publicidad
publicidad
Logo de El Confidencial
Lunes, 1 de octubre de 2007 (Actualizado a las 11:53)
Portada   España   Cotizalia   Deportes   Vivienda   Comunicación   Gente   Opinión   Canales   Fin de Semana   Imágenes   Vídeos   Foros   
Con Lupa Al Grano Mientras Tanto Dos Palabras Sin enmienda El Confidente
Salud Tecnología Buscador de Hoteles

TEATRO

Pretencioso ejercicio esteticista

Pretencioso ejercicio esteticista

@María José S. Mayo - 15/09/2007

Votar esta noticia

Resultado (3 Votos)

enviar a un amigoimprimir

BARROCO


Directores: Tomaz Pandur.
Autor: Tomaz Pandur y Darko Luki, basado en la novela Las amistades peligrosas, de C. de Laclos, y en Cuarteto, de Heiner Müller.
Intérpretes: Blanca Portillo, Asier Etxeandia y Chema León.
Lugar: Centro Cultural de la Villa. Plaza de Colon, s/n. Madrid.
Teléfono: 91 480 03 00; 902 10 123 12.
Horario:martes a sábados, 20.30h; domingos, 19h.
Fecha: Hasta el 21 de octubre.
Precio: 16 a 18 €.
www.esmadrid.com/ccvilla

Acercarse a contemplar un montaje del esloveno Tomaz Pandur es enfrentarse a un teatro innovador, lleno de recursos escénicos y una iluminación impactante. También a la polémica, ya que tiende a utilizar elementos que desconciertan y su puesta en escena tiende a ser muy manierista e influida por la danza.

Un material clásico vuelve a ser la raíz de su montaje. Si en Inferno adaptaba La divina comedia de Dante, o en Cien minutos desestructuraba hasta casi dejar irreconocible Los Hermanos Karamazov, en Barroco se basa en Las amistades peligrosas y Cuarteto, obra de Henry Müller en la que se deconstruye esa obra de Choderlos de Laclos. De esta forma convierte a su Vizconde de Valmont y a su Marquesa de Merteuil en unos seres universales que se quejan de su condición de representaciones recreadas una y otra vez sobre las tablas para que la gente se identifique con ellos a pesar del dolor que ello pueda causar.

Hay en la obra un jugueteo casi brechtiano que incomoda. El espectador no se puede acomodar en su butaca y ensimismarse. Hasta ese narrador que toma el título de la obra, Barroco, ha de reconocer su condición de actor que recrea las vidas de estos dos vampíricos sujetos: una marquesa fría armada con tenedores y un vizconde con unos abanicos negros que hablan, quizá, de su condición de ser humano huidizo, pero en el fondo visible, casi desnudo cuando, después de iniciar la conquista de otra mujer, Madame de Torveil, queda atrapado por ella sin poder "evitarlo".

Pero estos objetos que cargan de simbolismo a sus personajes llegan a resultar redundantes, al igual que esa sandía partida en un instante por Valmont, cuando se acompañan de su explicación en cierto momento de la obra. Pandur carga demasiado las tintas en cuando a significación cuando en el fondo esta hablando de cosas universales y reiterándose en una o dos cosas, sin ser del todo clarificador, lo que siembra el desconcierto en el patio de butacas. Recurre demasiado a desconcertar, con lo cual al final nada llega a tener importancia. Pasa lo mismo con la utilización de la música de Silence, bellísima, pero desgastada por el reiterado uso, lo que la hace finalmente perder fuerza.

Pandur vuelve a colaborar con Nacho Duato después de su trabajo conjunto en lo último de éste como director de la CND, Alas. Se nota. La belleza de los movimientos de los personajes es una de los principales argumentos a la hora de defender la obra, pues la fantástica coreografía se amolda perfectamente al material.

Fascina igualmente su escenografía, una simple pared gris formada por bloques que se desplazan para encerrar, enmarcar o atrapar a los personajes, lo que da una fuerza tremenda a su interpretación. La anchura del escenario del Centro Cultural de la Villa de Madrid hace, además, que la obra despliegue su fuerza y se sugieran perfectamente, primeros, segundos y terceros planos, aunque existen momentos en los que el espectador quizá no sepa muy bien dónde dirigir su mirada, y este problema de definición contribuye a complicar más las cosas.

Pandur y Darko Lukic, autores de la adaptación no han sabido extraer bien la esencia de los textos que manejan, lo que pone difícil la labor de los actores, obligados a cambios de ritmo no del todo asimilables. Como cuando Asier Etxeandía se pone a cantar con esa perfección que le hizo grande en su papel de maestro de ceremonias de Cabaret, una melodía con aire musical que verdaderamente rechina dentro del conjunto. Tanto él como Blanca Portillo o el talentoso Chema León, son buenos actores, pero la manera en que Pandur les ha dirigido ha hecho de ellos seres exagerados en extremo, sorprendiendo especialmente Portillo, en un rol muy erótico al que no nos tiene acostumbrados. .

Todo resulta excesivamente desconcertante -como cuando Barroco al comienzo y conclusión de la obra porta en su brazo un velero que coloca en diferentes posiciones- y especialmente pretencioso. Si logra mantener nuestro interés es gracias a su estética deslumbrante, su figurinismo preciso, lo que hace que por culpa del texto resulte todo un desperdicio.


En cartel en Madrid:

EL FLORIDO PENSIL

LA MUJER DE NEGRO

SAMSARA

HIJOS DE SU MADRE

LAS AMARGAS LÁGRIMAS DE PETRA VON KANT

MADRUGADA DE COBARDES

Votar esta noticia

Resultado (3 Votos)

enviar a un amigoimprimir

Todos los derechos reservados © Prohibida la reproducción total o parcial

Auditado por Ojd