F. Andahazi con su nuevo libro 'El Conquistador' (Efe).
El escritor argentino
Federico Andahazi presentó este martes en Madrid
El Conquistador, una novela que narra la vida de
Quetza, un azteca que descubrió a Europa antes de que
Cristóbal Colón llegara a América y que plantea "la hipótesis de cómo hubiera sido el mundo si las cosas hubieran sido al revés". Así lo explica Andahazi en una entrevista con EFE para hablar de lo que define como "una novela de aventuras", que "no tiene en absoluto un sentido agresivo, ni busca crear polémica", pese a reconocer que es un tema que sigue agitando las sensibilidades.
"No me propongo otra cosa más que contar una aventura. Creo que es un libro de aventuras, no una novela histórica (...) y no interesa demasiado desde qué lado del océano Atlántico está narrado", dice el autor, premiado con el premio Planeta Argentina 2006 por
El Conquistador, un éxito de ventas en Latinoamérica. Quetza es un azteca de Tenochtitlán que con dos años es arrancado de las garras del Dios de la muerte Huitzilopotchtli por Tepec, un miembro del Consejo de Sabios que venera a Quetzalcóatl (Dios supremo contrario a la muerte y la destrucción) y que evita que sea sacrificado y hace de él un joven idealista y humanista.
El Conquistador, dice Andahazi, "narra la historia del primer hombre que establece los mapas del cielo antes que
Copérnico, el primero que establece los mapas de la Tierra antes que
Toscanelli, el primero en dar la vuelta al mundo antes que
Magallanes. Pero sobre todo, y fundamentalmente, narra la historia del primer hombre en descubrir un nuevo continente y describir a los salvajes que lo habitaban, sólo que ese continente es Europa y los salvajes son los europeos", explica el autor.
Son muchos los paralelismos con la historia de Cristóbal Colón, al plantear la búsqueda de nuevos horizontes en un momento de máximo oscurantismo en su sociedad y apostar por los valores humanistas de quienes no buscaban enfrentar culturas sino conocer el mundo. Por eso, huye del maniqueísmo -"no es una historia de buenos y malos"- e incluye una crítica muy fuerte al "funcionamiento cruel en muchos aspectos de la fabulosa cultura azteca", desde el punto de vista de un protagonista que "se opone a los sacrificios humanos".
Lo que pasa es que cuando llega a la mítica Aztlán (Europa) "se encuentra con el mismo panorama y lo primero que ve es un acto de la Inquisición" y una cultura "que se cree monoteísta, pero que él ve politeísta, porque son muchas las imágenes a las que se venera". Inevitablemente, dice Andahazi, su protagonista ve desde el prejuicio a la sociedad europea: "quien llega a un nuevo mundo ve salvajes, porque necesita ver salvajes. Es lo que le pasó a Colón cuando llegó a América y a Quetza cuando llega a Europa".
No es una novela histórica
El autor subraya que no se trata de una novela histórica, un género "que tiene como condición indispensable ser fiel a la Historia con mayúsculas", sino más bien de "reconstruir por vía literaria pasajes destruidos de la tradición azteca". Desde el punto de vista puramente literario, Andahazi busca sobre todo "que el lector se embarque junto con Quetza, que forme parte de su tripulación, que cruce el océano y que vea y conozca esa Europa con los ojos nuevos de quien viene de otro mundo". Pero también se propone "poner un espejo frente a España", porque en su opinión "a veces la conquista se toma con cierta naturalidad, como algo que tenía que suceder antes o después naturalmente, cuando lo cierto es que fue un proceso sumamente sangriento".
El autor argentino cree que "sigue habiendo miedo a las palabras" y a reconocer que la conquista española fue "uno de los exterminios más graves de la Historia", así como a no ser conscientes de que "hay pueblos que siguen siendo sojuzgados, ya no sólo por los españoles, pero sí por el esquema que quedó establecido". Han pasado 500 años, pero muchas de las estructuras que significó el proceso de conquista no cambiaron demasiado. Si pensamos que en Bolivia por primera vez vuelve a haber un gobernante que pertenece a su tierra, que no es blanco, que no es descendiente de españoles, entonces 500 años no es tanto", pone como ejemplo.