TRIBUNA
Josu Jon Imaz, profeta desarmado
Antonio Bernabéu - 18/09/2007
Seamos serios y hablemos de realidades políticas, aunque nos cueste abandonar, de momento, el alucinado universo del deseo. Josu Jon Imaz, el hombre que, en el PNV, resumía las virtudes de un nacionalismo moderno, integrador, moderado, abandona la escena. Asunto tan lamentable como lamentado por muchos. Pero sin vuelta atrás, por más que se pretendan sugerir, en su entorno, ocultas maniobras y habilidades raras de efecto retardado; el abandono en paralelo de Joseba Eguibar, o el ascenso a la presidencia de la ejecutiva del tapado y esperanzador Iñigo Urkullu.
Todo este conjunto de especulaciones compone un precioso material para tejer las crónicas diarias que demanda la prensa. Pero resulta de una extremada delgadez desde la evidencia política. Porque, a partir de ahora, aunque Imaz no es exactamente un cadáver su figura se ha elevado hasta el limbo de los profetas desarmados. Entra en la inanidad. No es un ardid lo de Imaz, tal vez se trate de mera componenda para evitar que se rompa el partido, pero, por encima de todo, este suceso refleja la actitud de impotencia frente al correoso discurso de Xavier Arzalluz, frente a la insensibilidad roqueña de Juan José Ibarretxe y a la deriva autista del impasible Eguibar.
Y la gravedad del asunto pone de relieve, otra vez, la imposibilidad, o la incapacidad, de conciliar lo infinito y el límite en esa galaxia gaseosa, de tendencia expansiva, surgida en el big bang de las autonomías. ¿Por qué leyes se rige? ¿Y hasta donde se prevé su expansión? Pues bien, parece que se rige por una Ley Electoral, desequilibrada e injusta, que las premia y fomenta; una Ley que se hizo, como le comentaba, hace unos días, en broma, Miguel Herrero de Miñón a Santiago Carrillo en una tertulia radiofónica, para que los rojos no pudieran engordar demasiado. Y el objetivo se cumplió; Izquierda Unida sigue electoralmente castigada, sin peso en el sistema. Y, a la postre, el sistema reposa en las mayorías absolutas, muy poco deseables, o en los difíciles acuerdos, confusos y asimétricos, con los nacionalismos.
Sea cual fuere el resultado de las urnas, en marzo, los vencedores heredarán el mismo panorama. Y no es que se quiera negar la existencia de una España plural. Pero, de la misma manera que dentro del universo matemático el infinito se puede reducir a representaciones donde interviene tan solo lo finito, en el mundo político habría que crear marcos inteligibles, pautas de convivencia, que señalen los límites a la aspiración desbordada. Se trata de entender no solo donde estamos sino hacia donde vamos y hasta donde llegar. Cierto que todo esto contiene una exigencia, no siempre disponible, de claridad de Estado.
¿Van por ahí las cosas? De momento ruedan por la efervescencia retórica. José Luís Rodríguez Zapatero quiere jugar la Champions con niños desdentados. ¿No habrá nadie que le venga a indicar que, para muchos padres, hay más patria en los dientes del hijo que en cualquier Estatuto? Y Mariano Rajoy se compromete a hartarnos con cincuenta gobiernos diferentes, como si los gobiernos fueran nidos de petirrojo, como si la figura de Vicente Martínez Pujalte fuera algo repetible. Son tan hermosas estas perogrulladas que hacen parecer a los líderes verdaderos tribunos del Peloponeso, aunque lo sustancial queda enredado como la cama, sin hacer, de una fonda de pueblo.
Opiniones de los lectores (2)
2. juanjogorMartes, 18/09/2007, 14:00 h.
La tran traida y llevada dimisión del señor Josu Jon Imaz parece que anuncia el fin del mundo,pero creo que no es para tanto. Yo no tengo ningún sentimiento de pena por el abandono de la politica por ese señor. Es verdad que frente a Ibarreche parecía una personal razonable, teniendo en cuenta lo que puede razonar un nacionalista, pero o obstante hay que admitir que su sucesor Egibar o el que sea parece más inquietante que él. El problema del nacionalismo es siempre el mismo, destruir, no un "Estado" sino una nación como la española, un país, y un proyecto común y sobre todo democrático para fundar una "nacioncita" donde se establecería una nomenklatura seguramente intransigente,violenta y localista, en los tiempos de la globalización, en fin un pequeño país con una pequeña dictadura.
1. anglerMartes, 18/09/2007, 11:07 h.
Seamos serios y hablemos de realidades políticas..........Tan malo como el alucinado universo del deseo es el alucinado universo del rencor. Si hace cuatro años, recien abandonado su cargo no pudo Arzalluz evitar la victoria de Imaz menos va a conseguir ahora la victoria de Egibar. El peso politico de Arzalluz es hoy en dia muy pequeño. Olvidense de el y "no ladren" su rencor, que decía aquel. Por otro lado, no digo que la Ley Electoral no sea desequilibrada e injusta, porque lo es y especialmente con IU. Pero es mentira que fomente a los partidos nacionalistas. Si aplicásemos el principio de un hombre un voto, los partidos nacionalistas verían aumentada su representación en el Parlamento. Por el contrario PSOE y PP verían mermado su número de escaños. Asi que deje de manipular con esto.
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