con su libro Viajes por el Scriptorum así lo corroboraba, como también lo hizo en sus diferentes declaraciones en las entrevistas concedidas con motivo de su Premio Príncipe de Asturias. Después de ese pequeño juego en el que a los lectores más seguidores de su obra podían divertirse acordándose en qué libro salía cada personaje que allí se mencionaba, nos llega otra muestra de que no hay nada nuevo bajo su sol literario, pues en este pequeño libro más opaco y también muy becketiano en forma de guión de la película que acaba de presentar en San Sebastián y que ha sido acogida con frialdad.

La vida interior de Martin Frost es una pequeña historia sobre el encuentro en una latitud muy física de un escritor y su musa, con lo que de nuevo el autor de El palacio de la luna o La noche del oráculo hace un análisis en forma de historia metafórica de su labor de escritor con un puntito de humor en su parte final gracias a uno de esos personajes estrambóticos que tanto le gusta incluir, aquí Fortunato, un fontanero que se dedica a escribir relatos en sus momentos de ocio.

El guión fue en un principio un proyecto para un capítulo de 30 minutos para la serie Cuentos eróticos de un productor alemán. Pero la falta de control sobre el resultado final del metraje que se rodase le hizo replantearse la idea de alargar la historia para convertirla en el guión de un largometraje. Para ello ha habido varios elementos a añadir, si nos fiamos de la entrevista con el propio autor que recoge esta edición de Anagrama.

Uno ha sido el fontanero del que antes hablábamos, un punto de inflexión que enriquece la parte final del texto; el otro, toda una suma de elementos oníricos naturales que le hace detenerse en planos de hojas de un árbol para mostrar todo el jardín de esa casa en la que se recluye para sumergirse en su trabajo de escritor -otro rasgo común con otras de sus historias-; o que muestra otros con espirales o con máquinas de escribir en la oscuridad. Todos ellos detalles de su universo ya muy vistos, así como un humor muy característico y un nuevo jugueteo con el parecido o el simbolismo de los nombres: aquí el escritor se llama Martin Frost y su musa Claire Martin.

Con todo esto, Auster demuestra haber agotado su universo, y, sin duda, ha perdido la chispa que le caracterizaba, y cuyos últimos destellos se pudieron visualizar en Brooklyn Follies. Aún no ha sabido encontrar nuevos caminos para indagar en sus obsesiones y vuelve a contar una de estas historias de salvación personal en la que en este caso se echan en falta personajes más interesantes que sus protagonistas: el escritor, demasiado opaco y simple brazo ejecutor de sus filias y fobias; la musa, también necesitada de una caracterización más redonda, más allá de sus jugueteos seductores.

De esta forma, La vida interior de Martin Frost sabe a muy poco y termina convirtiéndose en un pequeño entretenimiento para los lectores más austerianos, que se encuentran con uno de sus bálsamos literarios preferidos, y una simple curiosidad para los neófitos. Poco más.

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