TEATRO
Secretos de un matrimonio

@María José S. Mayo - 02/10/2007
PLAY STRINDBERG

Director: Georges Laudavant.
Autor: August Strindberg.
Versión: Friedrich Durrenmatt.
Intérpretes: Nuria Espert, Lluis Homar y Jordi Bosch.
Lugar: Teatro de La Abadía. Fernández de los Ríos, 42. Madrid.
Teléfono: 91 448 16 27; venta telefónica 902 101 212.
Horario: x. a v. a las 20.30h; s. a las 18 y 21h; d. 19h.
Fecha: Hasta el 28 de octubre.
Precio: 16 a 18 €.
www.teatroabadia.com
Nuria Espert, José Luis Gómez y Jordi Bosch, que sustituye a Lluis Homar en esta segunda temporada del montaje. Tres grandes de la escena reunidos por obra de Friedrich Durrenmatt y gracia del prestigioso Georges Laudavant, director del Teatro Odeón de París en Play Strindberg, una obra de no muy fácil digestión en la que pueden desplegar su perfecto dominio de sus recursos expresivos.
El autor suizo, creador de obras como La visita de la vieja dama y Rómulo el grande, pero quizá más conocido por las adaptaciones cinematográficas que Ladislao Vajda y Sean Penn hicieron de su novela policiaca El cebo, se aventuró a realizar una interpretación de la Danza macabra del sueco August Strindberg. De esta manera “de un drama burgués nace una comedia sobre el drama burgués” que pone al desnudo las miserias de un matrimonio ante su 25 aniversario. Todos los reproches y la crueldad que Edgar, un “autor militar retirado”, y Alice, que era “una actriz de “éxito”, albergan se van poniendo poco a poco al desnudo hasta que con la llegada de Kurt, el nuevo inspector de cuarentenas, todo explota.
Desde el comienzo de estos doce asaltos en los que está estructurada el montaje, como si de un ring se tratara y con frases breves, casi monótonas como puñetazos que anteceden a un gran KO, hay ecos del teatro del absurdo de Ionesco: esa obsesiva repetición de expresiones que no aclaran nada –“en cierto modo”, responde Kurt ante la pregunta de si cree en Dios- y quizá, como apunta Laudavant, una cierta distanciación critica, quizá brechtiana, en la manera en que Durrenmatt quiere que se presente cada escena. “Primer asalto, conversación antes de la cena” es la leyenda inicial, y así el resto de ellas, que se proyecta sobre las dos paredes de un escenario en rotación en el que los personajes se preparan para el ataque desde una posición muy calculada.
Domina en toda la obra la sensación de aislamiento, de cárcel. El matrimonio vive en una torre de una isla, y Edgar, con su odio profundo al género humano, ha conseguido que todos les abandonen, incluso sus criados. Así lo refrenda Alice, obsesionada por cantar La canción de Solveig, creada por Grieg para Peer Gynt, la obra de Ibsen sobre un hombre que no encuentra ningún sentido a su vida, mientras su marido le pide que interprete la más triunfal Marcha de los Boyardos para que él la baile.
Utilizando en varios momentos la música que Bernard Herrman creó para Psicosis, Laudavant consigue que en todo el montaje domine una sensación de que va a pasar algo... que, realmente, nunca pasa. Edgar está al borde de la muerte en varios instantes en los que Alice aprovecha para descargar su ira, pero nunca se muere; también se descubre algún secreto que otro, pero al final la vida conyugal se queda como estaba, monótona y cruel, porque “el matrimonio es una desgracia”, se empeñan en repetir.
Play Strindberg termina siendo un montaje monótono por momentos, algo a lo que contribuye el tono monocorde de los diálogos, que exigen de unas interpretaciones, no buenas -que, de hecho, lo son-, sino sublimes. Quizá peca de ser un poco gris y decepciona a pesar de ser un montaje de muchísima calidad por el simple hecho de que las expectativas que crea la posibilidad de contemplar a estos tres monstruos de la interpretación son muy grandes, y la obra, totalmente basada en la contención, no posibilita grandes despliegues dramáticos.
En cartel en Madrid:
Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción total o parcial
![]()